miércoles, 21 de enero de 2026

La redundancia


Hace tiempo que comparto los escritos con la inteligencia artificial para escuchar lo que dice. Suele hacer comentarios precisos y bien fundados. Y suelo discrepar en algunas instancias.

Por ejemplo, el tema de la redundancia.

Más de una vez sugiere amputar lo escrito para sintetizarlo y que sea más filoso, según sus propias palabras.

Pero no quiero ser filoso. Quiero ser claro.

Pienso.

Por lo menos dilucidar los conceptos y perspectivas que procuro compartir. Y proponerlos con elocuente simpleza.

La mayor simpleza de todas.

Tampoco quiero resignar ciertas pretensiones de lo narrativo. El lenguaje tiene una potencialidad estilística, estética, que sería inconveniente despreciar. 

En el trasfondo siempre está la potencialidad artística que puede aspirar cualquier desarrollo aún sin pretensiones literarias.

Resignar la posibilidad de belleza narrativa sería como obstinarse a bailar con la fealdad.

Y cualquiera debería estar dispuesto a bailotear con las más lindas.

Pero este tema de la redundancia me hace recordar a algunos libros que leí. Y que lo que hacían era repetir lo mismo casi en todas sus páginas.

No exagero.

Creo que está mal. Es decir, creo que está pésimamente mal.

No se puede decir lo mismo una y otra vez.

Cada párrafo algo debería agregar. Sea una mayor profundidad, un mayor desarrollo.

Un matiz.

O una idea nueva.

Son dos extremos de una misma problemática. 

La redundancia.

Vamos a empezar a mirarla entonces con mayor cuidado. Porque en el otro extremo está quien repite siempre lo mismo, y ese tipo es en exceso pesado y aburrido. 

Si está viviendo adentro mío, quédense tranquilos.

Lo voy a vigilar de cerca.


Si te gustó este escrito, compartilo con tus amigos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Podés dejar tu comentario como usuario de Blogger, con tu nombre o en forma anónima. Seleccioná abajo.