viernes, 30 de diciembre de 2011

Poder

Hoy pude.

Podría no haber podido, como tantas veces. Pero no, hoy pude.

Quizás por eso estoy contento, sonriente. Como quien logra el resultado, proyectó a lo lejos. Apuntó.

Tomó carrera…

Y la metió en el ángulo. Viendo desde lejos cómo la pelota se desplazó en el aire, llevó un futuro decidido pero incierto. Y se estampó en la red. A la vista de todos.

Es cierto que uno es efusivo, realza quizás pequeñeces. Llama la atención sobre sutiles aspectos de la vida que quizás suenen como nimiedades, si uno los anuncia. Los sube al escenario y los presenta.

Pero no estoy aquí para denigrar el hecho ni atemperar el acierto.

Por el contrario, me detengo a tipear algunas letras para precisar el momento subjetivo y atraparlo. Uno entiende cuando observa, sintetiza con intensión, y asciende así a una posibilidad de comprensión que le facilita efectividad en su vida cotidiana.

De modo que bien vale pararse frente a la jugada, contemplar el momento inicial que visualizó el pelotazo. Mirar con atención la corrida, y acompañar con la vista el trayecto de la pelota que se incrusta en el arco.

Toda una pantomima de metáforas para descubrir que el hombre se debate entre poder y no poder. Que anda como un péndulo en la vida, aunque prepondere tal vez un extremo. El que lo relata como ser humano en su personalidad.

Es por eso que hay que detenerse frente a los hechos de cierta relevancia que emergen en la vida. Ascender a la claridad que buscamos. Descubrir la importancia de comprometernos con el lugar poderoso que se asienta dentro de nosotros mismos.

Visualizar la próxima jugada.

Y darle con todo a la pelota.




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jueves, 22 de diciembre de 2011

El Juego

Una vez descubierto el juego, uno puede liberarse de la trampa.

Todos jugamos.

No digan que no, que no es así. Que aquí no hay ningún juego, que nadie juega…

Cuando digo todos, hablo de todos. De mí y de ustedes también.

No me importa que alguien se enoje, levante la mano y enfatice.

Me mire con cara de pocos amigos y me diga:

-    No, no. Yo no juego.

Alto. Alto ahí.

Mejor que interrumpir es escuchar. Y una característica superadora a la ansiedad es la paciencia, porque en la paciencia hay calma y reflexión. Mientras que en la ansiedad hay impulso y demencia.

Si exageramos. Claro.

Porque no voy ahora a decir que el ansioso es un loco. Que sólo se constituye en su locura por interrumpir. Por mirar desde lejos y participar.

No.

No diré eso. Porque haría que otro también observe esa disidencia. Descubra cierto desbarajuste de la afirmación. Y levante estoico la mano.

Para puntualizar esa sutil diferencia entre la fallida verosimilitud de lo dicho. Que procuraba pintar el mundo tan solo con unas breves palabras.

Pero no nos distraigamos ahora. Volvamos a lo nuestro.

A la temática y al énfasis de lo dicho. La determinación que hoy acontece.

Todos jugamos.

Todos participamos de ciertas trampas, propias y externas que nos constituyen, y se nos imponen.

Y todos tenemos el desafío de liberarnos de ellas.




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Y entonces...

Y entonces qué? –le dije agobiado.

Cansado de terminar el relato comprometido, hacer la pausa oportuna y escuchar la misma respuesta.

Me miró como quién recibe la provocación. Permaneció en silencio y sostuvo la mirada.

Yo no soy el guapo del novecientos. No me gusta hacerme el malandra, caminar erguido como para enfrentarlo todo. Y desenfundar el puñal.

Para ajusticiar luego.

Apenas lo miro al hombre que me agobia, saco pecho como un niño que exige una explicación.

Que se ha ofendido, porque descubre que no pasa nada con el juego. Y se siente burlado en su sana predisposición.

Sostengo entonces la mirada clavada en la respuesta que no llega.

Mientras las palabras retumban.

Y permanezco en silencio, frente a aquél psicólogo de aquellos años.

En la última sesión.



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Tristeza

Debe ser el tema de la vida que marcha.

Avanza sin detenerse, mientras somos apenas partícipes secundarios de una representación que nos excede.

De ahí debe venir la tristeza, los vestigios de esa sensación extraña que permanece en las profundidades. Se sostiene en un recóndito lugar del ser, mientras camino.

Ando por la vida.

Como quien pasea entre vaivenes y circunstancias, para observarlo todo. Muchas veces con ojos abiertos, muchas veces sin ver.

Es raro sentir que la vida nos habla aunque no la escuchemos. Aunque nos hagamos los distraídos y miremos para otro lado.

Todos crecemos. Todos cambiamos.

Hasta el mismo cuerpo avanza sigiloso y en silencio hacia un natural despliegue, una transformación que opera inadvertida para nosotros, pero tarde o temprano se hace visible para los demás.

Es triste bucear en las certezas que nos sobrepasan. Mientras nos empeñamos por simplificarlo todo.

Sonreímos ante la foto, o brindamos con champán.

Aunque la tristeza de fondo permanezca y nos recuerde que acontece.

Sólo para que la observemos, cuando nos ha venido a buscar.



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miércoles, 14 de diciembre de 2011

El Gordo


El godo no fue a trabajar.

No sólo no fue, sino que presentó la renuncia. Se cansó. Evidentemente se cansó.

-Qué te dijo?

-No sé, lo único que te habla es de Gabriela. Todas las razones son de Gabriela, de tu hermana. Pero decía también de Córdoba que no le pagaron…

-Cómo le vamos a pagar si fue dos días a trabajar y después faltó. Si piensa que va a conseguir laburo así está en pedo, le pegan una patada en el culo al segundo día.

Al gordo no le gusta el laburo. Falta. Llega tarde. Desaparece por momentos.

Qué se yo cuál es la historia. Si es tan así, si estamos o no ante la presencia de un vago. O un buen hombre indignado que resolvió colgar los guantes.

- El gordo no va a retomar, no retoma.

Y qué pasa con Gabriela, quizás ahí está la explicación de todo. Porque lo que siempre el gordo aducía iba por ahí, aunque mencionaba otros motivos. Que no le pagaron lo de Córdoba por ejemplo. Quizás un motivo más que valedero para ofuscarse y tirar todo por la borda.

Son tres los que están en la mesa del restorán del microcentro, pero sólo dos están enredados en la conversación que tiene al gordo como protagonista.
Llega el padre de uno de ellos, aparentemente el mandamás. Un hombre de unos sesenta años.

- Bellini, yo lo llamé a Bellini.
- No, no, Belghini –lo corrigen.

Ahora la cosa es con Belghini o Bellgini. Algo pasa también con este tipo.

Todos hablan ahora de Belghini y el gordo queda de momento liberado.

El mozo me acerca la cuenta. Le pago, y me voy.




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martes, 13 de diciembre de 2011

Intensidad


Uno puede abrir la boca y declarar. Enunciar las palabras justas. Como advirtiendo del futuro que vendrá. Llegará indefectiblemente algún día. Mientras nosotros testifiquemos su presencia.

Entonces uno afirma convencido. Y anuncia la aparición que emergerá tiempo después. Como entusiasmado en el dicho.

Certifica.

Mientras otro lo ve sin preguntarle nada. Sólo como partícipe secundario de cierta predisposición, que es en verdad un vaticinio que se muestra determinado.

Dice entonces que vivió y vivirá con intensidad.

Despliega así el propósito irrenunciable. Que no es más que compartir el trasfondo de la certeza. La verdad que hay detrás de las palabras y sostiene la creencia, que actúa como piedra fundacional de su existencia.

Porque es en ese recóndito lugar donde uno permanece. Aunque aparezca en la superficie. Mencione una u otra cosa.

Participe también de tal o cual jueguito.

O pronuncie las palabras que quiera.



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viernes, 25 de noviembre de 2011

El Rol del Community Manager

Invitado por la Universidad de CAECE, el miércoles próximo daré la charla que se difunde abajo. La dicté por primera vez el 3 de noviembre, pero me sugirieron reiterarla para que puedan asistir quienes no consiguieron lugar. Les dejo entonces la invitación! 






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Piruetas


Toda la escritura de alguien debe reducirse a su texto definitivo.

Pienso.

Porque en síntesis el autor busca alcanzar el objetivo. La precisión de las palabras que merodearon primero para encontrar un resultado después.

Libros enteros son mediadores entre el escritor y el texto definitivo.

La instancia notable que valida por fin la obra.

Si no hubieran estado esos textos, el libro verdadero no hubiera existido.

De ahí tal vez la propuesta de cierta tolerancia al lector. De un acompañamiento sigiloso y decidido. Porque el autor llega luego de que muchas veces tropieza.

Es como patinar.

Si uno no cae nunca, no espere que mañana dance como loco sobre ruedas.

O pueda ensayar respetables piruetas.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook. Los contenidos de este Blog no forman parte del libro.  



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jueves, 24 de noviembre de 2011

Cumpleaños



Hoy es mi cumpleaños.

No sé muy bien qué hacer con esto. Quizás por eso decido escribir. Decir algo ante la fecha que se supone sublime.

Cumpleaños.

Raro por estos tiempos, porque si algo no espero es que llegue mi cumpleaños. Quizás porque hay una resignificación con el paso del tiempo, que nos hace valorar más lo que resta de la vida. Que lo que se anuncia que va a venir.

No reniego de la fecha, mucho menos de conmemorar el día. El cumpleaños es siempre de alguna manera un encuentro con uno mismo. Una instancia que se presenta y tenemos que asistir.

Quizás para detenernos un momento, reflexionar sobre lo que hemos hecho con la vida, la situación en la que estamos, el diseño de la vida que nos resta vivir.

Tal vez por eso ahora escribo.

Me veo tropezando muchas veces, levantándome de nuevo. Enredándome en situaciones para desenredarme después. Confundido y claro a la vez, con el propósito de quien quiere vivir con plenitud e intensidad.

A veces me pregunto si seré capaz de preguntarme con la mente y responderme con el corazón.

La vida es una artimaña de alternativas que se reducen siempre a una decisión.

Que no es más que la responsable de definir el camino. Dejándonos inmersos en la existencia.

Mientras hacemos nuestros pasos.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook. Es también autor del libro de superación personal El Campeón.

http://www.cuspide.com/9789871301652/El+Campeon/




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martes, 15 de noviembre de 2011

Sensibilidad


Es extraño que la sociedad valore cuestiones muchas veces externas al ser humano. Así, se admira el nivel de poder, de riqueza o prestigio. Mientras que pasan desapercibidas otras condiciones más propias del ser humano. Que relatan en verdad el tipo de persona que es. Porque son características que lo revelan.

Muchas veces me pasa que distingo espontáneamente los indicios que separan a alguien de lo que es, de lo que parece que es.

Es una práctica habitual reconocer al otro por sus características intrínsecas, sus valores, su forma de pensar y actuar. El nivel de imaginación, creatividad, inteligencia o solidaridad, entre otras posibilidades.

Mis ojos procuran ver lo interno, más que lo externo. De ahí que un gran mandamás no sea más que una anécdota irrelevante en la vida. Porque el título que lo acontece no incide en la percepción de su persona. De modo que se vuelve relevante cuando detrás de los ropajes aparece la calidad de ser humano que uno logra distinguir.

Así es la vida cuando el otro pasa por delante.




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jueves, 10 de noviembre de 2011

Escritos a Mí


Los escritos deberían venir a mí. De alguna manera deberían llegar hasta mi pensamiento, ascender desde algún horizonte y revelarse tras el sistemático tecleo de mis dedos.

Eso debería ser así.

Uno sabe que así tendría que ser. Porque esa dimensión inmaterial y misteriosa, existe.

Bien que existe.

Por eso nada más debería manifestarse de repente. Venir a buscarme y expresarse con lo que tenga que decir. Que no es poco. Porque la vida es compleja, el ser humano es extenso.

El universo mismo es infinito.

Y vaya si hay para decir, para escribir. Para divertirnos.

No estamos para otra cosa.

Eso lo sabemos. No sólo lo sabemos sino que lo asumimos. Usufructuamos de alguna manera la inteligencia de la síntesis. Que nos lleva a esquivar el sufrimiento y adentrarnos en la sabiduría.

Sapiensa que nos invita a disfrutar. A celebrar cada día, como si fuera el primero o el último.

Para algo estamos.

Porque aunque esa inmaterialidad no se revele. Se muestre esquiva, o esté de vacaciones.

Todos los días son un buen motivo para escribir.

Y para celebrar la vida.




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sábado, 5 de noviembre de 2011

Parlanchín


Creo que es cierto esto de que cuando uno no tiene nada que decir, es mejor que se calle la boca. No intente abrirla por nada del mundo. Porque para qué va a abrir la boca si no tiene que decir nada. Más vale que no engañe a los demás, ni mucho menos se engañe a sí mismo. Porque si abre la boca cometería el despropósito de realizar el acto. Acto improcedente e inoportuno. Si es que no tenía nada que decir. Nada llamativo, nada relevante. En verdad nada que justifique pronunciar sonidos. Hacerse cargo de ellos. Y desplegarlos frente a otros oídos que sí. Que tienen la generosidad de estar atentos. Alertas. Para decir, a ver qué está diciendo. A ver qué es lo que quiere decir. O qué hay por detrás de estas palabras, estas frases. Porque los oídos trabajan igual aunque quien abra la boca acometa un acto de irresponsabilidad al desplegar imprudentemente palabras. Que siempre ofrecen sonidos, pero muchas veces no dicen nada.




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viernes, 21 de octubre de 2011

El Provocador


Al provocador no le tengo ningún miedo. Lo veo cada tanto sólo para que me despabile.

Quizás por eso pensó en el método del sablazo o la cachetada.

Así que se despacha a gusto.

Mientras yo lo miro como si no pasara nada.

Me pregunto qué le pasa a este hombre. Por qué cae con tanta facilidad en la violencia. Se deja apresar sin resistencia de las agresiones. Y lanza las palabras con ánimo de puñaladas.

Pero no digo nada. Pienso ante la obra que acontece.

Hablo siempre. Contesto a veces.

Siempre.

Lo escucho.

Me mira y lo miro. Como si estuviéramos los dos presos del momento. Imbuidos en un contexto confidencial y eterno. En un recóndito lugar de la ciudad de Buenos Aires.

No es poco lo que hacemos.

Miramos la vida desde distintos ángulos.

A veces, eso sí ocurre. Algunas veces.

El me sugiere lo que ve y lo que yo tal vez no percibo.

Entonces insiste para que me despabile. Y exijo una mayor explicación para que fundamente. Una descripción más precisa que delate su mirada.

Todo ocurre con el trasfondo de una provocación cizañera. Que generalmente se desahoga desde los primeros minutos.

Nunca sé por qué. Pero sospecho.

Entonces la provocación anda a sus anchas. Agazapada por momentos parece que se ausenta. De repente asesta.

El da y yo recibo. Aunque, a veces, también doy.

Para qué voy a mentirme.

En el final no ocurre nada notable. Me llevo los golpes que tal vez me avivaron.

Y camino ileso, despacio. Recobrando la conversación que permanece.

Mientras respiro el reconfortante aire de esta gran ciudad.




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martes, 18 de octubre de 2011

Uno


Uno no. Uno no corresponde. Uno no se dice.

Quién es uno?

Bueno, uno es uno. Quién va a ser. Si dijo, uno. Por algo dijo uno. Se animó hasta ahí.

Es respetable, aunque parezca una trucuñuela. Porque de alguna manera lo ampara entre bambalinas.

No dijo, yo. Dijo uno.

Como si uno fuera entonces quién? Uno es él, uno somos todos.

Ahí esta el tema. Uno dice uno y de alguna manera reclama solidaridad.

Acompañamiento.

De modo que no se siente tan solo. Exige de algún modo que otro esté al lado.

Lo agarre de la mano. Lo acompañe.

Entonces a veces no esta mal que alguna subjetividad de algún modo menguada apele a la treta.

Consciente o inconsciente.

Aquí no hay una orquestación filosófica tesiática que sustente el accionar.

Es en parte sincero desde esta perspectiva.

Así que no es tan grave que uno cierto día escriba para dilucidar el truco. Evidenciar la maraña.

Se pregunte quién carajo es uno.

Y descubra a la persona detrás de las cortinas.




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miércoles, 12 de octubre de 2011

La Puerta



Debo reconocer que voy hasta la puerta.

Golpeo.

Y suelo pasar.

Muchas veces. Esto es claro.

Muchas veces llego a la puerta. Después de andar unos pasos arribo. Cargo cierta expectativa.

Toco timbre.

Es el momento oportuno, cuando la realidad se define en una palabra. Porque no nos engañemos. El mundo es complejo pero la realidad siempre se reduce a una palabra. A una determinación que relata de un zarpazo el mundo.

Lo muestra en colores o en tonalidades de grises.

Es así. Nos guste o no.

Entonces, decía.

Decía que entonces llego a la puerta. Llego contento. Generalmente contento, como si fuera silbando bajito.

No silbando. Eso no. Eso es una metáfora. Una imagen que cumple un sutil propósito.

El propósito de develar la animosidad. El estado anímico de quien despliega sus pasos.

Sólo esa sutil descripción. De ahí el silbido. Y de ahí también la representación de cierta sensación. Cierto bienestar que denuncia a la persona. Lo presenta ante el mundo.

Aunque no vaya silbando. Porque eso no ocurre. Que quede bien claro.

Lo que sí es cierto es la caminata. Los pasos que van directo al objetivo. Sin siquiera percibir los charcos, las piedritas y ocasionales pozos del camino.

Los pasos son muy ciertos. Al igual que el timbre que tarde o temprano aguarda. Para que uno llegue contento.

Silbando bajito.

Y lo toque.

Siempre frente a la puerta.




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miércoles, 5 de octubre de 2011

El Acomodaticio


Es posible que despache puñaladas a mansalva. Pero me contendré de hacerlo. No es mi intención ensangrentarme con este escrito, ni quedar como un refunfuñón a la vista de ustedes.

Así que más vale que respire hondo. Contenga el aire.

Vuelva a respirar.

Antes de hacer justicia. Lanzar los primeros puñetazos y despacharme a gusto.

Porque ganas no me faltan. Por el contrario, estoy deseoso de acometer violencia. Liberar la ira que me está molestando.

Agarrar a alguien del cogote.

Sin riesgo de ajusticiarme. Porque qué van a hacer.

Nada.

Cuando uno se entromete en lo simbólico está liberado. Impoluto.

Imposible de ser ajusticiado.

Por eso es buena la escritura, para evitar los aprietes. El juicio que se impone. Y escuchar el veredicto.

Aquí uno despliega la ira sin problemas. Propina golpes o puñaladas.

Vuelve a arremeter a gusto.

Aunque el acomodaticio se inquiete. Sienta que se le viene el agua.

Mire de lejos y hoy. Justo hoy que era el día.

Se escape.




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viernes, 30 de septiembre de 2011

La Actuación


Uno no es actor por naturaleza, pero siempre despliega ciertas dotes.

A mí me pasó el otro día. De repente estaba embaucado en mí mismo. Sumergido en una representación que invadió mi cuerpo y consustanció mi ser.

Ahora lo advierto.

Porque yo no compartía ese desempeño del comportamiento.

Lo vivenciaba.

Eso sí.

Pero no lo compartía.

Cómo puede ser entonces. Preguntarán.

Y yo me quedaré con la boca abierta. Porque eso fue así. Ocurrió de ese modo.

Se impuso por gracia de Dios.

De alguna energía que vino expresarse.

Quizás revoloteaba y yo andaba distraído. Andaba por ahí haciendo de las mías. Como cualquier vecino.

Viviendo, indefectiblemente.

Que otra cosa iba a hacer.

Entonces claro.

Ah…

Sí, sí.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook. Los contenidos de este Blog no forman parte del libro.  



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martes, 20 de septiembre de 2011

Molestia


Me gustaría empezar a escribir algo distinto. Algo más extenso, como vengo anunciando. Con párrafos más prominentes. Que se sostengan por su propio peso. En varias oraciones que no se interrumpan.

En un salto.

Para empezar en otro párrafo. Y dejar así de alguna manera expuesto mi ser.

Mis ansias.

Algo de eso debe haber. Que me lleva a saltar párrafo a párrafo. Inquieto y apresurado. Como buscando avanzar sin pausa. Vaya a saber por qué motivo. Entonces apenas me detengo, qué hago?

Salto.

Y así no puedo andar escribiendo párrafos más respetables. Más prominentes. Que me dejen a mí luego en la lectura como imbuido entre palabras que despliegan ideas. Pero ahora mismo estoy intentando. Detener la inquietud. Pausar el salto. Permanecer aquí como en penitencia para seguir con la fiesta. O el escrito que merece un párrafo más extenso. De unas cuantas oraciones que se suceden. Se superan unas con otras para cumplir el objetivo de honrar la extensión. La permanencia del sostenimiento en algún lugar. Que de alguna manera no es ni más ni menos que experimentar la paciencia. Abordarla primero para honrarla después. Sustentándose uno en la calma que persigue el objetivo. Pero quiere tirar todo por la borda porque no resiste. Se reconoce molesto. Como maniatado. De modo que forcejea contra la realidad. Mientras decide renunciar a la molestia.

Con el punto final.



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sábado, 17 de septiembre de 2011

Que Va...


Que va, si un día agarro y escribo. Todo así despreocupado. Como fluyendo. De un renglón al otro. Sin que me importe nada.

Como extremando la espontaneidad. Incitándola en su grado supremo. Palabra a palabra.

Pero a dónde voy a llegar dirán ustedes. Si al final ya me he liberado. He subido al escenario y bailado desnudo.

Sin que sea obsceno. Ni mucho menos.

Porque si es cierto que hay desnudos recurrentes. Lo que se debe aceptar. Lo que se debe puntualizar. Para hablar con justicia.

Es que han sido desnudos estéticos.

En verdad son sólo manifestaciones del ser.

Nada tiene que ver con otro tipo de elucubraciones entusiastas.

Que pueden ser también estimulantes.

Aquí no estamos para juzgar al otro, sino para observar la vida.

Por eso decía simplemente que, que va…

Que va si algún día me hago el guapo. Sí, el guapo del novecientos. Y no sé por qué del novecientos. Porque estamos en dos mil.

Pero como guapo agarro y escribo a voluntad. Le entrego al otro los textos para que los vea y elucubre.

Si es inteligente va a entender todo. Trepará hasta el árbol y observará hasta donde yo no he divisado.

Si se queda en pequeñeces. Bueno, ahí es otro tema.

Porque sería responsable.

Y quizás…

Quizás debería ser juzgado.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook. Los contenidos de este Blog no forman parte del libro.  



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La Libertad


Cierta lógica se ha apoderado de mí. O yo me he apoderado de ella.

Es extraño detenerme en esta esquina para observarla. Lo he hecho alguna vez, pero no con recurrencia.

Hoy me detengo y veo.

Con el fin de contemplarla. Para entender sus mecanismos, sus lógicas. Su forma de obrar.

Silenciosa y decidida.

Después de todo estoy maniatado por ella. Y si quiero liberarme necesito conocerle su juego.

De tan atrapado que estoy, casi que me siento cómodo. Que no me quiero soltar.

A mí nunca me gustaron las despedidas.

Está bien así. Pienso.

Es una incomodidad cómoda. No se ve tan mal.

Además, por si fuera poco. Debiera reconocerlo.

Claro.

Me acompañó un buen tiempo. Me acompaña para ser más exacto.

Pero no estoy aquí para justificarla. Por el contrario debería alzar los ojos. Mirarla. Delimitarle su accionar.

Exigirle explicaciones. Impedirle algunos propósitos. Supervisar sus facultades.

Eso estaría bien. Sería una práctica disciplinaria.  Para empezar a ordenar las cosas como son. A dejar claro quién manda.

Así que saco pecho y tomo aire.

Pero sólo voy a observarla, con el propósito de ver cómo funciona.

Es un avance, sin dudas.

Mañana tal vez resuelva que todo está bien.

O decida por fin escaparme.



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Emergencias de la Desdicha



Ando por la vida con cierta atención por el ser humano y sus vicisitudes.

Con cierta pretensión de observarlo para comprenderlo. Quizás con la finalidad de procurar entendimiento. Ante la experiencia existencial que se nos impone. Que en verdad nos ocurre.

Es esta inquietud la que me lleva a abrir los ojos y la que me incentiva a la reflexión. Con expectativa o ilusión de entenderlo todo.

Mientras caigo una vez más en la desdicha de la incomprensión. Que invita a rescatar el ánimo para impulsarse de nuevo en búsqueda de entendimiento.

Así ocurre mi relación con la verdad y la expansión de consciencia. Uno se acerca sigiloso y la va a atrapar. Silbando, mirando para el otro lado, andando…

De repente.

Las manos vacías del prometedor zarpazo.

De manera que a uno sólo le queda refunfuñar por la desdicha. Repasar de nuevo las causas de la imprecisión.

Tomar aire.

Intentarlo de nuevo.




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Claridad


Un día las cosas van a estar todas claras.

Bien claras.

Es ahí cuando uno va a sonreír, va a pasar al frente.

Por fin con el pecho erguido y la mirada en alto. Advirtiendo, sintiendo, experimentando…

Que es su turno. Que es el momento apropiado. Indicado.

De modo que la sonrisa le llega al alma. La percibe, la vivencia desde un silencio inconfesable. Que sólo puede advertirse en la intimidad del ser.

Disfruta.

Respira una y otra vez, dejándose imbuir por la buena noticia.

El reloj ha marcado la hora.

Mientras uno se levanta y chequea. Con cierta preocupación, pero también con la sapiencia de la certeza.

Tiene el número.

Lo tiene.

Y no le importa nada más.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook



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La Realidad



Uno va con un martillo sobre la realidad. Aunque a veces se encuentra con una roca que no cede.

Está bueno confiar. Pensar que martillazo tras martillazo se alcanzará el resultado. Creer en la perseverancia del propósito, en la persistencia de la acción.

De manera que vale la pena insistir. Sostener, diría.

Como la realidad suele no ceder con facilidad, es bueno tomar ciertos descansos. Alejarse un poco de la imposibilidad.

Tomar aire.

Y volver a arremeter con renovada decisión.

Creo en ese sostenimiento. Esa voluntad firme que mantiene la vista clavada en el propósito.

La misión irrenunciable.

Pero he aquí la cuestión. Y disculpen que me detenga. Justo ahora. En el momento preciso.

He aquí la cuestión. Reitero.

La persistencia y perseverancia no son el todo. Son apenas ciertos vestigios de una ideología que puede ser saludable. Que puede insinuarse efectiva.

No más que eso.

Es preciso cuestionarlas y observarlas. Porque en el momento de lucha, cambia uno y la realidad.

De manera que puede ser una propuesta indicada, girar la cabeza hacia otro propósito.

Observarlo con ojos de niño.

Y recuperar así el entusiasmo, que nos impulsa a caminar.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook. Los contenidos de este Blog no forman parte del libro.  



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El Cuerpo


Siempre andaba bien.

Pero el cuerpo se me cansó de golpe el otro día.

Raro.

A la noche empezó a manifestarse. Lo advertí desde el comienzo. Con un dolor en la garganta que exigía atención.

Estaba en la cama a oscuras cuando lo detecté. Entonces empecé a susurrar palabras.

- Hola, hola…

Ahí mismo advertí las dificultades. La voz se empeñaba por salir, pero un fuerte dolor replegaba sus intenciones. Y reducía el sonido a volúmenes insignificantes.

Otra palabra para otra certeza.

La comunicación con la noche se transformó en una relación complicada. Las palabras dolían como puñaladas. Y pronto se impuso el silencio.

De golpe llegó el sueño.

Seis o siete horas sin saber más nada.

Ni yo dije más palabras. Ni el cuerpo exigió que me replegara.

Fue al despertar donde el cuerpo se reveló sin miramientos. La voz no se escuchaba, y yo estaba atrapado en este paquete de huesos y músculos. Con una picazón en la garganta que me provocaba.

Me levanté refunfuñando por esta imposición de la naturaleza. Fui hasta el baño. Abrí la boca frente al espejo y no noté nada raro. Así que me lavé los dientes y perfilé para la puerta.

Nos vamos de todos modos, pensé.

A sacar sangre para cumplir con los análisis.




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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Hipocresía


Me llama la atención la gente que tiene la habilidad de exhibir una persona, cuando en verdad es otra.

Con la destreza de un gato.

Caen siempre bien parados.

Mientras todos quedamos embaucados tratando con una persona que no es. Enredados a la apariencia que nos engaña.

La hipocresía más afinada logra su fugaz cometido, no tanto por orquestar con destreza la mentira. Si no por creerla y vivenciarla.

Es cierto que el hipócrita embauca un poco a los demás. Pero mucho a sí mismo.

Deja así su ser envuelto en trucuñuelas que lo atormentan. Y convive haciendo equilibrio para sostener sus mentiras.

Es fabulador el hipócrita. Carga sus farsas a cuestas por toda la ciudad.

Confundido y embrollado en sí mismo persiste.

Sin que podamos desenmascarar.

Es notable, llamativo y debemos reconocer.

Habilidoso.

Hay una virtud elocuente en la capacidad de engatusarnos.

De recorrer esa delicada línea de hacer creer que se es alguien, cuando en verdad se es otra persona.

Pero no hay habilidad inusitada que no decaiga con el transcurrir de la vida.

Porque siempre el tiempo se encarga de todo.


Escritos de la Vida - Juan Valentini     *Juan Valentini es autor de "Escritos de la Vida", disponible en papel y ebook. Los contenidos de este Blog no forman parte del libro.  



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viernes, 9 de septiembre de 2011

La Edición


Protestaba de la edición.

A mí no me gusta la edición.

Porque una cosa es escribir. Inmiscuirse en la hoja en blanco para procurar elucidación.

Y una muy distinta.

Es la edición. La búsqueda persistente del error sistemático. Del yerro. De la equivocación.

La obsesión sostenida por señalar lo que está mal.

Lo que objetivamente está mal. O subjetivamente no es conveniente.

Lo suponía. Lo presentía.

Es cierto que muchas veces no es necesaria la experiencia. Basta con la proyección mental para visualizar circunstancias. Sentirlas y vivenciarlas.

Claro.

Además la edición.

Pensaba…

Atenta contra la espontaneidad. El valor supremo que justifica mis principios escriturales.

De modo que entonces es un acto de traición. De negación del ser.

Pero no quiero exagerar. Ni desalentar lo que quizás para otro es un sano espacio de reencuentro con lo escrito.

Aunque me permito pensar que la edición no es tanto un acto de corrección. Como nos quieren hacer creer.

Eso se observa quizás en la superficie. Es la caricatura que sostiene la fachada.

Porque la edición es en verdad.

Un acto de ajusticiamiento.




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viernes, 2 de septiembre de 2011

Persistencia


De chico escuché hablar sobre el valor de la persistencia. La determinación para sostener las circunstancias desde el inicio.

Hasta el final.

Como exigiendo al comienzo perdurabilidad.

A cualquier precio.

Negando así la alternativa de la renuncia. Y la liviandad que supone el abandono.

Bajo pretexto del valioso mérito que implica ascender a la meta. Y mostrar la medalla.

Hoy renuncio a la virtud de la permanencia. Desconozco la grandeza de su jerarquía.

He venido a ajusticiarla.

Porque a veces no hay nada notable en ella.

Creo en la fluidez del transitar y el cambio.

Como una religión que enaltece el ser.

Lo pasea por mundos inciertos. Y aunque se caiga una cuantas veces…

Lo invita a vivir otra vez.
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miércoles, 31 de agosto de 2011

Tal Vez...


No escribo todo el tiempo. Sólo cuando tengo suerte.

Es suficiente.

Porque a veces viene el relato a mí. Sólo despliego el silencio en palabras.

Facilito que se visualice lo oculto. Que por alguna razón de la naturaleza reclama manifestarse.

De modo que me ofrezco. Como tantos otros.

A escribir.

No sé si la escritura es buena. Regular. O mala.

Tampoco es algo que en verdad me importe.

Lo único que sé es que hago garabatos, que luego observo.

Basta con mirarlos para sentir que he cumplido. Un poco con la voz exterior. Y mucho conmigo.

Suelo marcharme con la satisfacción de ver algo realizado.

Aunque parezca nimiedad, la aparición se ha revelado.

Sólo resta que ojos atentos sepan apropiarla.

Por alguna razón alguna grita del vacío posibilitó cierta expresión.

Había algo que necesitaba ascender a la evidencia.

Entonces tarde o temprano se hace visible.

Y aunque uno suponga que puede incidir en la conformación de una instancia que transforme al hombre o reinvente el mundo.

Sabe que debe menguarse.

Porque tal vez sea sólo para que lo veamos.
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domingo, 28 de agosto de 2011

Obsecuencia


No me gusta la obsecuencia.

Sobre todo cuando no es hacia mí.

Caso contrario, no tengo mayores problemas. Porque un mínimo nivel de obsecuencia es saludable y puede resultar efectivo.

El tema es cuando se asciende a una instancia superior de obsecuencia. Porque emerge una zona peligrosa.

Para el obsecuente y para quien practica la obsecuencia.

El primero porque puede caer en evidencia. Y denunciar así que su comportamiento persigue en verdad otros intereses.

El segundo porque termina ciego entre dichos, reafirmaciones e informaciones que quizás no son las más oportunas.

Queda de alguna manera imbuido de una felicidad engañosa. Que lo lleva a ver el mundo pintado en colores, cuando a veces tiene unas pinceladas de grises.

Es aquí donde quiero hacer un punto.

Para seguir escribiendo.

Pero poniendo en foco una cuestión pertinente.

Cuando alguien se rodea de obsecuentes genera condiciones para la obsecuencia desmedida. De modo que se encuentra imbuido entre un séquito de obsecuentes que le dan la razón a cualquier precio.

Se enfatiza así un mundillo de reafirmación y concordancia. Que suele resultar tan placentero como perjudicial.

Porque si bien el jefe disfruta con las manifestaciones de la obsecuencia. Queda también con los ojos vendados.

Y es ahí. Justo en ese instante.

Donde puede tropezarse.

O golpearse con el poste que no ha visto.

Y que otro, poco obsecuente. Hace tiempo que le había anunciado.
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miércoles, 17 de agosto de 2011

Lo Indicó


Lo indicó.

Yo escuché atento cuando lo indicó. Fue muy preciso.

Muy claro.

No éramos muchos. Pero si los suficientes.

Sentados, en ronda, en silencio.

Mientras alguien hablaba en ese espacio íntimo de reflexión.

Estábamos todos compenetrados y escuchando. Sabíamos que en ese instante. En ese preciso instante.

No había nada más importante.

Así que de pronto lo advertimos. Dio justo en el clavo.

Y lo indicó.

Si lo hizo, por algo será. Ahora pienso.

Porque este tipo no es ningún tonto. No, no.

No es tontuelo para nada. Bien sabe lo que dice. Lo que piensa y sintetiza.

Porque es claro que no habla de gusto. Eso no ocurre mucho. En verdad casi nunca sucede.

Aunque a veces puede ser. Claro.

No voy a poner las manos en el fuego para rescatarlo de sus desviaciones innecesarias. Deben estar.

Algo habrá de eso. Así que para qué quemarme.

No tendría sentido.

Sólo observo su indicación. Una breve tarea que acometemos en silencio. Que persiste en la intimidad para profundizar en el interior.

Bucear en nosotros mismos.

Adentrarnos en nuestro ser.

Como zambulléndonos.

Sería algo así. Creo que eso sería. Porque si uno desentraña la madeja se encuentra indefectiblemente con ese resultado.

Con esa sutil elucidación que lo descubre todo.

Por algo lo indicó. Pienso.

Sabe bien que los vericuetos invitan a ser superados. Que una vez que uno se entromete participa del juego. Que luego sale refrescado.

Reconfortado.

Como una suerte de renacimiento. Que nos invita nuevamente a entregar el ser.

Y sí, eso es muy claro. Ahora lo veo.

El levantó el dedo el dedo. Aunque en verdad no es que lo levantó. No era que de pronto ante nosotros nos mostró su dedo.

Eso no fue así. Para qué voy a mentirles. No tiene sentido engañarme en la irrelevancia del suceso.

Pero lo indicó. Eso sí que es muy claro.

Lo indicó.

Sí, sí.

Por algo lo indicó.
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martes, 9 de agosto de 2011

Sombras


Hace tiempo he decidido honrar las sombras. Quizás por eso ande por la vida puntualmente despeinado o con la camisa sin querer desalineada.

Nada grave.

Desde mis ojos.

Uno debe permitirse recorrer sus luces y aceptar sus sombras.

Mientras que no las profundice, puede observarlas y aceptarlas para vivir con ellas.

El hopo perfecto genera un estado de simulación que no me pertenece.

No hay comodidad mayor que permitirse ser quien uno es. En ese recóndito lugar hay tranquilidad y placidez.

El resto es una invitación a la superficialidad que pueden celebrar miradas.

Pero si uno es capaz de transitar ajeno a los aplausos y chiflidos, sintiendo el bienestar de su naturaleza.

No tiene de que preocuparse.

Porque camina tranquilo.

Con sus luces y sus sombras.
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lunes, 8 de agosto de 2011

Expectativa


Es posible que siempre el otro tenga expectativas sobre uno.

Presagie el accionar certero de quien no le pertenece. Pero vaticina resultados que aguarda.

Aún cuando por naturaleza no le competen.

Honra la intromisión en reclamo de una facultad que no le asiste.

Haciendo notar ciertas veces el desánimo por la improcedencia de la acción ajena.

Que resolvió doblar para el otro lado, o anduvo zigzagueante.

A voluntad.

Desatendiendo al otro que espera. Y persiste con los ojos atentos.

Exigiendo que las cosas sean la respuesta precisa a su imaginación.

Quizás por eso asumí la calma hace tiempo, que me aporta tranquilidad de conciencia. Al saber que obro con voz propia en ejercicio de mis facultades.

He preferido pagar el precio de la no respuesta. A caricaturarme en comportamientos que me exceden.

Más vale fallar a los ojos que anhelan, que traicionarse a si mismo.
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viernes, 5 de agosto de 2011

La Conversación


La música estaba fuerte pero permitió escuchar la definición. Estábamos enredados en conversaciones diversas, esas que permiten dilucidar el mundo primero, para construirlo después.

Siempre me enredo con amigos en conversaciones diversas. De modo que caer en ellas suele ser una bendición de la existencia.

Martín hizo una pausa, escuchó la música fuerte y sentenció.

- Memoria emotiva, Juan.

Dijo para reducir la mirada a una síntesis precisa. Que logre definir la complejidad de la vida en dos palabras.

Lo escuché y nos miramos. Sabíamos de lo que hablamos.

Mientras la música del pub irlandés nos aturdía, pero no nos imposibilitaba. Podía exigir reiteraciones de nuestros dichos sin callarlos.

El ruido siempre tiene sus grietas.

Pienso.

Así que había que pedir otra cerveza para seguir conversando.

Es cierto que suelo mirar para atrás los pasajes significativos de la existencia. Parecen insignificantes, pero tienen la relevancia de lo que suele pasar desapercibido.

Quizás estemos plagados de memorias emotivas que nos constituyen. Que nos hablan en silencio sin elucidarse con determinación.

Tal vez no estemos distraídos, sino atrapados.

La vida nos da alcance en la experiencia.

Y muchas veces se queda para reclamarnos atención.
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martes, 2 de agosto de 2011

La Insinuación


Si no escribiría, mataría.

Puede que sí, puede que no.

La escritura es un medio para liberar tensiones.

Ya lo he dicho. Creo que lo he dicho. Aunque no estoy tan seguro si eso es lo que dije o bien quizás lo insinué.

Es muy distinto insinuar que decir. Hay una diferencia notable. Y capaz que lo cierto es que insinué, no lo dije.

Sólo lo insinué como para que un espíritu inquieto lo perciba. Pero no lo narré con claridad.

Creo que no. Pero no estoy seguro.

Tal vez en determinado pasaje de algún escrito sí.

Lo dije con precisión. Lo mencioné en detalle y propuse cierta claridad.

Pero ahí ya tendría que tener en la mente todo lo escrito. Para poder hablar con propiedad y hacerme cargo de la afirmación. Que evite así la suposición y abra innecesariamente la posibilidad de caer en la pavada.

Esa aseveración enceguecida que carece de fundamento. Se reafirma a rajatabla, aún careciendo de sustento.

Así que más vale quedarme ahí nomás. No hacerme cargo de una afirmación que me excede.

Para qué lo haría. Debería ser tonto para inmiscuirme gratuitamente en una falencia que no me acontece.

Así que no. Me quedo acá. Ni un paso más.

Sólo sugiero que hubo cierta insinuación. Que precisó a la escritura como un medio de fuga. De liberación de la tensión.

Que permite al ser humano acometer justicia y reducir los costos, que lo que implicaría obrar en las circunstancias.

Pero tengamos bien en claro, y esto sí que es importante.

Una cosa es la insinuación.

Otra muy distinta es la manifestación de esa insinuación.

Ahí sí. Eso lo apunto hoy.

Porque es muy cierto.
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viernes, 29 de julio de 2011

Ensayo de Bondad



Tenía que escribirlo. Por eso lo escribo.

No es una circunstancia, cierta persona. Ni muchas circunstancias, ni muchas personas.

Es la predisposición entusiástica la que me lleva. A pintar el mundo de colores.

Y entregarlo a los demás.

Quizás por eso he venido. Tal vez sea ese el sutil motivo de la existencia, que me incita a expresar de alguna manera el ser.

Sin ánimo de enredarme en laberintos que no quiero recorrer.

Pero tenía que decirlo. Por eso lo digo.

Lo escribo.

No es una propuesta tesiática, ni mucho menos. Sólo una breve elucidación, que se orquesta con ánimo de incitar ciertos comportamientos. Aquellos que ejercen una positiva influencia primero en las personas. Luego en la sociedad.

Por eso es Ensayo de Bondad.

Porque procura abrirse camino hasta llegar a la gente. Ingresar por la mente e instalarse en las entrañas. Cubriendo la persona con una especie de aura inquebrantable. Que la lleva luego a manifestarse de manera sana en la existencia.

Aunque parezca pretencioso. O se anuncie prometedor.

Es así.

Es eso y nada más.

Porque las personas no son malas. Obran con maldad. Por cierta convicción errónea que supone honrar sus cometidos.

Pero se embaucan en la improcedencia de sus actos. Que luego sufren. Porque los perjudica.

Se observa siempre en la realidad. Aunque en ciertos casos en apariencias engañe.

Mientras la mayoría obra con bondad.

Porque es eso lo que les enseñaron. Y les resulta efectivo.

Basta sólo con probarlo para encontrar resultados.
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lunes, 18 de julio de 2011

La Noticia


Lo que acabo de ver es realmente sorprendente.

Sorprendente.

Y cuando digo, realmente sorprendente.

No tengan dudas. Es así.

Cualquiera que lo ve se quedaría con la boca abierta. Sentiría que sus ideas dispararían todas hacia el mismo lugar.

Cómo puede ser. Es increíble. No puedo creerlo.

Variantes más o menos, los pensamientos impulsados por el hecho conducirían sin remedio al mismo lugar.

Porque el hecho dicen que no tiene relevancia. Que es de alguna manera una insignificancia. Carece de jerarquía.

Mentira.

Por supuesto.

El hecho importa y dispara pensamientos.

Cuando el hecho es positivo, incita por su propia inercia la alegría. Cuando es desafortunado, instiga a la tristeza.

Aunque se afirme lo contrario. Y haya un séquito de personas que persuaden de su intrascendencia.

No nos engañemos señores. No nos mintamos señoritas. Niños. Adolescentes. Abuelos.

El hecho tiene voz propia. Goza de la jerarquía que le aporta su condición de acontecimiento.

Nos guste o no nos guste.

El hecho viene a hablarnos para provocarnos.

Y dejarnos, cada tanto.

Con la boca abierta.
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lunes, 11 de julio de 2011

Renacer


Yo no sé si el otro día pensaba. O cuándo es que pensaba. Que el mundo debería volverse más sensible. La gente debería refundarse en una dosis mayor de sensibilidad. Una suerte de profundización sobre los sentimientos. Que nos lleven a unos y a otros a andar de la mano. Abrazarnos. Percibirnos cercanos.

Creo que algo así era lo que pensaba. Tal vez era eso. Esa idea sencilla. Práctica quizás. Pero idea al fin.

Porque no veo mucho de eso entre los extraños. No lo veo. No lo percibo. Quizás esté equivocado, pero lo que anuncio es mi mirada. Esa contemplación que procura entender las cosas. Contemplarlas desde el silencio. Para revelarlas. Dar cuenta de ellas.

Quizás con el objetivo de sostenerlas o cambiarlas.

Porque primero aparece la indagación. La observación.

Esos ojos que miran la realidad. O la supuesta realidad.

Miran, analizan y escrutan.

Para comprenderlo todo. Relatarlo con la mayor precisión posible.

Siempre con una finalidad. Un propósito.

Que en verdad ejerce la motivación de la escritura. Moviliza las palabras y los párrafos.

Para puntualizar las ideas.

Luego se produce el redescubrimiento del hecho.
Es un momento crucial.

Cuando la cotidianidad se trae a la superficie.

Ahí se manifiesta el resultado de la observación. Se da lugar al análisis que impulsa la abstracción.

Se procura entonces ascender a cierto nivel de entendimiento.

Elevar de alguna manera el nivel de consciencia.

Despertarse de algún modo.

Entonces ocurre a veces el descubrimiento.

Como un mago uno se encuentra con el conejo que salió de la galera.

Y a partir de ahí. Siempre a partir de ahí.

Si uno tiene esperanzas. De algún modo asume algún compromiso. Se pone en movimiento.

Sí, a partir de ahí.

Está claro.

El mundo se transforma. Mientras uno cambia.

O renace otra vez.
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miércoles, 6 de julio de 2011

Uno Avanza


Hoy vengo hasta aquí para decir que uno avanza.

Para adelante, para el costado, hacia arriba…

Es claro, uno avanza irremediablemente. Se observa con claridad. Es fácil advertirlo.

Cómo negarlo. No?

Parece una obviedad, una simpleza. Algo que podríamos decretar irrefutable. Bien cierto.

Certero.

Aunque parezca una nimiedad. Es muy cierto. Podemos advertirlo con sencillez, con naturalidad.

Quizás por eso he venido a atestiguarlo.

A ponerlo de alguna manera en foco para observarlo. Detenerlo un instante frente a los ojos. Precisarlo tal vez con mayor pretensión.

Aunque parezca una pavada. Una insignificancia.

No hay que confundirse detrás de esa insinuación. Esos vestigios que pueden de alguna manera distraernos. Llevarnos a pensar que son cuestiones menores. Improcedentes.

Que la noticia pasa por otro lado.

No.

De ninguna manera. Hay una notable relevancia en esto que hoy vemos. Que de alguna forma nos constituye. Nos revela como sujetos que transitamos por la vida.

A pesar de que uno se enoje porque vislumbra que alguien fue para allá. Y por qué fue para allá. Si tenía que ir para el otro lado. Dar la vuelta en la esquina sólo unos pasos. Quedarse quieto al menos un momento.

Eternizado.

Pero no. Fue para allá. Sabiendo que no tenía que ir para allá. Fue.

Ahora nos lamentamos. Siempre tarde.

En cambio el otro hizo bien. Dobló donde tenía que doblar. Se frenó a tiempo. Ahora habrá que ver qué es lo que hace.

Seguro que va a decidir sin preguntar.

Así que ahí andamos. Transitando.

Mientras la vida nos pasa.

O, a veces, nos acontece.
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martes, 28 de junio de 2011

Emocionalidad Negativa


El malestar surgió de repente. Por algo será, diré ahora. Me quedaré pensando. Mascullando.

Fue claro. Llegó un momento. Un instante.

Donde de repente la emocionalidad se impuso.

Sin que haga nada.

De modo que la verdad es la realidad. Y la emocionalidad se impuso, le guste a quien le guste y le pese a quién le pese.

Maniatado, resistía.

Sabía, claro. No sólo suponía.

Sabía.

De dónde provenían las causas que fundamentaban el malestar.

Aunque es posible que no las visualizara con precisión, en detalle. Que no pudiera puntualizarlas en orden de jerarquía. Para determinar cuál de las distintas causalidades tenían mayor preponderancia en la gestación y posterior instalación de la emocionalidad.

De modo que resistí.

Repasé el pasado. El presente. El futuro.

Observando, resistí.

Bajo protesta, me sostuve. Sin sonrisas, con carencias, pero sobrellevando.

Construí explicaciones benevolentes para la salvación definitiva.

Di dos o tres vueltas en la almohada.

Y me dormí.
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domingo, 26 de junio de 2011

La Agresión


La agresión no vive en mí. Sólo que a veces viene a buscarme y se expresa.

No es agresión física. Claro que no.

Es discursiva.

Palabras que irrumpen de repente y que revoleo como cachetadas.

No van dirigidas a nadie en especial. A una persona con nombre y apellido.

Vienen, las tomo y las lanzo.

Sobre el rostro del otro.

Aunque en verdad no son palabras. Son ideas, que se expresan en palabras, oraciones y párrafos.

Que en determinado momento se cuelan en uno de mis escritos, hasta que pueden visualizarse. Porque revelan su elocuencia aunque uno siga leyendo otra cosa.

Si se observa con atención tarde o temprano puede advertirlo. Caso contrario pasa uno desprevenido sin haber advertido nada. Salvo una pequeña incomodidad que de repente molestó como esa piedrita que nunca se encontró en el zapato.

Me pregunto de dónde vendrán esos atisbos de violencia que de alguna manera trascienden.

No le voy a echar la culpa a los malos que se cruzan por la vida. Y sin querer los observo.

Pero sus comportamientos indebidos y dañinos deben tener que ver con mi afección. Son incidentes para provocar esas dos o tres palabras de guapo, que a veces aparecen. Vienen a buscarme.

Y yo las escribo.
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viernes, 17 de junio de 2011

La Mujer de al Lado


La mujer hablaba por demás y yo la escuchaba por de menos. Aunque no sé si se puede decir por de menos. Igual permítanme esta transgresión. Merecida trasgresión que describe la situación en la que me encontraba inmerso en forma involuntaria.

Porque la mujer se apresuró a sentarse a mi lado. En verdad se desparramó sobre la silla exhausta. Revoleando la cartera en la butaca de al lado. Como liberándose de un peso que en verdad la excedía.

Mientras yo miraba como un testigo obligado a participar en la circunstancia. Que sólo advertía la situación espontánea que la realidad presentaba.

Porque en verdad sólo había ido a un café filosófico. Para ver qué se habla en esas circunstancias. Si me despabilo un poco para procurar entendimiento.

Porque siempre estoy dispuesto a participar de espacios de avivamiento.

Pero ya saben cómo me recibió la realidad. Con esta mujer que se instaló y empezó a abrumarme.

Yo no quería escuchar pero escuchaba. Yo no quería hablar pero hablaba. Maldita educación que me tiene alienado frente al deseo que me invitaba a liberarme.

A escaparme de alguna manera de esa mujer decidida a apresarme. Que sabía cómo eran las cosas. Podía ponerle punto y coma a la realidad. Juzgar la calidad del espacio sin haberlo transitado. Imponer las verdades definitivas.

Irrevocables.

Todo ocurrió hasta que la charla por fin comenzó.

Luego…

El alivio de participar en un ámbito de intercambio.
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jueves, 16 de junio de 2011

Ensayo de la Mala Discusión


La cosa se está poniendo pesada. Pienso y me permito escribir.

Es que unos se enojan con el pensamiento del otro. Cuando piensa distinto.

Ahí empieza el tormento.

Una vocación entusiasta por endiablarlo primero y aniquilarlo después.

Las palabras van, vienen y vuelven en la misma dirección. Directo al que piensa distinto.

El blanco.

No importa lo que dice, que esté desapegado a un armamento que le sirva como escudo. Que no pueda defenderse ni un poquito ante la calamidad. El despropósito de quienes le pegan al que tiene anteojos. A quien no le permiten defenderse.

Feo. Inmoral.

Protesto.

Pero así empiezan los dichos y entre dichos, las tergiversaciones bien fundadas. Con la intención de persuadir que la persona es diabólica, está repleta de maleficios y constituye un serio riesgo para el bienestar de los argentinos.

Las trompadas verbales van y vienen hasta que dejan de golpear. Mientras la mayoría observamos en silencio. Como testigos enmudecidos de una realidad que se presenta.

No cambia mucho después de la escena. Porque el otro. El otro, para mí…

Sigue pensando distinto.

Y nosotros no somos tan ingenuos.
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