lunes, 28 de diciembre de 2009

Mi Deseo...



Mi deseo es que corran, que salten, que bailen y canten.

Que vuelen alto, que atrapen al sol.

Que haya menos copia, y más imaginación.

Que de pronto reconozcan que nadie es más que nadie. Ni menos que nadie.

Mi deseo es que cada uno de lo mejor de sí.

Que vea siempre en el otro un potencial amigo.

Que sólo te acompañen los lindos recuerdos.

Mi deseo es también salud, dinero y amor. Feliz navidad, próspero año nuevo!

Pero fundamentalmente mi deseo es que algún día estemos convencidos que en verdad el otro. Ese que anda en el colectivo, nos cruza por la calle, sirve un café, nos cruza en la ruta…

El otro no es simplemente una persona.

Es en verdad un compañero de la vida.
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domingo, 27 de diciembre de 2009

Vivir la Función



La mente suele ser bulliciosa. Trae imágenes del pasado, muestra imágenes del futuro.

Relata conversaciones que ocurrieron. Exhibe conversaciones que viven en el tiempo que vendrá, que tal vez nunca sucedan.

Recuerda momentos que pasaron. Diseña momentos que serían, que se vivirían.

Muestra gestos, vivencias, palabras, sentimientos…

De repente, uno con las manos vacías.

En mi caso el problema suele ser la construcción del futuro en mi subjetividad.

Ahí estamos.

La mente me muestra lo que viviré indefectiblemente. Y las circunstancias suelen involucrarme en una realidad que algunas veces no me pertenece.

Pobrecito.

Sé que tarde o temprano la escena va a producirse. Y la obra por fin será representada.

Pero hoy…

Hoy no hay función.
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jueves, 24 de diciembre de 2009

Las Palabras


Muchas veces siento que sobran las palabras. Me enojo y me convenzo que no sirven para nada.

Pero vengo al papel sigiloso, sumiso.

Me entrego con vocación de encontrarlas. Aún sabiendo que no sirven. No sirven para nada.

El juego es un desahogo del alma. Un decir que lo único que quiere es revelarse. Hacerse presente, mirar a los ojos.

Alzar la voz y entregarse.

- Acá estoy, me digo determinante.
- Acá, acá.

Las palabras deben revelarse de una vez por todas. Lanzarse al juego, pronunciarse.

Inhibidas sólo persisten reticentes.

Se agobian de silencios que luchan por manifestarse.

Pero no, no dicen nada.
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martes, 22 de diciembre de 2009

Ayer


Fue hasta ayer.

Hasta ayer pensaba que se podía explicar todo.

De una manera u otra bastaba con acercarse a cualquier situación o acontecer humano, observarlo desde ciertas perspectivas y metáforas, y por fin relatarlo con cierta precisión razonable.

Tonto.

Me debí haber dado cuenta de lo imponderable, de la imposibilidad que supone pretender abarcar lo subjetivo del ser humano, de la burla de la naturaleza a la razón.

Por suerte ayer no fue hace mucho.

Y hoy no es tarde.
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Ayer



Fue hasta ayer.

Hasta ayer pensaba que se podía explicar todo.

De una manera u otra bastaba con acercarse a cualquier situación o acontecer humano, observarlo desde ciertas perspectivas y metáforas, y por fin relatarlo con cierta precisión razonable.

Tonto.

Me debí haber dado cuenta de lo imponderable, de la imposibilidad que supone pretender abarcar lo subjetivo del ser humano, de la burla de la naturaleza a la razón.

Por suerte ayer no fue hace mucho.

Y hoy no es tarde.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

El Amor


Me pregunto por qué nunca le escribí al amor.

Yo, que le escribí a la libertad, al tiempo, a la muerte…

Yo nunca le escribí al amor.

Hoy me pregunto por qué. Por qué ni una palabra, ni un párrafo.

Se escabulló el amor de mis escritos sin que nunca pueda atraparlo.

Pero hoy lo miro de frente. Le pregunto qué sos. Quién sos. Por qué aparecés, venís, te quedás.

El amor es tal vez la creación más sublime del ser humano. La más hermosa y perfecta.

Un mundo que se inventa entre dos, se construye con el tiempo, se transita en momentos.

Son imágenes, son recuerdos.

El amor se expresa, se dice, pero fundamentalmente se siente.

No es cuestión de flores, ositos o regalos.

No, no.

Yo creo que un verdadero amor se construye con cada gesto, en cada palabra que ofrecimos o recibimos. Cuando estuvimos, cuando nos fuimos. En cada momento que vivimos. Entre encuentros y desencuentros.

Y muchas veces un gran amor se construye...
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jueves, 17 de diciembre de 2009

El Enojo



El enojo en mi caso siempre es fundado.

Siendo una persona que me considero racional y justa, no podría ser de otra manera.

No lo manifiesto con grito, golpe de puños o tirando la piedra al blanco perfecto.

Pero lo percibo silencioso e intenso.

Se me presenta, viene a buscarme, me toma. Y ahí está.

Algo en mi interior se dispara como consecuencia de un hecho, una noticia o hallazgo. Una batucada íntima parece reclamar la acción.

Que golpee la pared, diga por fin la mala palabra, frunza el seño, rompa lo que tengo a mano…

- Vamos, dale. Hacelo de una vez. Tonto, tonto. Dale…

Me quedo en silencio. Observando el enojo y sus fundamentos.

Hasta que decido revelarme con determinación…

Escribiendo.

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La Demora


Me descubro haciendo uso de la demora, como una posibilidad que adopto casi sin darme cuenta.

Aparece uno de los tantos temas que no me gustan. O bien, me inquietan o tal vez no me despiertan mayor interés.

El tema es que esa acción, esa tarea, ese capricho de la impostura exige mi atención.

Muy bien. Lo veo, lo observo. Hago una suerte de aproximación. Y me voy.

Sabiendo que debo volver a encontrarlo, a afrontarlo y superarlo.

No me sale gratis irme y dejarlo.

Una suerte de energía perturbadora y silenciosa parecería operar desde la subjetividad gritando por su reclamo.

Exigiendo atención.

No importa que juegue al fútbol, que lea, camine, salte, de charlas o baile.

El reclamo persiste a pesar de la indiferencia.

A veces susurra, a veces grita. A veces está y por momentos parece que se va.

Por fin, un día decido liberarme del agobio.

- Qué pasa acá. Me digo, me pregunto, me interrogo.

Voy a su encuentro. Y digo…

Basta.

Basta ya.
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martes, 8 de diciembre de 2009

Discusión Corporal




El otro día cometí la osadía de estar a las siete en el gimnasio.

Sí, a las siete.

De repente estaba corriendo en la cinta feliz como un niño. Con programas periodísticos en el oído, moviendo una pierna para adelante y la otra para atrás, rítmicamente.

Un, dos…

El pecho en alto, la respiración prominente.

Tres, cuatro…

La osadía se reveló desde el primer momento. Mi cuerpo no entendía nada. Era claro, una queja persistente de fastidio me hablaba en silencio.

- Qué hacés acá. Qué te pasa, estás loquito.

Cinco, seis…

Seguí moviendo las piernas siempre con cierto malestar. Me hacía el tonto, como que no escuchaba. Pero el reclamo se manifestaba a cada paso.

Siete…

Recordé que no hay peor voz que la que se expresa desde el silencio. Entonces escuché lo único que tenía que escuchar.

- Qué hacés acá.

Miré para el otro lado.

- Che, qué hacés acá.

Nada, me dije. Estaba probando. Pasa que ayer me fui a correr 10 kilómetros y decidí avanzar para llegar a los quince. Ya sabés, arrancamos con cuatro, siete, diez, y siguiendo los consejos de Rodolfo llegaremos a los 20 sin problemas.

- Qué hacés acá. Tendría que estar durmiendo, o en su defecto escuchando la radio con el diario en la cama.

Nos vamos, dije para no ser menos y que quede claro quién manda. Terminamos esto ya, anuncié sin titubeos.

Sigiloso apagué la cinta a los 30 minutos. Y volví a la rutina como si no hubiera pasado nada.




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jueves, 3 de diciembre de 2009

La fallida técnica de los eternos duelos



No tengo nada de violencia.

Lamentablemente, creo.

Porque acentuar la emocionalidad, ascender hacia el enojo y liberar la ira debe ser una buena técnica de salud mental.

Desprenderse a veces de cierta rabia que pugna por manifestarse. Arrojarla en la cara de los demás y marcharse.

Chau.

Lamento en verdad no poder asumir los duelos. La pérdida se expresa, yo la miro. Nos alejamos y se va.

O me voy. O se va. O en verdad se queda. No sé.

Pero los duelos están ahí, latentes. Sin su certificado de defunción. Por la negación de la pérdida que asumo frente a un capricho de cierta imperfección de la naturaleza humana.

Va a llegar el día que voy a mirar los duelos de frente.

Les grite en la cara. Aunque no los golpee.

Los abrace…

Y los deje ir.




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