miércoles, 27 de mayo de 2020

Todos y todas


Nada resulta con más vocación de movilizar la emoción colectiva que el grito desaforado del político cuando toma aire, se llena la boca y vocifera.

Todos y todas.

Las multitudes lo ven al hombre o la mujer descarnada en una manifestación que parece un grito de guerra.

Una rebelión valiente sobre una circunstancia en apariencias intrascendente.

La gente que sigue el juego y se presta a la farsa se conmueve, parece desbordada por un sentimiento que la invade, siente la piel de gallina o cae en sollozos indescriptibles, tomada por una emoción desmedida que no alcanzan las palabras para representar.

Porque esos seres totalmente conmovidos se permiten caer inmersos en la profundidad de la zoncera, mientras el parlanchín de turno se llena la boca conmovido con esas palabras.

Todos y todas.

Otros miran como extrañados un espectáculo tan pintoresco y se preguntan por las razones que se encuentran detrás de las bambalinas.

Esto es un poco inquietante porque la gente inteligente sabe que al decir todos incluye a todas. Y al ser el tiempo un recurso muy valioso que tenemos, es un despropósito gastarlo en semejante estupidez.

Aunque advierte con claridad el esfuerzo de los oradores por valerse del despropósito y la emoción quizás fingida o sentida, de quien se conmueve por esas palabras.

Todo es lícito aunque sea una farsa.

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