jueves, 9 de enero de 2020

El blog superó los 200.000 lectores

Mi querido blog superó los 200 mil lectores. Ojalá que sus más de 500 escritos ejerzan una sana y positiva influencia.





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martes, 31 de diciembre de 2019

Muchedumbre


Cada vez me abruma más la gente, voy camino a aislarme indefectiblemente, espantado por el bullicio de las multitudes que arremeten sin miramiento. Avanzan a paso indeclinable sobre el espacio público más diverso.

Solo hay que saber evitarlos y escaparse.

Alternativa que muchas veces queda truncada porque uno se sorprende encerrado, acorralado por seres que lo han invadido todo.

En esas circunstancias primero se conmueve, maldice las muchedumbres, y luego se pregunta qué hacer.

O para dónde disparar, que es lo mismo.

El problema en verdad no es tanto la muchedumbre sino la gente que cada vez es más bruta, más desconsiderada, más mediocre.

Gritan, tocan bocinas incansablemente, hablan atolondrados a decibeles abusivos y hasta se chocan al caminar mirando para otro lado.

Eso sin mencionar que estornudan sin taparse, suelen dejar los soretes de sus perros en las veredas y cada tanto alguno mea impunemente sobre un árbol o una pared.

El prejuicio sobre el retroceso en el comportamiento de las masas lo construyo en base a hechos de la experiencia personal, que lo observa todo en comparación elíptica con la generación de mis abuelos, notablemente muy superiores en la calidad de sus valores a las hordas brutas e ignorantes de estos tiempos.

No es que fueran mis abuelos, era otra generación. Que mayormente a diferencia de esta que parecería que denigra el ser, lo enaltecía con sus conductas.

Basta ver fotos espontáneas de la gente de aquellos tiempos para percibir que vivían con otra actitud, otro esmero.

Hoy prepondera la mediocridad y dejadez.

Antes se vestían mejor, ahora hay zaparrastrosos por todos lados.

Gritan, estornudan sin taparse, andan con cervezas de vidrios o puchos matándose sin advertirlo mientras vulneran el espacio ajeno sin la más mínima consideración, desparramando basura por todos lados.

Para lo único que sirve tanto despropósito es para advertir los niveles que alcanza la mala educación.

Las muchedumbres invaden todo con desparpajo y anuncian un futuro cada vez peor porque las manifestaciones que proponen con su decadencia son inimaginables.







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domingo, 29 de diciembre de 2019

La escritura como espacio de autorreflexión



Bueno, voy a escribir un poco, no estoy en la situación ideal porque no estoy solo, liberado totalmente para escribir con espontaneidad y descaro, descaro de mí mismo, sin inhibiciones de ningún tipo ni restricciones de ninguna índole.

Escribo para desanundarme, entenderme, clarificar mi cotidianeidad, y vislumbrar esencialmente las mejores decisiones posibles para sacarle provecho a mis circunstancias y a la vida.

Como la vida es un proceso en construcción basado en las decisiones que tomamos, tener el sustento de la reflexión para guiar nuestra conducta es un aporte muy valioso que nos ayuda a eficientizar nuestro tiempo, evitar problemas y generar el bienestar que en definitiva buscamos, más allá de las circunstancias que fueran.

La alternativa de vivir atropellado es siempre posible, pero no es recomendable para quien no quiera trastabillar, caerse, romperse los huesos, tener problemas de salud, o que le suba la presión.

Es mejor detenerse, reflexionar, analizar posibilidades, preguntarse quién uno es, quién está dispuesto a ser si va para acá o para allá, sopesar la información positiva y negativa, y luego sí avanzar.

No es tan tortuoso, si uno tiene una disposición mental lo hace naturalmente sin darse cuenta. Observa, analiza, juzga y procede, luego de asumir la decisión que considera más conveniente.

Luego rectifica y permanece en esa instancia, como suspendido en una dimensión de discernimiento que le permite observar, pensar, analizar y decidir.

Si naturalmente no tiene esa disposición, puede ser muy recomendable adoptarla por los beneficios que reporta. No solo evita dolores de cabeza sino que con el transcurso del tiempo evita también que una persona se termine convirtiendo en alguien que no quería ser.

No es poco.

Les pasa a muchos a juzgar por los rostros agrietados y la verborragia que no para de fundamentar las quejas atendibles para cualquier víctima de sí mismo de turno. 

En fin, estoy probando escribir quizás para elevar mi nivel de consciencia. La escritura es un trampolín que nos permite ver más lejos, nos ofrece una perspectiva interesante y al disociarnos de la situación, nos abre la cabeza. Si vemos desde otro lugar, desde la altura, nos observamos a nosotros mismos y podemos maniobrar mejor para tener más efectividad.






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sábado, 14 de diciembre de 2019

El hombre que piensa


Me he dado cuenta que el hombre que piensa es una molestia para quien no tiene ninguna disposición a pensar.

Esa molestia es insalvable si el hombre que no piensa se mantiene firme en su posición y no se dispone a escuchar a quien piensa.

En esas instancias si el hombre que piensa persiste en su disposición en dialogar con el que no le interesa pensar, genera primero una perturbación y luego un enojo indisimulable.

Con lo cual se genera un contexto únicamente propicio para mantener una conversación ineficiente e improductiva, que solo sirve para erosionar la relación y perder el tiempo.

De uno y del otro.

De modo que al hombre que piensa le queda la responsabilidad de dilucidar rápido si se encuentra con el hombre que no piensa, para proceder de la manera que juzgue más conveniente.

Puede ser retirarse de esa presumible conversación seguro fallida o decidir no iniciarla, en una actitud práctica e infalible para evitar el resultado.

Con lo cual el hombre que piensa es conveniente que tenga claras estas cuestiones, antes de perder su valioso tiempo en una persona que se cierra en su sordera y se aferra a su capricho de no pensar.

Y el hombre que decide no pensar, debería preguntarse si prefiere reducirse a esa haraganería o bien se dispone a cambiar de actitud para reconsiderar sus ideas y acceder al inestimable beneficio de creer que siempre puede estar equivocado.

Para lo cual necesitaría pensar, lo que le significaría un importante desafío.

Pero no seamos pesimistas.

La conveniencia de pensar puede motivarlo en cualquier momento.






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sábado, 7 de diciembre de 2019

El aprendiz


Sin querer queriendo desde siempre me siento en la obligación de mejorar, de superarme. 

Una fuerza invisible e innegociable me ha persuadido ya no recuerdo desde cuando. Y desde aquel remoto entonces obro disciplinado con una intención que nunca cesa.

Para qué superarnos, podríamos preguntarnos.

Para ampliar nuestro mundo, para ensanchar posibilidades de acción, para hacer la vida más interesante, vivir en plenitud o con mayor intensidad.

Para honrar más cabalmente la oportunidad de vivir, podríamos sintetizar.

Sin que se escape ningún día.

Porque sepámoslo o no, la vida está latente para invitarnos a atraparla. Y solo con ímpetu, con entusiasmo, con determinación, podemos atrapar cada día.

De lo contrario se nos escapan, a veces tan solo uno, o varios, o casi todos.

Con frecuencia me pregunto por qué tanto interés en progresar en términos personales. Por qué estudiar, por qué leer, por qué esforzarse y querer aprender todos los días.

Si bien debo confesar que no es ninguna tortura y uno disfruta del proceso, eso no quita que uno se inquiete sobre estos menesteres, se detenga para observarse imbuido en esa predisposición irrenunciable y se pregunte con curiosidad de niño por qué lo hace.

Cuál es la explicación última que incita esa actitud de aprendiz eterno que lo constituye.

Tal vez en esencia uno quiere progresar para que no se le escapen los días.

Ni uno solo.






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sábado, 30 de noviembre de 2019

Los pícaros


A mí me alejan de forma inmediata e irreversible dos tipos de personas que son claramente detectables.

Los malos y los pícaros.

Uno anda por la vida y se tropieza con ellos sin querer o queriendo, porque a veces uno abre una puerta desconociendo al otro y se encuentra con él o la personaje.

Ahí con frecuencia advierte, se da cuenta si es una persona buena o mala, si es un pícaro o alguien que se puede confiar.

Ese desentrañamiento que puede ser repentino a veces demora más tiempo, es cuando el malo o el pícaro es consciente de su linaje y tiene la habilidad de simular ser una persona que no es.

Es decir, se disfraza de bueno o honesto, a sabiendas que no es de su condición esencial.

Nadie es un experto en dilucidar al otro y reducirlo a una convicción absoluta e irreversible, determinando que es bueno o malo. Con lo cual se predispone al juego y con el transcurrir del tiempo si tiene algo de experiencia puede despejar las palabras de los hechos, como si estuviera corriendo la maleza para
ver la esencia, y ahí sí con los ojos bien abiertos viendo la evidencia puede descubrir.

Darse cuenta.

Es decir si uno no tiene un espíritu negador ve la realidad sin mentirse ni engañarse.

Observa que fulano es bueno o malo, pícaro o alguien confiable.

Si bien ese discernimiento es un trabajo recomendable para todos, hay muchos que no se toman el esfuerzo de hacerlo. Y andan por la vida dejándose enredar por malos o pícaros sin intención de distinguirlos y alejarlos.

Debe ser por eso que los malos o pícaros no están solos. Le deben la compañía a distraídos o quizás a otros que los eligen por convicción.

En mi humilde caso huyo siempre espantado de esos personajes que pienso que se extraviaron en lógicas que denigran al ser humano.

Vivir en la picardía o en la maldad es la antítesis de las virtudes que debemos honrar.






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sábado, 9 de noviembre de 2019

El jefe


Hace tiempo que el niño es el jefe, lo supe antes de que nazca. 

Mi espíritu sensible, cobarde y anti combativo no podía presagiarme otra cosa. 

El niño vendría y yo me replegaría sin chistar al recóndito lugar de la otra habitación, resguardado en la calidez de la guarida.

Lugar que por inercia o autopreservación habito desde chico, para salvarme del mundo externo y lógicas cercanas que resultaban perjudiciales.

Así que el bebé se ha ubicado plácidamente en la cama grande y yo he emprendido la indigna retirada.

Me he ido sin protestar, con la cabeza en alto y la convicción de que cumplo con mi deber, en las circunstancias que la vida ha traído.

No tengo nada por reclamar, ni nada por lo cual rebelarme.

Las cosas se asientan debidamente en su lugar.

En casa somos pocos, solo tes, pero desde hace un tiempo ya tenemos claro quién es el jefe de familia.

Y quién manda.






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sábado, 12 de octubre de 2019

Los idiotas


Pocas cosas me enojan más que la zoncera manifestándose de manera impúdica en las circunstancias más disímiles.

La idiotez avanzó tanto que hasta degradó la estupidez, porque antes quizás muchos eran tontos y no lo advertían pero ahora se vanaglorian de eso y hacen un culto a la zoncera.

Disculpen ustedes pero veo idiotas por todos lados y el problema es que son muy peligrosos.

Desde que me convertí en padre me parece por ejemplo una locura que cualquiera pueda tener un bebé en su casa. Teniendo en cuenta la estupidez reinante es realmente un peligro que seres indefensos estén en manos de tontos, incompetentes, irresponsables o insensibles.

Ayer nomás vi como una mujer bullanguera maltrataba a su hija con una agresividad que indignaba.

Y el otro día vi zamarrear con violencia a un niño por su padre con la agresividad propia del idiota que repentinamente se encuentra con una dosis de poder y es una persona subdesarrollada.

He visto idiotas que ponen música en autos armados con parlantes prepotentes en lugares paradisíacos como playas o laguitos que son el paraíso del silencio.

Lo hacen con el entusiasmo de los tontos que no advierten el perjuicio que ocasionan y creen que han venido para salvar al mundo.

Algunos son tan tontos que ni siquiera advierten que a pocos metros otro tonto hace lo mismo y entre estos parlantes invasivos, compulsivos y desafortunados, se mezclan los ruidos y solo logran aturdir a todos.

Otros que se hacen notar son los que andan en motos con los escapes ruidosos, creyendo que esos estruendos insoportables los transforma en galanes de turno, sin advertir que los revelan como idiotas molestos.

Entre los tontos más peligrosos no puedo dejar de mencionar los que cruzan en las esquinas sin mirar y de espalda generando las condiciones propicias para que los atropellen.

Y los idiotas que manejan autos sin frenar en las esquinas, a velocidad de descerebrado en calles y avenidas o pasando en curvas de rutas, propiciando la posibilidad de que esas conductas asesinas generen los previsibles resultados consecuentes.

Pero no voy a seguir enumerando la cantidad de idiotas que andan dando vueltas porque me doy manija y me dan ganas de mandarlos a todos a la mierda, con la expectativa de que ese recóndito lugar exista y puedan avivarse de una vez para no seguir haciendo daño.

Ustedes dirán que soy un rezongón y que podría tener una mirada positiva por ejemplo tapándome los ojos ante la idiotez.

Pero si sirve de defensa propia aduzco que en verdad apunto estas cuestiones que emergen de la elocuencia, con un espíritu positivo, porque creo que enfocarlas y mencionarlas puede servir para resolverlas.

Quizás algún idiota tome nota y se replantee su accionar.

Aunque debo confesarles que mis expectativas al respecto no son muy buenas.






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