¿Por qué me enojo?
Difícil precisarlo con minuciosidad y referir a la diversidad de motivos que despiertan el enojo.
Debería hacer un libro, y aun así no sé si se necesitarían varios tomos.
Hay que ser tonto para enojarse tanto, pienso. No sabés a esta altura que lo más valioso es la salud y que el estrés te mata.
No exageres.
El estrés te juega en contra, te perjudica, te puede reducir el tiempo de vida. Y por algo tantas enfermedades están asociadas al estrés.
¿Por qué no meditás, entonces?
Sí, hay que…
Medito cada tanto, no todos los días ni todas las semanas.
¿Y por qué te enojás?
Hay muchos motivos, no valdría la pena enumerarlos. Aunque quizás podrían catalogarse de algún modo.
¿Por ejemplo? No sé, estoy pensando. Si tuviera las respuestas no escribiría. Escribo porque tengo las preguntas, o surgen las preguntas, y consecuentemente, por la sana ilusión de encontrar las respuestas apropiadas, o las mejores aproximaciones posibles.
¿Para qué?
Para avivarse. Siempre es para avivarse.
¿Para qué va a ser?
¿Jugar?
Un poco, ponele. Pero no jodamos, uno escribe para avivarse, tiene la convicción de que tarde o temprano se apiolará y todo será diferente.
Es decir, con conocimiento uno se habilita a las decisiones afortunadas. Y le da cauce a los cursos convenientes para construir la realidad que a cada uno se le antoje.
¿Por qué te enojás?
Por ejemplo, por mencionar algo, diría la expectativa. La expectativa sobre el otro.
Hay que dejar al otro tranquilo.
Uno comete el error de pretender apresarlo a un futuro imprevisible.
Saber que fue históricamente es una referencia pero no una definición absoluta.
El hombre o la mujer están abiertos siempre a la libertad de respuesta.
Se puede predecir por historicidades, pero determinar, lo que se dice determinar, imposible.
Previsibilidad siempre posible, nunca absoluta.
Mirá Pedrito, nunca hubiera pensado que Pedrito…
Y Angélica, vos hubieras pensado que Angélica, como es ella, iba a…
Bueno, para sintetizar, que ya es tarde y nos tenemos que ir, pensemos cada uno qué carajo nos enoja.
¿Para qué?
Para evitar caer en esa emocionalidad dañina, y sacarnos el estrés de encima.
Pare de sufrir, sea feliz carajo.
En fin.
¿Cómo podemos evitar esos enojos? ¿Cómo podemos reducirlos?
Fijémonos lo que pensamos. Estemos bien atentos. Si nos lleva por mal camino salgamos de ahí.
No seamos tan tontos de intoxicarnos a voluntad.
Estemos alertas a lo que pensamos y a los disparadores de nuestros enojos.
Lo digo por experiencia porque dentro mío vive un viejo macaco que está al acecho y anda siempre entreverado.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Podés dejar tu comentario como usuario de Blogger, con tu nombre o en forma anónima. Seleccioná abajo.