viernes, 22 de octubre de 2010

Recluirse


Es raro desear recluirse, escabullirse del mundo, procurar reencontrarse con la soledad.

En mi caso suele ser una elección que tomo con vocación y entusiasmo.

Procuro salir del aturdimiento de un mundo que a veces abruma, y permitirme una instancia de encuentro con la soledad.

Suelo apagar la tele, la radio…

Cerrar las persianas.

Esto último no, pero sonaba pintoresco. Por qué no apuntarlo.

Lo distintivo de la soledad es que el mundo exterior permanece ausente, mientras cobra relevancia el silencio y la introspección.

Es ahí cuando la persona puede encontrarse consigo mismo. Hablarse de frente, preguntarse.

Y responderse.
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sábado, 16 de octubre de 2010

Estado de Ausencia


Ocurrió hace tiempo, pero hoy lo rememoro.

Quiero decir que lo traigo a la luz para su evidencia. Lo pongo ante mis ojos y los ojos de los demás.

Presentándolo en público.

Sospecho siempre que esta técnica de pescar subjetividades que me revelan, debe tener su incidencia para facilitar cierto fluir. Cierta liberación, del cuerpo y del alma.

Pero no quiero confundirlos ni confundirme. Sólo revelar la trastienda del propósito, que me lleva a escribir ciertos párrafos para cumplir el cometido.

Bien.

Era estado de ausencia porque el cuerpo participaba en situaciones donde la mente no asistía.

No es un tema de niño, sino de grande.

En determinado momento mi cuerpo estaba presente. Era uno más de los parroquianos que participaban de la circunstancia.

Nadie podría decir que yo no estaba.

Pero ese transcurrir de la vida revelaba a la vez el estado de ausencia.

No estaba.

Estaba el cuerpo, pero yo no estaba.

Bien lo sabía yo y todos los testigos. Ocasionales compañeros de la vida que atestiguaban cierta precariedad de mi presencia.


Mi mente estaba siempre enredada en situaciones que juzgaba más relevantes. Las neuronas marchaban como un imán hacia otros paisajes que exigían su atención.

No importaba que estuviera viendo una película, participando de una reunión de amigos o andando en patineta.

La atención se centraba en un espacio íntimo, interesante e intenso. Que la seducía recalcando su importancia, hasta sentarla en una mesa y exigir que la tarde transcurra con ella.

Y aunque la tarde sea una metáfora descriptiva de esta condición que procuro precisar. Bien vale mencionarla en honor a la belleza del cielo despejado, el sol y la luz.

Hoy no quiero justificar aquellas ausencias mentales sobre fallidas presencias.

Tal vez pretendo superarlas definitivamente. Observar esos pequeños atisbos que se sostienen como ciertas reminiscencias que aún emergen. Y despedirlos con el afecto que uno le tiene a quienes fueron sanos compañeros.

Celebro entonces que hace tiempo la mente haya vuelto a mi cuerpo. Y estemos juntos los dos, donde tenemos que estar.

Viviendo cada una de las circunstancias.
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miércoles, 13 de octubre de 2010

Salirse


Un día voy a salirme de mi cuerpo.

- Muy bien, cómo lo harás?, -preguntarán ustedes.

Simple.

Voy a correr, correr.

Correr.

Lejos, lejos, lejos…

Hasta que el cuerpo se canse. Verdaderamente se canse.

Y cuando las piernas se rindan, justo en el instante en que cedan y desvanezcan.

Cuando se desplomen.

Justo ahí, en ese preciso y fugaz momento de rendición.

Ahí sí.

Aprovecho el envión.

Y salto con todo para adelante.
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miércoles, 6 de octubre de 2010

Escritor Compulsivo


Algún día, para jugar, sólo para jugar.

Voy a escribir tanto, tanto tanto, que se va a cansar el lector.

Y aunque insista con la lectura sostenida, voy a escribir tanto, tanto tanto, que no va a lograr sostenerse.

Y no importará la persistencia o determinación que lo impulse a seguir, seguir y seguir.

Porque siempre habrá un renglón más, un párrafo más.

Letras y más letras frente a los ojos caprichosos o determinados.

Y se conformará de pronto una lucha entre palabras y más palabras. Y una lectura persistente.

Unas avanzarán como locas para procurar siempre más. Y los ojos las consumirán aceptando el juego.

Y habrá más palabras, y habrá más miradas.

Más escritura, y más lectura.

Y así, y así y así….

Hasta llenar hojas y hojas.

En una suerte de batalla que asciende a la disputa entre redacción y observación. Debatiéndose palmo a palmo.

Renglón a renglón.

Dejándose atrapar por la locura de una lucha insana pero persistente.

Que parecía un juego pero se ha transformado en algo sublime.

Que sigue, sigue, sigue…

Y así van. Hojas y más hojas.

De un texto que puede tener principio.

Pero nunca tiene final.
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La Confianza


La confianza nunca es buena, mata el alma y la envenena.

Lo dijo El Chavo del Ocho.

Y yo lo escuché alguna vez.

Es una de esas frases que a uno le quedan vaya a saber por qué pegada a la mente. Adherida como una etiqueta al producto de fábrica.

Imposible de remover.

No hay nada raro en esa frase que hoy observo. Simplemente El Chavo expresando una perspectiva, una mirada. Revelando un sutil aspecto de un paradigma para la cotidianidad.

Pero es siempre una explicación endeble de una realidad más suntuosa.

Porque el comportamiento humano siempre excede a la explicación.

Aunque manchemos algunas hojas en blanco.

O nos detengamos en alguna frase.

Como quien abre la puerta para observarlo todo.

Mira.

Y se va.
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Malditas Ideas


A mí me persiguen ideas que me generan malestar, es como que están al acecho, me corren y me atrapan.

En verdad no hago ningún negocio dejándome atrapar. Pero vienen cerca, me tocan el hombro…

Y zás.

Ahí me tienen de nuevo.

Y yo que no he hecho nada.

Nada de nada.
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martes, 5 de octubre de 2010

Mala Onda


La mala onda se impone en el momento impensado.

Emerge de imprevisto hasta su aparición.

Podría procurar pescar el momento preciso de su gestación, advertir ese instante repentino de su conformación.

Pero es difícil, es cierto.

Se escabulle de inmediato hasta que logra manifestarse.

Lo hace adrede y, a veces, sin autorización.

En un abrir y cerrar de ojos la mala onda se presenta desde un momento para siempre.

Y aunque suene exagerado eso es lo que insinúa la maldita. Porque aparece de un chispazo y vaticina su permanencia.

Sabemos, bien sabemos. Que se va a ir, porque es claro que no viene como loca para inmortalizarse.

Aparece, sí. Pero tarde o temprano se va.

Quizás en búsqueda de otro desprevenido que la alienta vaya a saber con qué motivos. Un pensamiento, un hecho, una suposición…

Pero que se va, se va.

Tarde o temprano se va.
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viernes, 1 de octubre de 2010

Nada


En verdad este escrito no va a decir nada. Así que bien vale la pena dejarlo en este mismo instante y abandonar sanas expectativas, que se verán incumplidas.

Aunque uno confíe en la persistencia, en la perseverancia, este escrito no dirá nada.

Así que el lector quedará con las manos vacías. Viendo que se ha esfumado la sana pretensión de su ilusión.

Aquella que lo impulsaba otro renglón.

Y otro más.

Para no encontrar nada.

Pero voluntarioso, persiste. Tentado a abandonar, persiste.

Se divierte sin saberlo buscando el tesoro como un niño.

Y no.

Nada por acá. Nada por allá.

Sostiene aún la mirada inquieta. Pensando que por fin se encontrará con el hallazgo.

Que se hará justicia, y gozará de un mensaje. Una idea, o un pasaje reconfortante de la lectura que desvanece.

Aunque se le ha advertido de la inexistencia, porque a veces uno siente que no tiene nada por decir.

Que se ha quedado sin palabras, sin párrafos.

Perdido en el silencio.

Y entonces se permite caer en la profundidad de la nada. Predisponiéndose a ella, aceptándola.

Vacío por dentro, con el único ánimo de narrar para preservar la ilusión de este juego lúdico de atisbo perverso.

Que le permite a uno escribir, para sostener la bendición de la escritura. Con la pretensión de salvarse.

Y evadirse de la nada.
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