viernes, 31 de diciembre de 2010

Escribir


Mi intención no es escribir sobre mí.

Eso está claro. Eso fue siempre así.

A veces, es cierto. A veces parece que escribo sobre mí.

Pero bien sabe el lector inteligente que es un truco, una insinuación que cumple el propósito de alentarme a la escritura. De impulsarme sobre la página en blanco con el afán de facilitar cierto decir que pugna por revelarse.

Porque lo importante no es centrarme en mi persona. Eso a quién le importa.

Lo importante o lo que puede percibirse con cierta relevancia es buscar al hombre. Al ser humano.

Buscarlo por todos lados y en todas las dimensiones.

Con el ánimo de atraparlo.

Precisarlo frente a mis ojos y a los ojos de los demás.

Cómo quien quiere descubrir la trastienda. Entender de qué se trata. Cuál es el fundamento del hombre, su naturaleza.

El sentido del juego.

Para eso me lanzo a escribir. O a jugar como un niño, para ser más exacto.

Porque no se trata de enredarnos en párrafos complejos que pretenden opacidad. Se trata de entendernos, bucear con propósito. Favorecer la claridad.

Es cierto que en el transcurrir de los escritos alguien me pide explicaciones sobre lo dicho. Levanta la mano, celebra o protesta.

Pero lo dicho está.

Y bien dicho que estuvo.

De ahí tal vez el carácter saludable de la escritura. Porque es un espacio de presencia y liberación.

Y viva entonces la libertad. Y viva la escritura.

Si nos libera y nos permite emerger para ofrecer presencia.

Para presentar el ser.

Es claro que las situaciones cotidianas son un motivo de inspiración. Que ciertos rasgos de curiosidad y observación son el sustento de la escritura. Que cierta predisposición al entendimiento es la base entusiástica del cometido.

Podría decir más. Escribir más.

Recorrer el laberinto de las vicisitudes que concentran mi atención. Que me inquietan.

Pero no quiero excederme de estos breves minutos dispensados.

De manera que me retiro, con las preguntas, con las inquietudes y con las supuestas respuestas.

Dejando en el camino ciertas dudas con la esperanza que alienten la reflexión e inciten la búsqueda.

Para descubrir el juego. Para entretenernos.

Y para vivir.
.



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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Vacío de Palabras


Hace tiempo estoy algo inquieto con el tema de que me entusiasman los silencios.

Procuro controlar las ansias, evitar el diario, reducir el volumen de la radio…

Todo contra mi voluntad genética. Que debe preguntarse, qué te pasa Juan Manuel.

Nada.

Sólo experiencia. Inquietud y búsqueda.

- Raro.

Más o menos. No tanto. Un poco. Puede ser. Tal vez.

Es que en el silencio, supongo, se sustenta el bienestar. Uno accede a una dimensión de mayor conexión con las circunstancias. Calma los ruidos, reduce las ansias.

No está mal.

De modo que zambullido en el silencio permanezco. Como un explorador con los ojos abiertos. Dispuesto a la novedad, deseoso de lo noticioso.

Sumergido, persisto.

Descubro que se reducen las tensiones. Que la mente se aquieta. Que se despejan turbaciones que insinuaban significancia, se transforman hasta amenguarse y diluirse en una cierta irrelevancia, que se esfuma como las hojas que se lleva el viento.

Emerge la calma desde la serenidad. Se insinúa la belleza de la simpleza. La sonrisa de la quietud que nos mira.

Sin el ruido de las palabras.
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domingo, 19 de diciembre de 2010

Discusión Conmigo


Suena prometedor el título, veremos qué aparece.

Abro las manos, miro el techo y escribo.

Discusión conmigo.

No sé si será para relatar la contrariedad. La oposición entre miradas encontradas. Percepciones divergentes que a veces no se encuentran.

Y se marcha cada cual por su lado.

Pero en verdad no sé, debería verlo.

Ahora mismo sospecho que puede ser así. Quizás es así. Tal vez sea.

Pero aún no sé. Aunque ya me inquieto.

La contrariedad debe ser natural. No habría que horrorizarse por esa sutil diferencia que puede hacer emerger la discusión.

Es posible que cierto aspecto de uno visualice un camino. Mientras otro aspecto también de uno visualice un camino opuesto.

El problema es arribar a una síntesis. Que debe ser consecuencia de una silenciosa pero sostenida discusión. Porque hay lugar para la divergencia pero no para evadir la resolución.

Porque el resultado final de la discrepancia exige un consenso. Un acuerdo íntimo y mesurado.

Que de alguna manera tranquilice a las partes internas de uno.

Las calme.

Para procurar luego unificar posiciones que establezcan las condiciones propicias para avanzar sobre la vida.

Haciendo así que el cuerpo sintetice un resultado. Para desandar pasos hacia un lado o hacia el otro.

Con una dirección visiblemente única.

Izquierda, derecha o diagonal.

Pero invisiblemente. Tal vez, contrariada.
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jueves, 16 de diciembre de 2010

La Llamada


Hace tiempo que no espero ninguna llamada.

Años, diría.

No es que la vida carezca de aventura. Ni que no facilite las condiciones para que la adrenalina emerja.

Es simplemente que no espero ninguna llamada.

Porque en verdad no me gusta que nadie me llame. Me imponga, de prepo, al instante, mi atención sublime.

Por eso cuando suena el teléfono, mufo como un niño que lo llevan a la escuela.

Asisto, claro. Pero de mala gana.

Porque el teléfono no es un sutil aparatito. Es en verdad un instrumento de enajenación del ser. Que nos exige salirnos de nuestro mundo para presentarnos sin objeción en el mundo del otro.

Y yo siento que soy sólo un muchachito que anda distraído en la relevancia de sus vicisitudes.

Jugando a vivir, como un niño que sale de la escuela.

Mientras el teléfono suena.

Y suena…
.



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viernes, 10 de diciembre de 2010

Porque no


Muchas veces supongo que me predispongo con facilidad a entablar nuevas relaciones. Como si anduviera con los brazos abiertos esperando al nuevo amigo.

Así parece y así me observo. A pesar de las disidencias con un entorno íntimo respecto de esta sutil percepción. Que en cierta manera me he brindado con la única pretensión de observarme.

Es cierto que hay un carácter zigzagueante sobre el abrazo que supongo abierto. Porque la apertura no es permanente. Más bien es una predisposición circunstancial que no se vuelve absoluta ni definitiva.

Porque los brazos que suponen la apertura se cierran con la misma determinación con la que fueron abiertos. Revelándome así el carácter transitorio de la intención que me atribuyo.

Hoy no quiero hablar sobre la apertura que incentiva mi abrazo. Capaz de alentarlo rasgos de bondad, autenticidad, sensibilidad o humildad.

Hoy me detengo frente a los brazos que se cierran y también me pertenecen.

Porque no.

Pocas cosas me alejan más de alguien, que la predisposición a explicarme porque no. A partir de que lo invito a ver lo que yo veo. Lo que percibo que se puede construir, lo que efectivamente estará.
Porque no, no es una buena manera de motivar mi abrazo. De manera que me desanimo frente al aniquilador de sueños. Que se centra en lo visible y no se atreve a acompañarme en el diseño del futuro que emerge, por la vocación y entusiasmo de vivir en él.

Porque la vida es porque sí, y no porque no.

Me marcho.

Porque la realidad emerge desde el sí. No desde el no.

Me despido atentamente. O lo saludo con la venia.

Hasta podría escribir párrafos y párrafos. Para decir porque sí.

Para inventar el mundo, crear la realidad.

Vivenciarla.

Así que cierro los brazos ante el primer atisbo que puede nublar la ilusión, sugiriendo que el mundo no es tan prominente como uno lo imagina.

Me marcho como un niño que no le han cantado la canción.

Con los brazos cerrados camino hacia otras circunstancias. No para que me den la razón como loco, ni nublen la crítica inteligente y productiva.

Para que me acompañen en el camino.

Para hacer la vida más linda, y mi mundo con más colores.

Por los sueños. Por la ilusión.

Y también.

Por la patria.
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sábado, 27 de noviembre de 2010

Uno Escribe


Yo digo que uno escribe mientras camina, anda en subte, o levanta un barrilete.

Uno también escribe mientras salta, baila o habla por teléfono de otra cosa.

Uno es uno.

Tal vez dice “uno” sólo para amenguarse. Quedarse como al resguardo, detrás de las cortinas. Entre bambalinas.

Sin predisposición a moverlas para asomarse.

Presentándose ante los demás.

De modo que uno hace de algún modo su aparición titubeante.

Porque está. Porque no está.

Dice uno. No dice yo.

Y al decir uno se cubre. Se oculta sutilmente frente a los ojos que miran.

Así que así están las cosas. Mientras uno escribe un poquito.

Y otro poquito más.

Hoy sábado.

A las 12.48.
.



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miércoles, 24 de noviembre de 2010

A los Ojos


Un poco me desalienta escribir este escrito porque de alguna manera caeré en lo que quiero evitar.

Centrarme en mí mismo.

Mientras ustedes me miran, empiezan a armar su cuento mental. Celebran o refunfuñan. Pensando, otra vez quiere subirse al escenario.

Pero se percibe bondad y predisposición lúdica. Por eso no hay problema. Me permiten pasar.

Mientras yo agradezco.

Saludo a los conocidos. Me alegro de encontrarlos.

Doy un pasito, dos. Tres.

Hasta llegar con humildad al escenario, mirarlos contemplativo.

Y empezar a balbucear.

Porque el tema no es pasar. Es entregar algo.

A eso jugamos.

Decir una palabrita, una palabra, una palabrota.

Cuando de repente decido agigantarme y alzar la voz.

Para volver pronto a ser un angelito. Que los mira y de alguna manera comparte la vida con ustedes.

Para eso estamos.

Me dejo entonces caer en una suerte de perspectiva que focaliza en mi existencia.

Pone los ojos sobre mí y me escruta.

Es como que me saca primero el pullover, luego desbrocha la camisa.

Alguien que tira de los zapatos.

Y avanza sobre otras pocas prendas. Con voluntad de dejarme desnudo frente al público que mira.

Quiero hacerme el distraído, pero me pongo colorado.

No me gusta subirme al escenario. Mucho menos que me miren.

Observo la escena y no digo nada.

No importa que sean dos o tres. Cinco o diez.

Me rindo ante mí mismo. Me dejo despojar de lo poco que tengo.

Me ofrezco al desnudo y colaboro en ese sutil acto que procura arrebatarme de mi ser.

Para entregarme a los demás.

Como un artista voluntarioso que se esfuma en la intención.

El tiempo se va.

Entonces me miro a los ojos y me digo.

No pasa nada, Juan.

Sos el mismo.
.



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lunes, 22 de noviembre de 2010

El Compromiso


A mí me gusta el compromiso. He, quiero decir, claro. Si, sí el compromiso.

Porque el compromiso forma parte de la naturaleza del comportamiento humano.

Sin compromiso, no hay noticia.

Ahí está.

Es decir, bueno…

Digo que el compromiso es necesario.

Esencial, diría para definirlo con mayor precisión.

Esencial.

Sin compromiso no se avanza. Sin compromiso uno queda detenido.

Como congelado en el tiempo. A pesar de que la vida lo arrase, y se imponga por voluntad propia.

La pucha que es importante entonces el compromiso. Mirá vos uno preguntándose por su jerarquía, por su trascendencia y aparece de golpe sublime.

Imponiéndose majestuoso.

Y uno lo observa, aceptándolo. Sabiendo que es entonces majestuoso.

Majestuoso.

Si, sí. Así parece. Así se presenta.

Para que negarse ante la evidencia.

Uno se preguntaba si era importante y de golpe frente a sus ojos se queda como un niño que observa, esa sutil relevancia que lo vuelve majestuoso.

Entonces, se dice, se pregunta, piensa.

- A mayor compromiso, menor libertad. Aparece la vocesita.

Pide tiempo.

Otro minuto más.

Pero siempre el compromiso lo observa, está ahí, mirando fijo, como quien hizo la pregunta que tiene que hacer.

Y espera la respuesta.
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jueves, 11 de noviembre de 2010

Suelta de dedos


Yo escribo en cinco minutos.

En verdad no sé si soy yo el que escribe. O es la ansiedad que se manifiesta.

Pero un escrito aparece ante mis ojos, casi antes de ser tipeado.

De modo que no sé si en verdad escribo, o bien leo.

Porque me encuentro con la revelación, de esos dedos inquietos que avanzan presurosos para presentar palabras.

Ahora mismo trato de seguir lo que los dedos imponen.

Rápidos, decididos, venturosos.

Van y van.

Como si algo extraño los estuviera movilizando. Para dejar testimonio de una escritura que emerge.

Y yo, que solo miro como un niño que espera la aparición.

Sin mago, sin galera.

Y, a veces.

Sin conejo.
.



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lunes, 8 de noviembre de 2010

Los Libros


No es frecuente que la verdad aparezca, me venga a visitar, se instale.

Pero hoy pareció insinuarse y aquí está.

Presente.

Puede ser un supuesto, una expectativa. Pero no.

Aquí está.

De manera que abro la puerta para que pase y se manifieste. Como quien se predispone gentilmente a recibirla.

Siempre pensé que en los libros estaba la verdad. El momento sublime que lo explicaría todo, descubriría al ser humano, revelaría la trastienda de su comportamiento.

Fui consecuente con el supuesto y abrí cuento libro se cruzó en mi camino. No por pretensiones del conocimiento, sino por el sano afán del descubrimiento.

Quizás de las personas, quizás de mi mismo.

Pero a juzgar por el tiempo, me he equivocado.

Los libros son ilusiones pretenciosas de una precisión que no llega.

Por eso hay siempre un nuevo intento narrativo, y una nueva oportunidad de hallazgo que ofrece el lector, impulsado por su expectativa.

Otro libro, y otro lector.

No puedo dar cuenta de la totalidad del mundo de los libros, y certificar el resultado definitivo.

Por supuesto.
Pero hoy observo la predisposición fallida de las narraciones pretenciosas.

No es que los libros no sean un medio inspirador, digno y revelador.

Es que el hombre excede a las palabras.
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viernes, 22 de octubre de 2010

Recluirse


Es raro desear recluirse, escabullirse del mundo, procurar reencontrarse con la soledad.

En mi caso suele ser una elección que tomo con vocación y entusiasmo.

Procuro salir del aturdimiento de un mundo que a veces abruma, y permitirme una instancia de encuentro con la soledad.

Suelo apagar la tele, la radio…

Cerrar las persianas.

Esto último no, pero sonaba pintoresco. Por qué no apuntarlo.

Lo distintivo de la soledad es que el mundo exterior permanece ausente, mientras cobra relevancia el silencio y la introspección.

Es ahí cuando la persona puede encontrarse consigo mismo. Hablarse de frente, preguntarse.

Y responderse.
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sábado, 16 de octubre de 2010

Estado de Ausencia


Ocurrió hace tiempo, pero hoy lo rememoro.

Quiero decir que lo traigo a la luz para su evidencia. Lo pongo ante mis ojos y los ojos de los demás.

Presentándolo en público.

Sospecho siempre que esta técnica de pescar subjetividades que me revelan, debe tener su incidencia para facilitar cierto fluir. Cierta liberación, del cuerpo y del alma.

Pero no quiero confundirlos ni confundirme. Sólo revelar la trastienda del propósito, que me lleva a escribir ciertos párrafos para cumplir el cometido.

Bien.

Era estado de ausencia porque el cuerpo participaba en situaciones donde la mente no asistía.

No es un tema de niño, sino de grande.

En determinado momento mi cuerpo estaba presente. Era uno más de los parroquianos que participaban de la circunstancia.

Nadie podría decir que yo no estaba.

Pero ese transcurrir de la vida revelaba a la vez el estado de ausencia.

No estaba.

Estaba el cuerpo, pero yo no estaba.

Bien lo sabía yo y todos los testigos. Ocasionales compañeros de la vida que atestiguaban cierta precariedad de mi presencia.


Mi mente estaba siempre enredada en situaciones que juzgaba más relevantes. Las neuronas marchaban como un imán hacia otros paisajes que exigían su atención.

No importaba que estuviera viendo una película, participando de una reunión de amigos o andando en patineta.

La atención se centraba en un espacio íntimo, interesante e intenso. Que la seducía recalcando su importancia, hasta sentarla en una mesa y exigir que la tarde transcurra con ella.

Y aunque la tarde sea una metáfora descriptiva de esta condición que procuro precisar. Bien vale mencionarla en honor a la belleza del cielo despejado, el sol y la luz.

Hoy no quiero justificar aquellas ausencias mentales sobre fallidas presencias.

Tal vez pretendo superarlas definitivamente. Observar esos pequeños atisbos que se sostienen como ciertas reminiscencias que aún emergen. Y despedirlos con el afecto que uno le tiene a quienes fueron sanos compañeros.

Celebro entonces que hace tiempo la mente haya vuelto a mi cuerpo. Y estemos juntos los dos, donde tenemos que estar.

Viviendo cada una de las circunstancias.
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miércoles, 13 de octubre de 2010

Salirse


Un día voy a salirme de mi cuerpo.

- Muy bien, cómo lo harás?, -preguntarán ustedes.

Simple.

Voy a correr, correr.

Correr.

Lejos, lejos, lejos…

Hasta que el cuerpo se canse. Verdaderamente se canse.

Y cuando las piernas se rindan, justo en el instante en que cedan y desvanezcan.

Cuando se desplomen.

Justo ahí, en ese preciso y fugaz momento de rendición.

Ahí sí.

Aprovecho el envión.

Y salto con todo para adelante.
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miércoles, 6 de octubre de 2010

Escritor Compulsivo


Algún día, para jugar, sólo para jugar.

Voy a escribir tanto, tanto tanto, que se va a cansar el lector.

Y aunque insista con la lectura sostenida, voy a escribir tanto, tanto tanto, que no va a lograr sostenerse.

Y no importará la persistencia o determinación que lo impulse a seguir, seguir y seguir.

Porque siempre habrá un renglón más, un párrafo más.

Letras y más letras frente a los ojos caprichosos o determinados.

Y se conformará de pronto una lucha entre palabras y más palabras. Y una lectura persistente.

Unas avanzarán como locas para procurar siempre más. Y los ojos las consumirán aceptando el juego.

Y habrá más palabras, y habrá más miradas.

Más escritura, y más lectura.

Y así, y así y así….

Hasta llenar hojas y hojas.

En una suerte de batalla que asciende a la disputa entre redacción y observación. Debatiéndose palmo a palmo.

Renglón a renglón.

Dejándose atrapar por la locura de una lucha insana pero persistente.

Que parecía un juego pero se ha transformado en algo sublime.

Que sigue, sigue, sigue…

Y así van. Hojas y más hojas.

De un texto que puede tener principio.

Pero nunca tiene final.
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La Confianza


La confianza nunca es buena, mata el alma y la envenena.

Lo dijo El Chavo del Ocho.

Y yo lo escuché alguna vez.

Es una de esas frases que a uno le quedan vaya a saber por qué pegada a la mente. Adherida como una etiqueta al producto de fábrica.

Imposible de remover.

No hay nada raro en esa frase que hoy observo. Simplemente El Chavo expresando una perspectiva, una mirada. Revelando un sutil aspecto de un paradigma para la cotidianidad.

Pero es siempre una explicación endeble de una realidad más suntuosa.

Porque el comportamiento humano siempre excede a la explicación.

Aunque manchemos algunas hojas en blanco.

O nos detengamos en alguna frase.

Como quien abre la puerta para observarlo todo.

Mira.

Y se va.
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Malditas Ideas


A mí me persiguen ideas que me generan malestar, es como que están al acecho, me corren y me atrapan.

En verdad no hago ningún negocio dejándome atrapar. Pero vienen cerca, me tocan el hombro…

Y zás.

Ahí me tienen de nuevo.

Y yo que no he hecho nada.

Nada de nada.
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martes, 5 de octubre de 2010

Mala Onda


La mala onda se impone en el momento impensado.

Emerge de imprevisto hasta su aparición.

Podría procurar pescar el momento preciso de su gestación, advertir ese instante repentino de su conformación.

Pero es difícil, es cierto.

Se escabulle de inmediato hasta que logra manifestarse.

Lo hace adrede y, a veces, sin autorización.

En un abrir y cerrar de ojos la mala onda se presenta desde un momento para siempre.

Y aunque suene exagerado eso es lo que insinúa la maldita. Porque aparece de un chispazo y vaticina su permanencia.

Sabemos, bien sabemos. Que se va a ir, porque es claro que no viene como loca para inmortalizarse.

Aparece, sí. Pero tarde o temprano se va.

Quizás en búsqueda de otro desprevenido que la alienta vaya a saber con qué motivos. Un pensamiento, un hecho, una suposición…

Pero que se va, se va.

Tarde o temprano se va.
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viernes, 1 de octubre de 2010

Nada


En verdad este escrito no va a decir nada. Así que bien vale la pena dejarlo en este mismo instante y abandonar sanas expectativas, que se verán incumplidas.

Aunque uno confíe en la persistencia, en la perseverancia, este escrito no dirá nada.

Así que el lector quedará con las manos vacías. Viendo que se ha esfumado la sana pretensión de su ilusión.

Aquella que lo impulsaba otro renglón.

Y otro más.

Para no encontrar nada.

Pero voluntarioso, persiste. Tentado a abandonar, persiste.

Se divierte sin saberlo buscando el tesoro como un niño.

Y no.

Nada por acá. Nada por allá.

Sostiene aún la mirada inquieta. Pensando que por fin se encontrará con el hallazgo.

Que se hará justicia, y gozará de un mensaje. Una idea, o un pasaje reconfortante de la lectura que desvanece.

Aunque se le ha advertido de la inexistencia, porque a veces uno siente que no tiene nada por decir.

Que se ha quedado sin palabras, sin párrafos.

Perdido en el silencio.

Y entonces se permite caer en la profundidad de la nada. Predisponiéndose a ella, aceptándola.

Vacío por dentro, con el único ánimo de narrar para preservar la ilusión de este juego lúdico de atisbo perverso.

Que le permite a uno escribir, para sostener la bendición de la escritura. Con la pretensión de salvarse.

Y evadirse de la nada.
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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los Nervios


Los nervios vienen a mí sin presentaciones ni avisos.

Simplemente se acomodan, plácidos. Y permanecen.

Llegan en circunstancias en que se hacen reconocibles. Los percibo merodeando, insinuando. Hasta que por fin, se manifiestan.

Están.

Advertir los nervios es posible gracias a cierta atención perceptiva. Que persiste en silencio el delicado y meticuloso trabajo que desempeñan los nervios hasta apersonarse.

Presentarse de una vez, y quedarse por un tiempo.

Es rara la aparición de los nervios en circunstancias fortuitas. El escenario objetivo no suele fundamentar su presencia

Pero aquí están.

Hoy han venido.

Y no se quieren marchar.
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viernes, 30 de julio de 2010

El Malandra


Yo quedé herido desde hace tiempo.

El malandra fue el responsable.

Desde entonces la secuela me acompaña y percibo su recurrente dolencia.

Pienso que no fue adrede que el malandra honró su propósito. Fue, sospecho, víctima de su propio cometido.

Sé muy bien que suena fuerte la palabra y es posible que no corresponda. Pero me permito ofrecerla a modo de justicia tardía.

Después de todo, el malandra no sabe que fue malandra. Y no tiene un único nombre y apellido.

Así que sin nadie que ofenderse bien vale escribir tranquilo. Poner los puntos a las ies y decir las cosas como son.

Con transparencia.

Si dobleces.

El malandra llegó a mi vida con sus voces en textos oscuros.

Yo tenía que leerlo para aprobar una materia, dos, tres. Así que asistí de prepo a su encuentro.

Un renglón, otro más. Párrafo.

Hoja, hoja…

No era claro lo que decía el tipo y su lógica exigía otra oportunidad, bajo el anhelo de encontrar un decir razonable.

Esa idea que se mostraba escurridiza, diría.

El malandra la insinuaba, contorneaba sobre ella. Giros por delante, giros por detrás.

Parecía que por fin la iba a ofrecer. Pero nunca la entregaba.

Los ojos impacientes buscaban al menos un vestigio de luz entre tanta oscuridad.

Que den cuenta que bien valieron los segundos, minutos, horas invertidas.

Malandra hijo de…

Vuelvo a verme en la lucha para descifrar algunos textos esquivos. Y malandra y la…

Las hojas pasaban mientras el malandra hacía de las suyas. Jugaba sin saberlo con mi anhelo por encontrar la verdad. Una síntesis, una idea.

Nada de nada.

La hipótesis del venturoso hallazgo se rendía con el trancurrir de las hojas y el tiempo.

Y lo difuso que sustentaban los textos, sólo servía para observar la trampa que ofrecía el malandra. Que terminaba por devorar el tiempo de lectores bien intencionados, rehenes de ciertos textos académicos.

Hoy sospecho que es posible que sea buen tipo el malandra. Tal vez fue preso de su propia confusión y entuerto.

Fue sin dudas un tipo intrincado, confundido.

No nos engañó a nosotros. Se engañó a si mismo.

Estaba enredado.

Desde entonces sospecho de las complejidades mal entendidas. Esas que se narran con extensiones pretenciosas y pasajes dificultosos. Que son en verdad un atentado al entendimiento.

Denuncio entonces la impostura de la confusión. No hay nada notable en ella.

Reniego del uso difuso del lenguaje, los textos escabrosos, demorados. Esos que hacen perder tiempo.

Esquivo el decir complicado.

Y encuentro la belleza de la simpleza.
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jueves, 29 de julio de 2010

Yo Juego


A veces no es la inspiración que viene a buscarme, me atrapa y me lleva corriendo hasta la hoja en blanco.

A veces soy yo el que viene a abrir la computadora con la intención de escribir.

De iniciar un juego prometedor, de transcurso incierto y final expectante.

Soy yo quien tira, quien provoca. Quien quiere jugar.

Decidido.

Como si estuviera tirando de los pantalones de la madre escritura. Que seguro advierte mi presencia, comienza a sentir la inquietud, la molestia de quien se aferra y persiste.

De quien se sostiene en búsqueda de su propósito.

Con cara de niño y convicción inquebrantable.

Aferrado al pantalón o la pollera de esta escritura que procura liberarse. Que se zarandea de un lado para el otro, molesta.

Diciendo.

- Suéltame Juan. Suéltame.

Pero yo persisto. Aferrado.

Mirando con cara de niño bueno, sosteniéndome como puedo.

Gracias a la ilusión que me asiste, y me permite pensar que va a comenzar el juego.
.




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Yo Juego


A veces no es la inspiración que viene a buscarme, me atrapa y me lleva corriendo hasta la hoja en blanco.

A veces soy yo el que viene a abrir la computadora con la intención de escribir.

De iniciar un juego prometedor, de transcurso incierto y final expectante.

Soy yo quien tira, quien provoca. Quien quiere jugar.

Decidido.

Como si estuviera tirando de los pantalones de la madre escritura. Que seguro advierte mi presencia, comienza a sentir la inquietud, la molestia de quien se aferra y persiste.

De quien se sostiene en búsqueda de su propósito.

Con cara de niño y convicción inquebrantable.

Aferrado al pantalón o la pollera de esta escritura que procura liberarse. Que se zarandea de un lado para el otro, molesta.

Diciendo.

- Suéltame Juan. Suéltame.

Pero yo persisto. Aferrado.

Mirando con cara de niño bueno, sosteniéndome como puedo.

Gracias a la ilusión que me asiste, y me permite pensar que va a comenzar el juego.
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viernes, 23 de julio de 2010

Zas


No son permanentes, son esporádicos.

Por ejemplo, recién. Tomo mates y hablo compenetrado de un tema que ocupa mi atención. De repente, miro a la otra persona a los ojos y quedo tildado.

Como congelado en el momento.

Una energía silenciosa se hizo presente y vino a provocarme.

Sostengo la pausa mirando los ojos de quien me acompaña. Mientras me dejo caer en el silencio.

Ahora a escribir. Siento.

En ese momento, la vida por la computadora abierta y los dedos sobre el teclado. Que me lleven de un lado al otro en busca de un presunto hallazgo.

Algo así como una elucidación que insinúa manifestarse y que está deseosa de hacerse presente.

Para decir, aquí estoy. He venido.

Escuchadme.

El ataque de escritura se presenta en las situaciones menos pensadas. Corriendo, bailando, manejando…

Vienen palabras, ideas, frases. Escritos completos.

Muchas veces estoy durmiendo y el ataque de escritura empieza a incomodar.

Vuelta para aquí, vuelta para allá.

El ataque persiste y yo permanezco inalterable. Haciéndome el distraído.

Otra vuelta como si no pasara nada.

De repente salto como loco a liberarme del entuerto.

Abro la computadora y hago justicia.

Apunto ese primer párrafo, ese título. Y me lanzo a jugar como un niño. Para ver segundos después el texto que se ha terminado.

Es cierto que muchos escritos se escapan por esas incomodidades de las circunstancias.

Pero otros los atrapo como moscas cuando apenas sobrevuelan.

Zas.
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miércoles, 21 de julio de 2010

El Cuerpo




No sé muy bien cómo fue ni qué pasó. Por qué decidí de repente apagar la radio, cerrar el libro y saltar.

Dentro de mí.

Es cierto que hace tiempo entré en mí. Esto no es nuevo, esto lo sabía. Pero ahora fue un ingreso repentino, casi abrupto.

Todavía no entiendo bien cómo salté del sillón y entré dentro de mí.

En fin, debo reconocer que hay mucho ruido afuera. Pocos lo perciben y casi ninguno se permite adentrarse en sí mismo.

Me permito advertir la inconveniencia de los ruidos. Lo nocivo de cualquier atisbo de la realidad que pueda resultar perturbador.

Mientras reparo en el beneficio de la quietud y el silencio.

Experimentando el goce de la paz. Como condición esencial para el bienestar.

Me pregunto si ya es suficiente. Si es hora de terminar el juego.

Salir.

Pero por el momento me quedaré aquí. Dentro de este cuerpo.

Es invierno, y hace mucho frío afuera.

Además, quiero profundizar en la quietud y el silencio.

Otro día…

Otro día vuelvo.
.



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sábado, 17 de julio de 2010

De Charla de Café


Estuve tomando un café esta semana con un amigo bastante mayor que me insistió para escribir una novela.

Yo hablaba de otras cosas, pero volvía a decirme de nuevo lo mismo.

Y yo hablaba de otras coas, y…

En fin, llegué a casa y recordé un intento que hice el año pasado para escribir con mayor profundidad.

Lo busco, lo encuentro, lo leo y lo comparto.
..………..

Nos vamos a morir, le dijo. Lo miró a los ojos y se quedó en silencio. Date cuenta, nos vamos a morir. Entregaba su certeza como quien ofrece su tesoro más preciado. Una construcción simple pero efectiva que revelaba la sabiduría de la madurez más pura. Nos vamos a morir. Una frase que movilizaba a quien la escuche y que sonaba como un grito de esos labios que luego callaban para permanecer en silencio, viendo como la entrega impactaba primero en los oídos y luego en el alma. Como un puñal que sin querer se insinuaba en el pecho y que decididamente avanzaba, hasta desangrar, hasta morir en el silencio más absoluto donde no era posible encontrar palabras.
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Esos ojos, esos ojos. Los ojos hablaban haciendo retumbar la frase. Decían mucho más que las palabras que enunciaban. Los ojos eran el verdadero significado de la sabiduría, su bendición más auténtica. Eran las palabras que se querían liberar para explicar el mundo, para adiestrarlo o domarlo a voluntad con la única pretensión de asumirlo en su complitud. De abarcarlo para siempre y montarse sobre él como quien decide domesticarlo, aún sabiendo que de cuando en cuando corcoveará para expulsarlo. Para hacerle sentir que lo descubierto es mentira, inundándolo de incomprensión e invitándolo una vez más a la incertidumbre. Donde lo difuso es la norma más preciada del intelecto que se encuentra fallido ante recurrentes zarpazos que buscan la verdad que una vez más se ha evadido.

Los ojos entregaron su ser. Reflejaron la pureza de una predisposición que invitaba a la vida. No, no. No era la invitación a la muerte. Era una mano extendida repleta de amor que procuraba tomarlo para siempre. Llevarlo sobre el tiempo. Sobre los sueños. Sobre esas circunstancias que desplegarían intensidad en los momentos más simples, pero siempre sublimes de la vida.

Despertate. Tonto. Dale.

Me escuchás. Mira. Sí, digo. No revelo que sus palabras me han impactado para siempre. Que su mirada quedará grabada toda la vida en el interior de mi cuerpo, en un espacio de silencio y complicidad que me acompañará toda la vida. Su mirada una vez más sella el momento hasta la eternidad. Me hace preso involuntario de una verdad absoluta. Me escuchás. Si, sí. Claro que te escucho amor. Nunca podría dejar de escuchar la intensidad de tus palabras, la sabiduría de tu mirada. Pienso en silencio, me repito. Tu ser revelando el secreto más sencillo y extraordinario que sintetiza el único, verdadero e inalterable sentido de la vida. Grandilocuente, sí. Pero un comentario así no podría privarme ante tal suceso. Lo escribiría de vuelta. Y si la tuviera entre mis manos, la besaría como nunca, dejándole todo mi ser para siempre en su alma. Gracias amor por tus palabras, por mirarme a los ojos por decirme en verdad te quiero. Pienso y siento desde el silencio, en un fugaz instante que enaltece la vida.

Te quiero. Te quiero. Saldría a correr por el mundo y gritaría. Daría la vuelta de manzana gritando. Besaría a José en la frente antes de salir corriendo del edificio, dar la vuelta a la esquina y comprar las rosas amarillas. Te quiero, amor. Te quiero. Las palabras no relatan la esencia. Son una máscara que procura exhibirla, pero en verdad se escurren ante el decir que pocas veces se revela. Te quiero. No son las palabras, son los gestos. No, no. No son los gestos, son las miradas o los momentos. Nada de eso. Es un conjunto de sensaciones diversas que revolotean entre perturbaciones que conmueven el ser y logran revelarse, apropiándose de gestos, voces, miradas y sensibilidades que a veces delata el cuerpo, y a veces se resguardan en la mezquindad del silencio.
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viernes, 16 de julio de 2010

La equivocación


Es posible que todos nos equivoquemos. Que el error sea siempre una posibilidad vigente. Y que el fallido persista como un acto certero.

Muchas veces me pregunto si me equivoqué o no. Y aunque el pasado no me atormente, me permito pensar en mis decisiones tal vez para sostenerme. Para convencerme de que fui consecuente, entre lo que pienso, lo que digo y lo que siento.

Bravo.

No creo que haya una forma de vivir la vida sin equivocarse. Ni que el error pueda ser erradicado de nuestra cotidianeidad.

Pero hay desde mi punto de vista dos alternativas de relacionarse con la equivocación.

Honrarla y sostenerla en su persistencia u observarla para poder asumirla y trascenderla.

Hay quienes viven en la equivocación, la celebran y enaltecen. Y hay quienes se desesperan al advertirla, se incomodan al constatarla, y movilizan molestos para evadirse de ella.

Suele ser más fácil ver la equivocación en el otro que advertirla en uno mismo.

Tal vez cierto rasgo de madurez nos invita a estar atentos ante esta tendencia. Para detenernos al momento de buscarla en el otro, y procurarnos encontrarla en nosotros mismos.

Al suponer que la equivocación está en el otro, seduce la expectativa de persuadirlo. De convencerlo para tomar un camino, que lo libere del despropósito.

Es como que desesperados queremos entregarle los lentes del “buen visionar”. Para que se dé cuenta de una vez por todas, que debe liberarse del fallido.

Escabullirse para encauzarse.

Indicamos de una vez y para siempre, que el camino es para allá.

Claramente, para allá.

Nosotros sentimos que lo vemos. Y el otro, debería haberlo visto.

Entonces, entregamos la certeza y esperamos que corrobore.

Con la ilusión de que tarde o temprano podrá verlo. Situarse en el camino apropiado, recorrerlo.

Aún sabiendo que es nuestro punto de vista.

Pero la sana expectativa se desvanece al enfrentarnos otra vez con la pequeñez de nuestra vida, que sólo puede advertir otros caminos ajenos, pero nunca puede resolverlos.
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jueves, 8 de julio de 2010

La Ilusión


La ilusión llena los ojos de anhelo, de felicidad.

Acelera el corazón e imprime una sonrisa al alma.

Cuando menos uno lo espera puede sentirse inmerso en esa sensación silenciosa y reconfortante, que habilita la posibilidad y la anuncia como un hecho.

Lo contrario a la ilusión es tal vez la desesperanza, que vaticina que las expectativas fueron invalidadas y la realidad poco tendrá que ver con los auspiciosos augurios. Las imágenes que se sabían irrenunciables y caerán derruidas hasta aplastarte.

A veces bastan indicios de la realidad para invalidar el futuro. Derrocarlo sin miramientos y dejarnos inmersos en cierto desasosiego que nos invade el cuerpo, impulsa hacia la abstracción que procura la infructuosa elucidación y nos instala en el silencio más profundo, que persiste sin pronunciar palabras.

La ilusión, en cambio, nos hace caminar más a prisa. Valida el futuro con imágenes venturosas, que aguardan que la realidad se presente, con la alegría de quien espera corroborar la buena noticia.

Y es extraña la vida cuando puede percibirse como un péndulo, moviéndose de un lado al otro. Balanceándose…

Sobre la ilusión y sobre la desesperanza.
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miércoles, 7 de julio de 2010

La explicación


Se me ocurrió pensar que los pensamientos hace tiempo me tenían a mí. Y que en los últimos días soy yo quien los tiene a ellos.

Pero me mentiría si dijese que ahora los tengo y que son ellos los que al fin están atrapados. Dispuestos en un lugar, llevados a otro o marginados.

Ayer nomás, volvieron a atraparme.

No sé cómo ni por qué se dio el descuido. Lo cierto fue que de repente me tenían maniatado. Mientras daba vuelta en la cama en una infructuosa búsqueda de liberación.

Ni la técnica de llevar la mente a otro lugar, ni el sueño invocado pudieron revertir la determinación del pensamiento.

Así pasaron otras vueltas en la cama y caminatas breves con la cabeza aprisionada. Enlazada como con sogas que no la dejaban mover de cierto espacio recurrente que llevaba a ver lo mismo una y otra vez.

Tomar de golpe el libro de la mesa de luz y escribir la frase, la gente prefiere comprometerse con la mentira que vérselas con la verdad.

Cerrar luego el libro asumiendo la relatividad de la sabiduría.

Dejar la penumbra de la noche para volver al sueño y encontrarme en la mañana nublada llenando de palabras este escrito.

Hoy miro de vuelta esta lógica de pensamientos insistentes, que se caracterizan por ser molestos y exigir atención. Son, diría, prepotentes y abusivos.

Hace un tiempo no estaban, y ahora espero que se hayan ido.
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lunes, 5 de julio de 2010






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Inquietud


C
uando pasan algunos días y no escribo hay algo que falta. No podría precisar qué, aunque cierto vacío repercute desde el interior reclamando presencia.

Ahora, nomás, vengo a la hoja en blanco. Tal vez con el propósito de facilitar la expresión de ese vacío que inquieta. Se anuncia desde cierta insinuación con el claro propósito de emerger para revelarse.

De aparecer de repente y mostrarse ante los ojos de todos.

Es claro que no puedo abordar el vacío con ánimo de encerrarlo. De agarrarlo entre mis brazos, alzarlo y mostrarlo como un trofeo.

Pero procuro aproximarme, en puntitas de pie. Con el propósito de percibirlo, escucharlo o entenderlo.

Así que aquí estoy, expectante.

Hay algo en esa sensación interna que reclama atención. Me dice que ponga los ojos sobre ella y los deje ahí por un momento.

De modo que procuro detener la ansiedad. Permanecer en los párrafos y sostener la mirada. Con el deseo que impulsa el descubrimiento.

Mientras el vacío me mira como insinuándome locura. Pensando para qué he venido a buscarlo. Reclamando una explicación por el descaro de la intromisión.

Y yo sólo lo observo.




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miércoles, 23 de junio de 2010

Ojos que Miran


Aquí, en este blog, debo reconocer. Es cierto. Que hay ojos que miran.

Lo observan todo, sin decir nada.

Silenciosos y expectantes, son siempre compañeros. Que se dejan llevar por las palabras, párrafos tras párrafos en búsqueda de sentido.

Muchas veces me pregunto cuánta gente leerá en silencio. Mira y se va.

Cuántos ojos persisten en el encuentro de estos escritos. Y se dejan llevar por el transcurrir de las palabras.

Sin decir nada.

Cada cierto tiempo algún amigo me comenta que vio o leyó alguno de estos escritos.

Es ahí cuando pienso por qué nunca dejó rastros. Y se permitió evadirse honrando la ausencia.

Pero ese silencio que por momentos se hace notable, es siempre una saludable compañía.

Como si fuera una novedosa forma de estar, que persiste inalterable.

Suficiente para incitar la escritura, porque conozco el carácter precario de las palabras y siempre creo en los ojos que me miran.
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lunes, 21 de junio de 2010

La Bondad



Sospecho, pienso, corroboro…

Me parece que la bondad en numerosos casos no logra manifestarse. Queda muchas veces ahí, en discursos.

Con frecuencia no llega a ascender a la realidad para expresarse.

De modo que circula entre palabras bonitas o intenciones plausibles.

De esas que uno disfruta escuchar, sería capaz de ponerse de pié. Mirar al resto de quienes contemplan y pedir ahí mismo un aplauso.

Pero las palabras bonitas ni las intenciones que merecen ser celebradas gozan de valor si persisten sin materializarse.

Sin emerger en las circunstancias que las evidencien en los hechos.

Así que la bondad permanece danzante entre propósitos loables. Como si fuera una insinuación que se caracteriza por cierta reticencia para desplegarse.

En ciertos casos, claro.

Está bueno, pienso, que la energía de la bondad emerja al menos en palabras. Para facilitar un pensamiento dominante que sustente una sana filosofía.

Un conjunto de ideas poderosas y convincentes que lleven a adoptar la ideología. Para incidir luego en comportamientos que permitan revelarla.

Sin que muchos se den cuenta.

Confío en el día en que las palabras adquieran un status que las enaltezca. Trasciendan la verborragia que las anuncia.

Y se vislumbren en la realidad.
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domingo, 20 de junio de 2010

Ser Padre Hoy


Los padres cumplen un rol central en la educación de sus hijos. Aunque no son sus únicos educadores. Los ámbitos en que participan los niños se vuelven también espacios que inciden en su formación y constitución como individuos.

Nadie dudaría la importancia que ejerce la escuela en la asunción de los valores de los chicos. Pero tampoco debe olvidarse el rol relevante que las nuevas tecnologías desempeñan en este sentido.

Las posibilidades que aporta por ejemplo Internet pueden resultar beneficiosas para la educación de los chicos. Quienes acceden a estas alternativas y las utilizan adecuadamente, reciben el impacto positivo que las tecnologías de estos tiempos pueden ofrecernos.

Algo similar ocurre con los medios gráficos, radiales o televisivos. Los niños son partícipes de ellos y reciben los beneficios que puedan aportarles cientos de voces que circulan por estos canales. Es ahí donde los padres deben orientar, para que los contenidos a los que se exponen los niños sean beneficiosos y contribuyan a formarlos con sanos valores.

Las nuevas realidades exigen la asunción de un rol protagónico de los padres. Conocer los nuevos ámbitos en los que participan sus niños es una necesidad de estos días.

Pareciera que orientar, facilitar e incentivar caminos saludables es la función que deben desplegar los padres. Quizás por eso ser padre hoy no pareciera distinto a lo que fue ser padre siempre.

Estar de la forma que cada uno puede con sus niños. Y entregarles lo más valioso que tienen para darles… El amor.

Acompañándolos siempre, en su propio camino.

Me permito pensar que de eso se trata.
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*Columna escrita para El Diario de Pringles.

Feliz día a todos los padres. En especial al mío, gran compañero de la vida, que suele ser protagonista de mis confesiones:

El Diez

La Casa de Pablo



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domingo, 13 de junio de 2010

Vuelvo

Hacía mucho que no compartía un video. Les dejo este que me gusta...




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lunes, 7 de junio de 2010

Autoentrevista



Es de noche, las 0.45 horas para ser más exacto. Son los primeros minutos del Día del Periodista y lo celebro con una autoentrevista.

¿Por qué?
Creo que me resultaría divertido. Además podría ser una instancia de agradable reflexión.

Y qué es lo que querés decir?
No sé, preguntame.

Qué opinás de la escritura?
Para mí es la oportunidad de descubrirme, encontrar lo mejor de mí y ofrecércelo a los demás. Creo en la simpleza de la cotidianeidad para entender el comportamiento humano. Si uno se escabulle en las circunstancias es posible que pueda hacerle piedra libre al hombre.

Y qué pasa con eso?
Pienso que más entendimiento es más efectividad. Consecuentemente se facilita el bienestar. Pero no hay que olvidar que en esta escritura hay siempre una instancia literaria que debe ser celebrada. Yo juego a escribir con la pretensión de vivir la literatura. Y la ilusión de que otros jueguen a leer.

Pero vos decís que también escribís para liberar tensiones.
Serían como perturbaciones o inquietudes que molestan. Empiezan a merodear, a hacer sentir su presencia. Hasta que en cierto momento procuro atraparlas y estamparlas como párrafos en un escrito. Aunque a veces se escabullen y me sacan la lengua. Pero al tiempo vuelven a invitarme a agarrarlas.

Para quién escribís?
A veces pienso que es para alguien en particular. Que es para los demás. Pero sospecho que en verdad es para mí.

Para vos?
En parte, últimamente me descubro leyendo cosas que escribí. Quizás exteriormente me veo en el espejo y cuando quiero verme interiormente me zambullo en mis escritos.

Esto tendría que ver algo con el ego?
No entiendo por qué se habla tanto del ego. Es sólo un problema que tiene la persona que no está cómoda con quién es.

Cuál sería el mensaje de los escritos?
No pienso que haya un único mensaje. Creo en la simpleza y me parece vislumbrar una vida llena de ornamentos. A mayor precariedad del ser, mayor necesidad de ornamentos. No creo en el valor de la complejidad en la escritura. El valor está en compartir la inquietud, no en aportar a la confusión.

Es una mirada
Claro, son opiniones desde mi punto de vista.

Te lo digo porque yo creo en la complejidad.
No hay ningún problema, siempre celebro la riqueza de los desacuerdos.

No vamos a pelearnos a esta altura de la entrevista.
No habría motivos.

A veces parecés algo infantil
Yo no tengo la culpa de que muchos grandes no jueguen.

Me hacés acordar a una de tus frases…
El problema es que el mundo es de los grandes, en vez de ser de los chicos.

Qué repercusión tenés de lo que escribís?
Generalmente algunos pocos amigos me hacen algún comentario de algo que leyeron. Pero como saben que no me gusta explicar los escritos, son sólo disparadores de otras conversaciones. Porque el escrito dice lo que dice, y el lector lee lo que lee.

Qué pensás de tus escritos?
A veces tengo la ilusión de que puedan servirle a alguien, que puedan hacerle bien. También tengo la ilusión de que puedan ejercer una suerte de influencia sana y positiva, que facilite el bienestar. Ojalá así sea.

Es el día del periodista, quisieras hacer algún comentario?
Creo en los periodistas que honran el oficio con ética y bondad. Y en aquellos que se hacen cargo de sí mismos.

Antes de terminar, quisiera preguntarte por qué escribiste algunos escritos sobre mediocridad. Estabas enojado?
No, correspondía a esto que te comentaba de liberar tensiones. No hay que buscar la explicación última de cualquier atisbo literario. Cierta incomprensión razonable favorece el arte para celebrar la literatura.

Pero qué es en síntesis la mediocridad para vos?
Somnolencia.

Podrías decir algo más al respecto?
Respirar.

Agregarías algo más?
Imposibilidad de hacerse cargo de quien realmente uno es.

Nunca te voy a poder atrapar?
No sé.

Esperá…
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jueves, 3 de junio de 2010

El Mal Día




Hoy vino un mal día.

Se presentó de repente. Me miró de frente y me tomó del brazo.

Fue una acción espontánea, inesperada. De improviso el mal día se me puso de frente.

Se me presentó, por voluntad propia. Claro.

Yo estaba desprevenido, contento diría. Había sol, aire puro y una buena noticia por delante.

Pero todo fue en vano. Porque cuando menos lo esperaba apareció el mal día. Se puso muy firme y lo que era una mera insinuación, fue cobrando valor con el transcurrir de los minutos hasta que logró envalentonarse y se agigantó.

No fueron pocas las circunstancias. Podría mencionar tres, cuatro, cinco…

Podría enumerar tal vez más. Pero no quiero rememorar la presencia maligna de este día que vino provocarme. A tomarme del brazo y cachetearme a cada momento.

Debí haberme enojado, haber propinado unos buenos insultos, haber lanzado los puños al aire…

Alguna patada voladora.

Pero sólo dejé pasar el tiempo, corroborando la destreza que manifestaba el despropósito, con habilitad inusitada.
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Opté por un refunfuñar silencioso y cierta incomodidad interna que expresaba el malestar.

Mientras el día hacía de las suyas, y yo persistía.

De pié.

Ahora estoy más calmo. Diría que me encuentro erguido y bien podrían ver ustedes mi sonrisa.

Son las 0.45 y me permito sospechar, por esta música que escucho y este silencio compañero, que la visita…

La visita se ha ido.
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viernes, 28 de mayo de 2010

Una vida para Pérez



Algo que me molesta hace años es que Juan Pérez en cierto momento lance la pregunta desubicada.

Es una pregunta inoportuna, ajena al motivo del encuentro.

Pero es claro que a Juan Pérez no le importa. El contexto no va a desalentar su propósito.

Así que en el momento menos pensado bien se la rebusca. Levanta la mano de prepo e impone un camino que nunca quiero transitar.

Es el instante en el que lanza la pregunta.

Nada raro, pero es siempre una indagación inadecuada al motivo del encuentro. Que apunta directamente a la vida íntima de su víctima.

Vivís acá, vivís allás. Y tu novia dónde vive…

Siempre pienso que Juan Pérez debería estar preocupado en sus cosas, en su vida. En vez de entusiasmarse por la vida de los demás.

Pero me equivoco, es claro.

A fuerza de pruebas empíricas veo que debo renunciar a la hipótesis.

Es increíble la cantidad de Juan Pérez que andan dando vueltas.

Vaya a saber uno por qué razón Juan Pérez tiene vocación por el descubrimiento del otro. Por saber con la mayor precisión posible qué hace. Por qué va para aquí o sale para allá…

Es día de semana en Pringles, sobre la tardecita cae la noche y el silencio nos atrapa a todos.

Entonces termino la reunión con un amable Juan Perez. Quien tiene a bien levantarse y alejarse lentamente hacia la puerta. Cuando decide volverse sobre sus pasos para detenerse, mirarme y lanzarme la pregunta.

Lo ha hecho.

Las peras no tienen nada que ver con las manzanas. Y a Juan Pérez lo veo con suerte una vez al año en mi vida. Apenas sé cómo se llama.

Pero no importa. Mírenlo a Juan Pérez ahora, decidió detenerse sobre el marco de la puerta. Mirarme desde lejos y escrutarme.

No sé por qué pero pienso en cuánta gente vivió sin haber vivido. Completando los párrafos de una vida que no le pertenece.

Mientras él aguarda, paradito.

Yo miro a Juan Pérez desconcertado. Pienso que tiene una vida precaria. Que en verdad es un tipo aburrido e inseguro.

Creo que es un pobre tipo. Que lleva una vida mediocre y que la evidencia en este tipo de chusmeríos.

Chusma. Chusma. Pienso…

Sos uno más de los tipos que transcurren sin pena ni gloria.

Respira, respira.

Yo no quiero contestarle, y no quiero que me pregunte. Pero la realidad viene toda junta. Juan Pérez quiso reunirse conmigo por otros motivos. Y ahora yo lo tengo que ver ahí parado, mirándome. Esperando la revelación que le ilumine su incomprensión.

Entonces, pregunta. Y siento que me hago cargo de la vida que le falta.

Pero lo miro extrañado y algo contesto. Me sale una simple frase que aportará confusión.

Entonces Juan Pérez me mira como con las manos vacías.

Y yo empiezo a tipear obnubilado por la pantalla…

Tengo que escribir esto.
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domingo, 23 de mayo de 2010

La Contradicción


En verdad no me preocupa la contradicción. En temas menores, claro.

Si la contradicción es abusiva entonces sí puede generarme inquietud.

Uno no puede andar rifando nombre y apellido en cuestiones mayores.

Los desencuentros son razonables en peculiaridades que no son notables. Si así no fuera, Pedro, Alberto o Raquel estarían en problemas. Porque todos conocemos muy bien a Pedro, Alberto o Raquel. Y nunca podrían haber cometido una contradicción abusiva que nuble su identidad hasta anularla.

En esas circunstancias sí, bien vale llevar las manos a la cabeza, abrir la boca y quedarse impávido. Unos instantes de silencio para tratar de comprender el despropósito.

Fue Pedro, fue Alberto, fue Mabel? Quién sabe.

Si bien podría aceptarse la reconfiguración del ser, hay una previsibilidad que hace a la existencia de cada uno.

Pero en cuestiones menores, cierta contradicción puede hasta resultar provocadora y estimulante.

O bien puede servir de poco.

Pero constituye de alguna manera un carácter que le es propio al decir, no sólo de la escritura, sino también de la oralidad.

De modo que cuando alguien dice una cosa y al tiempo otra, no hace más que exhibir esta naturaleza que le es propia al ser humano.

El que se horroriza de este tipo de disidencias, no debería preocuparse en demasía. Salvo que se observe con exigencia a sí mismo, rechace el supuesto de la naturaleza del ser, y registre todos sus dichos.
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lunes, 17 de mayo de 2010

Juancito



Se terminó.

Qué más, ahora sí.

Vamos juancito, por fin. Eso quería ver. Erguido, firme. Ganador.

Miralo vos.

Saco pecho y voy para adelante. Decidido, confiando.

Ahí voy, abriendo camino. Con la frente alta. Paso a paso. Sin pausa y con convicción.

Sonrío y los miro, camino. Contento.

Voy, voy…

Erguido, firme.

Qué postura juancito. Dale, vamos. Vamos.

Sostené, sostené.

Por fin decido levantar la vista, mirarlos sin decir nada. Y expresarles desde el silencio lo que suponen van a escuchar de este escrito que primero balbucea, habla, quiere gritar…

Y voy paso a paso. Con determinación y entusiasmo.

Voy, voy…

Arriba juancito.

Llevo la sonrisa de quien sabe que llegará a buen puerto. Que el resultado es previsible y está cantado.

Lo veo. Lo ven?

Ahora sí. Firme el pecho. Firme la mirada.

Camino sonriendo. Festivo.

Sin locuras, con raciocinio pero con determinación.

Habría que verme. Miralo a juancito. Ahí va ancho, firme.

Grande juancito. Grande.

Me detengo por un momento. Vuelvo otra vez al pensamiento.

Me he frenado. Justo ahora me he frenado. Estaba divertido y me he frenado.

Maldición.

No empieces a explicar que de la simpleza extraes la verdad, a partir de la cotidianeidad.

Por qué me he frenado. Por qué no poder jugar. Por qué no seguir hablando en serio. Esa es la cuestión. Por qué justo ahora…

Pienso.

Un paso más.

Pienso.

Y sí.

Otro.

Abro las puertas de la vida. Me pregunto a dónde voy. Mientras me miro al espejo.

Y elijo seguir mis pasos.

Chau.
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jueves, 13 de mayo de 2010

El Tiempo



Yo me avivé hace unos años.

No recuerdo exactamente cuándo. Lo que sí sé, lo que tengo bien claro fue la situación, el momento sublime de la elucidación. Donde se insinuó la verdad y emergió la sabiduría.

Estaba entre el público, sentado un poco lejos. Expectante ante la presentación de la charla de Santiago Kovadloff. Tal vez uno de los mayores ensayistas de la Argentina que se caracteriza por la maestría del lenguaje.

Estaba yo, a lo lejos, subsumido en el anonimato. Representando de alguna manera la irrelevancia, la insignificancia de un papel secundario e intrascendente.

Fue al pasar cuando Kovadloff le puso los puntos a las íes. Creo que no se dio cuenta, pero puso los puntos con precisión y elocuencia.

Lo hizo. Y bien hecho que estuvo.

En efecto pasó por la síntesis como si no hubiera advertido ese atisbo de verdad o, para ser más exacto, esa determinación de la certeza.

Una exacta representación que sintetizaba la naturaleza del ser.

Kovadloff había entregado un regalo del cielo y compenetrado en un decir que se volvía cada vez más interesante, se alejaba del presente que nos había hecho sin acentuarlo. Dejándonos la verdad para siempre.

Desde entonces me quedé con su frase, con ese momento excelso de claridad, y la desplegué por la vida. Entregándola como caramelos a cuanto amigo se cruzaba por delante.

Siempre citando la fuente, claro. Y a veces explicando el contexto.

Kovadloff dijo…

Somos tiempo.

Gracias Santiago.
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martes, 11 de mayo de 2010

Lo Fatídico del Ser



Uno puede horrorizarse, quedarse con las manos en la nunca, observarlo todo una y otra vez…

Corroborando el hecho, la decisión que contraria nuestros sueños, los invalida, estruja o descalabra.

Buen término.

Puede escribir con las manos en la nuca, avanzando sobre los párrafos. Lamentándose. Diciéndose a sí mismo.

No, no.

Cómo pudo ser, cómo sucedió.

Maldición. Justicia.

No lo puedo creer.

Y a partir de ahí también bien puede lanzar improperios. Despacharse a gusto con malas palabras que ajustician como sablazos.

Zas, zas…

Y más sablazos de palabras venenosas, y puños al aire, y gritos rabiosos.

Todo eso puede hacer con convicción y determinación. Con el humilde propósito de desapegarse del infortunio fatídico del ser.

Que ha resuelto la malicia con convicción y coraje. En precariedad de actos que deshonran la inteligencia.

Pero yo siempre recomiendo dar vuelta la cabeza, marcharse en puntitas de pie.

Mirar para adelante con los ojos de un niño y caminar como siempre entre margaritas.

Perfumadas.
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miércoles, 5 de mayo de 2010

En Guardia



Hace tiempo he decidido alzar los puños y estar en guardia.

La lucha es subjetiva y no le hace mal a nadie. A lo sumo puede poner en cuestión a mí mismo, a mi identidad.

Pero no importa, si es el precio de sostener la guardia y ofrecerme a la lucha.

Sin violencia, con convicción, vocación, atención y entusiasmo.

Veo las ideas que han taladrado mi cabeza desde niño. Muchas con sanas intenciones y bondadosos propósitos.

De niño las he tomado sin darme cuenta. Las he asumido quizás sin saberlo. Con el convencimiento que hallaba la elucidación, transitaba el correcto sendero.

Me recibía de niño bueno.

Pero hoy renazco con el espíritu de Descartes para cuestionarlo todo.

Para observar el mundo con estos nuevos ojos. Que procuran la simpleza, pero no escapan al desafío del entendimiento y el propósito de la evolución del ser.

Así que alzo los puños para quitar de esta cabecita los supuestos y las líneas que como párrafos de la vida supieron sustentarla.

Me rindo entonces ante lo añejo de las ideas que despido sin duelo.

Y abro los brazos a los nuevos párrafos que me he de escribir.

Salud.
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Un mundo nuevo, un Mundo Bloggers


Gracias a todos por hacer Mundo Bloggers!

Fue como siempre una experiencia enriquecedora y positiva.

Hay un post que se escribió en el blog del evento. Podés leerlo haciendo clic aquí.



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miércoles, 28 de abril de 2010

La Madurez



Una persona madura cuando en verdad puede hacerse cargo de sí mismo. De lo que hace.

Bien dicho.

Se muestra a los demás como es en sus circunstancias visibles y aquellas que pueden caracterizarse por su opacidad.

No se desnuda, claro. Pero es quien es sin necesidad de simulacro.

Anda suelto y contento, simplemente siendo.

Atreviéndose.

El resto es una fachada de mentira que sostiene la inmadurez. Un carácter de precariedad del ser que en verdad no logra manifestarse.

Pienso que todo esto ocurre mientras uno crece. Un buen día se levanta. Se olvida de los ojos que lo miran. Deja de jugar por fin a las escondidas.

Y se atreve a ser quien es.
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martes, 27 de abril de 2010

Mundo Bloggers Lanzó la Inscripción!


Mundo Bloggers Buenos Aires - Lanzó la Inscripción!

Martes 4 de Mayo, en el Jardín Japonés.

Entrada sin costo. Cupo limitado.

No te pierdas este evento inolvidable.

Inscribite haciendo clic aquí
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Blog Oficial del Evento: http://www.mundobloggers.com.ar/

Mundo Bloggers 2010
No vamos a cambiar el mundo.
Vamos a inventar un Mundo Nuevo.
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lunes, 26 de abril de 2010

Roca Blog Day


Se realizó una nueva edición del Roca Blog Day, el evento que convoca a los blogueros de la Patagonia.

Tuve la oportunidad de participar por medio de una videoconferencia. Agradezco a Mariano Vila, Fabio Ruiz y organizadores por la invitación para participar en este destacado evento.



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miércoles, 21 de abril de 2010

El Llanto



No pensé que iba a encontrarlo, pero estaba ahí, listo para protagonizar el encuentro.

Todo empezó cuando abrí la puerta y pasé. Era muy temprano a la mañana y saldría de la experiencia a última hora de la tarde, al anochecer.

Pronto estaba sentado en una ronda con un nutrido grupo de gente desconocida. El momento celebraba la palabra y era una instancia de presentación ante los demás. Así que persistí expectante, observándolo todo.

Percibí desde lejos un boca torcida hacia abajo, con una mirada de tristeza que parecía predisponerse a la emoción.

Extraño, pensé.

Los relatos comenzaron y fueron varios quienes insinuaron un llorisqueo incipiente que luego se transformó en llanto.

Los motivos eran lícitos y el llanto más que valedero. Era una expresión de la autenticidad del relato, una elocuencia del sentir más íntimo que permitía revelarse ante los ojos de los demás.

Los relatos se sucedían mientras me inquietaban, al mismo tiempo que me hacían sentir la dicha de la vida que me va tocando vivir.

Pensaba en los infortunios, en los golpes de la vida, en la carga que significa para muchos la pérdida inesperada que termina enfrentándolos con una realidad que les cae encima…

Yo pensaba, y los relatos se continuaban.

Fue entonces el turno de la persona que veía desde lejos, con la sonrisa vencida y los ojos humedecidos.

La joven tomó la palabra con convicción y presencia. Y al poco de andar, pareció trastabillarse en una emocionalidad que pugnaba por hacerse notar. Fueron un par de palabras más que iban cediendo hasta quebrar su voz y aparecer intermitente la congoja.

Fue ahí cuando la insinuación se transformó en llanto. Una expresión auténtica y efusiva de la tristeza, que nos dejó a todos con los ojos abiertos ante el acto desgarrado que había superado cualquier tristeza.

La joven se quebraba en su voluntad de continuar el relato y tropezaba una y otra vez con lágrimas que inundaban todo su rostro, entre palabras entrecortadas y un sonido de frustración e imposibilidad.

La tristeza lo protagonizaba todo y el silencio abrumador de la sala inmovilizó los cuerpos y centró la atención, mientras el sonido de la amargura se cortaba por bocanadas de aire que parecían ser las únicas capaces de atenuarlo.

Un llanto con todas las letras que echó por tierra los otros, que a esa altura se recordarían como atisbos de tristezas menores, en verdad insignificantes, aún cuando los motivos podían ser más importantes que este aterrador llanto.

El relato continuaba desde la dolencia más profunda, y llenaba de lágrimas el rostro de la joven que voluntariosa, persistía en dichos entrecortados que ascendían a una instancia de la manifestación del dolor nunca vista.

Mientras los compañeros de al lado de la muchacha tomaron cartas en el asunto. Apoyaban sus manos sobre su espalda para calmar la dolencia, pero cualquier intención era en vano ante aquel decidido y arrollador llanto.

Nunca vi a nadie desgarrarse así en un instante. Y aún, sin haber entendido los motivos que procuraban esbozarse, aquellos que fundamentaban la elocuencia de la tristeza, debo decir que eso, eso sí que era una consagración del llanto.

Sin dudarlo, persistí en silencio para observarlo todo.

Supe que ese sería el llanto más importante que vería en mi vida. Nunca jamás observaría algo así, era una certeza, lo sabía yo, al igual que cualquier persona que atestiguó la desdicha.

Pero no sospeché que al día siguiente habría un encuentro similar. De cuerpos sentados en rueda para tomar la palabra. Y no imaginé la nueva instancia de desempeño que, a su turno, sería capaz de alcanzar esta muchacha.

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lunes, 19 de abril de 2010

Respiro



Hace unos días que no escribo, y es como si me faltase aire.

Escribir es tomar una buena respiración y propinársela a la hoja para manchar los párrafos.

De manera que inhalo, y exhalo.

Palabra.

Tras palabra.

Uno se siente más vivo al recorrer los párrafos. Dejándose llevar por el laberinto de esta linealidad, que invita a avanzar palabras para entregarse al otro.

Que mira.

Expectante.

Sin decir nada.

Pero sabe que algo pasará, si sostiene la mirada y cede al silencio.

Mientras los párrafos progresan.

Y yo, respiro…

Respiro.

Uffffff.
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jueves, 8 de abril de 2010

La Jugada



Tomo la pelota, levanto la vista y me freno.

Observo el terreno de juego. Las contrariedades que puedo anticipar. Los riesgos que se perciben. El viento que aparece como un obstáculo.

¿Por qué hay tanto viento hoy? No entiendo.

Sostengo la pelota en el pie, mientras reflexiono hacia dónde ir. Cómo llevarla y hacer realidad el propósito de dejarla dentro del arco, que se vislumbra a lo lejos.

Tengo la certeza de que el balón entrará, dará en la red y levantaré los brazos. Para liberar en un grito la celebración.

Pienso, mientras veo la jugada.

Pero el aburrimiento viene a insinuarse, a recordarme que tengo que hacer la elección. Me exige que resuelva entre la reflexión y la acción.

Quiero un ratito más. Pero no, basta de patrañas. Me digo. Me impongo.

Entonces sí.

Tomo aire, miro fijo la pelota que persiste entre mis pies. Mientras advierto una vez más la distancia hasta el arco.

Una cortita con derecha.

Otra.

Corro, corro.
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miércoles, 7 de abril de 2010

Vocecitas


Hace un tiempo procuré apagar las vocecitas del silencio.

No sé por qué venían a mí, se instalaban y empezaban la fiesta.

Atento les abría la puerta, quedaba en silencio y me permitía escuchar.

Las vocecitas me hablaban de todo y de todos. Se encaprichaban con ciertos temas, se volvían reiterativas, insistentes…

En verdad las vocecitas eran molestas. No me dejaban tranquilo.

Pero hace un tiempo me di cuenta de la intrusión, que si bien no era compulsiva, se facilitaba vaya a saber uno por qué vocación íntima o interés extraño que reclama escuchar.

Ahora hace un tiempo que las vocecitas merodean. Se anuncian. Me dicen que aquí están.

Sé muy bien que me miran inquietas desde el silencio.

Porque hacen notar su presencia y sonríen para invitarme a jugar.
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