miércoles, 31 de agosto de 2011

Tal Vez...


No escribo todo el tiempo. Sólo cuando tengo suerte.

Es suficiente.

Porque a veces viene el relato a mí. Sólo despliego el silencio en palabras.

Facilito que se visualice lo oculto. Que por alguna razón de la naturaleza reclama manifestarse.

De modo que me ofrezco. Como tantos otros.

A escribir.

No sé si la escritura es buena. Regular. O mala.

Tampoco es algo que en verdad me importe.

Lo único que sé es que hago garabatos, que luego observo.

Basta con mirarlos para sentir que he cumplido. Un poco con la voz exterior. Y mucho conmigo.

Suelo marcharme con la satisfacción de ver algo realizado.

Aunque parezca nimiedad, la aparición se ha revelado.

Sólo resta que ojos atentos sepan apropiarla.

Por alguna razón alguna grita del vacío posibilitó cierta expresión.

Había algo que necesitaba ascender a la evidencia.

Entonces tarde o temprano se hace visible.

Y aunque uno suponga que puede incidir en la conformación de una instancia que transforme al hombre o reinvente el mundo.

Sabe que debe menguarse.

Porque tal vez sea sólo para que lo veamos.
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domingo, 28 de agosto de 2011

Obsecuencia


No me gusta la obsecuencia.

Sobre todo cuando no es hacia mí.

Caso contrario, no tengo mayores problemas. Porque un mínimo nivel de obsecuencia es saludable y puede resultar efectivo.

El tema es cuando se asciende a una instancia superior de obsecuencia. Porque emerge una zona peligrosa.

Para el obsecuente y para quien practica la obsecuencia.

El primero porque puede caer en evidencia. Y denunciar así que su comportamiento persigue en verdad otros intereses.

El segundo porque termina ciego entre dichos, reafirmaciones e informaciones que quizás no son las más oportunas.

Queda de alguna manera imbuido de una felicidad engañosa. Que lo lleva a ver el mundo pintado en colores, cuando a veces tiene unas pinceladas de grises.

Es aquí donde quiero hacer un punto.

Para seguir escribiendo.

Pero poniendo en foco una cuestión pertinente.

Cuando alguien se rodea de obsecuentes genera condiciones para la obsecuencia desmedida. De modo que se encuentra imbuido entre un séquito de obsecuentes que le dan la razón a cualquier precio.

Se enfatiza así un mundillo de reafirmación y concordancia. Que suele resultar tan placentero como perjudicial.

Porque si bien el jefe disfruta con las manifestaciones de la obsecuencia. Queda también con los ojos vendados.

Y es ahí. Justo en ese instante.

Donde puede tropezarse.

O golpearse con el poste que no ha visto.

Y que otro, poco obsecuente. Hace tiempo que le había anunciado.
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miércoles, 17 de agosto de 2011

Lo Indicó


Lo indicó.

Yo escuché atento cuando lo indicó. Fue muy preciso.

Muy claro.

No éramos muchos. Pero si los suficientes.

Sentados, en ronda, en silencio.

Mientras alguien hablaba en ese espacio íntimo de reflexión.

Estábamos todos compenetrados y escuchando. Sabíamos que en ese instante. En ese preciso instante.

No había nada más importante.

Así que de pronto lo advertimos. Dio justo en el clavo.

Y lo indicó.

Si lo hizo, por algo será. Ahora pienso.

Porque este tipo no es ningún tonto. No, no.

No es tontuelo para nada. Bien sabe lo que dice. Lo que piensa y sintetiza.

Porque es claro que no habla de gusto. Eso no ocurre mucho. En verdad casi nunca sucede.

Aunque a veces puede ser. Claro.

No voy a poner las manos en el fuego para rescatarlo de sus desviaciones innecesarias. Deben estar.

Algo habrá de eso. Así que para qué quemarme.

No tendría sentido.

Sólo observo su indicación. Una breve tarea que acometemos en silencio. Que persiste en la intimidad para profundizar en el interior.

Bucear en nosotros mismos.

Adentrarnos en nuestro ser.

Como zambulléndonos.

Sería algo así. Creo que eso sería. Porque si uno desentraña la madeja se encuentra indefectiblemente con ese resultado.

Con esa sutil elucidación que lo descubre todo.

Por algo lo indicó. Pienso.

Sabe bien que los vericuetos invitan a ser superados. Que una vez que uno se entromete participa del juego. Que luego sale refrescado.

Reconfortado.

Como una suerte de renacimiento. Que nos invita nuevamente a entregar el ser.

Y sí, eso es muy claro. Ahora lo veo.

El levantó el dedo el dedo. Aunque en verdad no es que lo levantó. No era que de pronto ante nosotros nos mostró su dedo.

Eso no fue así. Para qué voy a mentirles. No tiene sentido engañarme en la irrelevancia del suceso.

Pero lo indicó. Eso sí que es muy claro.

Lo indicó.

Sí, sí.

Por algo lo indicó.
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martes, 9 de agosto de 2011

Sombras


Hace tiempo he decidido honrar las sombras. Quizás por eso ande por la vida puntualmente despeinado o con la camisa sin querer desalineada.

Nada grave.

Desde mis ojos.

Uno debe permitirse recorrer sus luces y aceptar sus sombras.

Mientras que no las profundice, puede observarlas y aceptarlas para vivir con ellas.

El hopo perfecto genera un estado de simulación que no me pertenece.

No hay comodidad mayor que permitirse ser quien uno es. En ese recóndito lugar hay tranquilidad y placidez.

El resto es una invitación a la superficialidad que pueden celebrar miradas.

Pero si uno es capaz de transitar ajeno a los aplausos y chiflidos, sintiendo el bienestar de su naturaleza.

No tiene de que preocuparse.

Porque camina tranquilo.

Con sus luces y sus sombras.
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lunes, 8 de agosto de 2011

Expectativa


Es posible que siempre el otro tenga expectativas sobre uno.

Presagie el accionar certero de quien no le pertenece. Pero vaticina resultados que aguarda.

Aún cuando por naturaleza no le competen.

Honra la intromisión en reclamo de una facultad que no le asiste.

Haciendo notar ciertas veces el desánimo por la improcedencia de la acción ajena.

Que resolvió doblar para el otro lado, o anduvo zigzagueante.

A voluntad.

Desatendiendo al otro que espera. Y persiste con los ojos atentos.

Exigiendo que las cosas sean la respuesta precisa a su imaginación.

Quizás por eso asumí la calma hace tiempo, que me aporta tranquilidad de conciencia. Al saber que obro con voz propia en ejercicio de mis facultades.

He preferido pagar el precio de la no respuesta. A caricaturarme en comportamientos que me exceden.

Más vale fallar a los ojos que anhelan, que traicionarse a si mismo.
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viernes, 5 de agosto de 2011

La Conversación


La música estaba fuerte pero permitió escuchar la definición. Estábamos enredados en conversaciones diversas, esas que permiten dilucidar el mundo primero, para construirlo después.

Siempre me enredo con amigos en conversaciones diversas. De modo que caer en ellas suele ser una bendición de la existencia.

Martín hizo una pausa, escuchó la música fuerte y sentenció.

- Memoria emotiva, Juan.

Dijo para reducir la mirada a una síntesis precisa. Que logre definir la complejidad de la vida en dos palabras.

Lo escuché y nos miramos. Sabíamos de lo que hablamos.

Mientras la música del pub irlandés nos aturdía, pero no nos imposibilitaba. Podía exigir reiteraciones de nuestros dichos sin callarlos.

El ruido siempre tiene sus grietas.

Pienso.

Así que había que pedir otra cerveza para seguir conversando.

Es cierto que suelo mirar para atrás los pasajes significativos de la existencia. Parecen insignificantes, pero tienen la relevancia de lo que suele pasar desapercibido.

Quizás estemos plagados de memorias emotivas que nos constituyen. Que nos hablan en silencio sin elucidarse con determinación.

Tal vez no estemos distraídos, sino atrapados.

La vida nos da alcance en la experiencia.

Y muchas veces se queda para reclamarnos atención.
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martes, 2 de agosto de 2011

La Insinuación


Si no escribiría, mataría.

Puede que sí, puede que no.

La escritura es un medio para liberar tensiones.

Ya lo he dicho. Creo que lo he dicho. Aunque no estoy tan seguro si eso es lo que dije o bien quizás lo insinué.

Es muy distinto insinuar que decir. Hay una diferencia notable. Y capaz que lo cierto es que insinué, no lo dije.

Sólo lo insinué como para que un espíritu inquieto lo perciba. Pero no lo narré con claridad.

Creo que no. Pero no estoy seguro.

Tal vez en determinado pasaje de algún escrito sí.

Lo dije con precisión. Lo mencioné en detalle y propuse cierta claridad.

Pero ahí ya tendría que tener en la mente todo lo escrito. Para poder hablar con propiedad y hacerme cargo de la afirmación. Que evite así la suposición y abra innecesariamente la posibilidad de caer en la pavada.

Esa aseveración enceguecida que carece de fundamento. Se reafirma a rajatabla, aún careciendo de sustento.

Así que más vale quedarme ahí nomás. No hacerme cargo de una afirmación que me excede.

Para qué lo haría. Debería ser tonto para inmiscuirme gratuitamente en una falencia que no me acontece.

Así que no. Me quedo acá. Ni un paso más.

Sólo sugiero que hubo cierta insinuación. Que precisó a la escritura como un medio de fuga. De liberación de la tensión.

Que permite al ser humano acometer justicia y reducir los costos, que lo que implicaría obrar en las circunstancias.

Pero tengamos bien en claro, y esto sí que es importante.

Una cosa es la insinuación.

Otra muy distinta es la manifestación de esa insinuación.

Ahí sí. Eso lo apunto hoy.

Porque es muy cierto.
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