miércoles, 11 de julio de 2018

El mundo desbarajustado


Sería conveniente que uno no dejase de pensar que el mundo está desbarajustado. Que el mundo argentiniano se ha desbarajustado irremediablemente y que es preciso tomar cartas en el asunto para reabarajustarlo.

De manera urgente e innegociable.

Solo si se piensa desde esa perspectiva podríamos reconocer la decadencia que se manifiesta en la realidad y que cobra formas impensadas o inimaginables.

Basta recordar que del mundial salimos campeones de ser extraditados porque los desvergonzados compatriotas hicieron un esfuerzo memorable por exhibirnos de manera lastimosa ante los ojos del mundo.

Basta rememorar también las imágenes de quienes se burlaban de otras personas porque les hacían decir barbaridades o las que mostraban a violentos golpeando a rivales, para sentir tristeza, rabia, desazón, vergüenza o lástima ante semejantes zonceras.

Que solo nos sirven para recordar que no hay peor tonto que el que se cree vivo.

Pero uno abre los diarios y solo se anoticia de otras circunstancias que revelan la decadencia en la que nos encontramos metidos. Y eso sepámoslo bien, no es por culpa de nadie en particular, es por culpa de alguna forma de todos.

Somos quienes pagamos el precio de la viveza criolla y por si fuera poco muchos encima se vanaglorian de ella, sin aprender nada de la realidad que nos anoticia a todos de las inconveniencia que provoca el espíritu vivillo que supimos conseguir.

Y me incluyo para no hablar desde una tarima con la facilidad de quien mira desde arriba y apunta con el dedito acusador.

Aunque si fuera totalmente justo, debería decir que no tengo nada que ver con eso. Al igual que un número inmenso de compatriotas que sufrimos las consecuencias del despropósito que revela muchas veces el comportamiento ajeno.

Acá no es que no andan las cosas por impericia de una persona en particular o de un grupo de gente.

No andan porque se cree demasiado en la viveza y muy poco en la inteligencia.


No funcionan porque ante el despropósito de tener más de la mitad de graduados del secundario
analfabetos, que tristemente se reciben sin comprender textos básicos, se habla solo de salarios en vez de poner el grito en el cielo y las manos a la obra.

Uno podría hablar de todo un poco y amargarse un poco más con el correr de los párrafos. Pero no hay riesgo mayor que ser injusto con quienes actúan para incidir en la realidad y hacerse cargo de modificarla en beneficio de todos.

Porque si por algo mejoramos es por el accionar de tantos compatriotas que desde los más disímiles lugares honran los valores virtuosos que afectan positivamente a la sociedad.

Empecemos a aceptar que el mundo argentiniano está desbarajustado y que debe corregirse de manera urgente.

Premiar a los que producen y trabajan en vez de explotarlos a impuestos.

Disciplinar a quienes delinquen en lugar de justificarlos o subsidiarlos.

Educar con el ejemplo.

Usar el dinero de los ciudadanos para construir un país mejor en vez de premiar a quienes lo deterioran.

Creer en definitiva en un país serio, que puede construirse con el impulso del sentido común y las convicciones inquebrantables de quienes creen en valores virtuosos y no se dejan confundir con pícaras verdades ajenas o burdas patrañas.

Por eso es bueno dudar de todo menos de las sanas convicciones y los valores esenciales que son los pilares para construir un país mejor.

Si no empezamos por aceptar que la argentina está desbarajustada y se sigue haciendo lo mismo de siempre, no nos sorprendamos con las formas que la decadencia día a día nos vuelva a anoticiar.




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