martes, 8 de diciembre de 2009

Discusión Corporal




El otro día cometí la osadía de estar a las siete en el gimnasio.

Sí, a las siete.

De repente estaba corriendo en la cinta feliz como un niño. Con programas periodísticos en el oído, moviendo una pierna para adelante y la otra para atrás, rítmicamente.

Un, dos…

El pecho en alto, la respiración prominente.

Tres, cuatro…

La osadía se reveló desde el primer momento. Mi cuerpo no entendía nada. Era claro, una queja persistente de fastidio me hablaba en silencio.

- Qué hacés acá. Qué te pasa, estás loquito.

Cinco, seis…

Seguí moviendo las piernas siempre con cierto malestar. Me hacía el tonto, como que no escuchaba. Pero el reclamo se manifestaba a cada paso.

Siete…

Recordé que no hay peor voz que la que se expresa desde el silencio. Entonces escuché lo único que tenía que escuchar.

- Qué hacés acá.

Miré para el otro lado.

- Che, qué hacés acá.

Nada, me dije. Estaba probando. Pasa que ayer me fui a correr 10 kilómetros y decidí avanzar para llegar a los quince. Ya sabés, arrancamos con cuatro, siete, diez, y siguiendo los consejos de Rodolfo llegaremos a los 20 sin problemas.

- Qué hacés acá. Tendría que estar durmiendo, o en su defecto escuchando la radio con el diario en la cama.

Nos vamos, dije para no ser menos y que quede claro quién manda. Terminamos esto ya, anuncié sin titubeos.

Sigiloso apagué la cinta a los 30 minutos. Y volví a la rutina como si no hubiera pasado nada.

3 comentarios:

  1. Jaja, qué gracioso!. No trates de desafiarlo entonces, porque parece que te gana. Hacele caso. Saludos

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  2. Yo festejo las pequeñas osadías diarias,esas que nos sacan de las rutinas y no recuerdan que existen otras posibilidades...aunque duren un ratito..
    Hubieras escrito ésto de haberte quedado como siempre??
    Saludos,y arriba las pequeñas osadías!!

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  3. Gracias!! Siempre pienso que el blog sería mucho más interesante si dejaran más comentarios. Saludos!

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