domingo, 16 de marzo de 2008

Felipe Volador

Lo encontré a Felipe entre baldes, palas y juguetes. Estaba repleto de arena a unos cuantos metros del mar.

-Tío Juan, -dijo.

-Moto. Moto.

Felipe vino a mí para buscar diversión. Con su cara maquillada con arena y una pala amarilla se acercó para invitarme a jugar tenis.

-Tenis, tío, -dijo ofreciéndome otra pala como si fuera la mejor raqueta.

-Esperá Felipe, vamos a volar. Le anuncié como quien tiene la mejor propuesta para el festival.

Senté a Felipe en la reposera. Le indiqué que se agarre fuerte a los apoyabrazos. Y le pedí que esté concentrado y atento para el despegue.

-Despegamos, -anuncié. Mientras encendí el ruido de las turbinas que prometían llevar la reposera con Felipe por el aire.

Casi inmóvil con los ojos sobresaltados el cuerpito de Felipe aguardaba el vuelo prometedor. Con las turbinas crujiendo la silla despegó en plena playa de Necochea. Y salimos impulsados a recorrerla.

Felipe iba por el aire sentado en la reposera. Mientras los dos gritábamos y reíamos recorriendo la playa.

Sobrevolamos al padre y la madre que miraban el espectáculo. Avanzamos sobre la arena mientras nos acercábamos al agua. Pero volvimos en una curva violenta que llenó el vuelo de adrenalina.

Todo era perfecto hasta el aterrizaje.

-Ajustate los cinturones, Felipe.

Me miró sin entender nada.

-Aterrizamos.

La silla se elevó y empezó a descender. Fue un aterrizaje suave de Felipe volador.

2 comentarios:

  1. Hermoso el nene y muy lindo este escrito que rescata un momento que parece mágico de la vida. Saludos

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  2. Amigo! este es el camino! esto es la vida!! sabroso el momento, gracias.
    Leandro de Tandil

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