lunes, 10 de diciembre de 2018

Dolor de ojos



Hace un tiempo quedé impávido ante un par de mails recibidos de alguien que manifestaba abiertamente total desprecio por la ortografía y la gramática.

Luego de esos correos recibí otros que se mantenían en la misma lógica y revelaban un compromiso indeclinable por manifestar la dejadez y el analfabetismo sin pudor alguno.

Casi por azar recibí esos mensajes que luego también me llegaban en comunicaciones de WhatsApp de mi nuevo compañero de trabajo, hasta que un día me reuní con el responsable del despropósito para procurar persuadirlo de la inconveniencia que supone obrar con extremos descuidos haciendo culto a la ignorancia.

Previamente por supuesto ya le había dicho que no debía comunicarse nunca por escrito con ningún cliente. Esa precisión fue una certeza elocuente ante el primer correo recibido.

Es cierto que soy amante de la libertad y estimulo a que cada uno haga lo que se le antoje, siempre con la salvedad de que sus actos no perjudiquen al otro al punto de ocasionarle un serio daño que pueda vulnerar drásticamente su bienestar físico o psicológico.

Por eso este muchacho debería deponer su actitud, porque apenas recibo sus correos creo que se me van a partir los ojos.



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