jueves, 5 de noviembre de 2020

Nos vamos a morir..

 


Porque sencillamente nuestra generación o los contemporáneos han estado zonceando entre cuestiones de aparente urgencia de las cotidianeidades diversas y han desatendido drásticamente la determinación de resolver el tema más importante de todos.

La muerte.

Tonteando de alguna manera la finitud se encamina a doblegarnos a todos. 

Mientras levantamos un barrilete o miramos vaya a saber qué información vanamente importante pero en apariencias significativa, marchamos como corderitos hacia un final de nuestras vidas.

Sí, me quejo.

Pueden decir ustedes, ¿pero vos qué hacés para quejarte? 

Bueno, me quejo porque esa queja está de alguna manera en el radar de mis posibilidades. Me quejo porque creo en verdad en la queja como fuerza movilizadora para producir cambios. 

Y también me quejo, sepan ustedes, porque es fácil quejarse.

Mucho más difícil es enfrentar con convicción indeclinable el problema que fuera, poner manos a la obra y resolverlo. 

Y, si el objetivo no se alcanza, llegar hasta el mayor avance posible tendiente a solucionar lo que fuera y encaminar nuestras intenciones o caprichos hacia sus consecuciones finales.

¿Qué hay que hacer?

En mi convencida opinión hay que dejar un poco de ver la telenovela o los enredos de las urgencias diarias para centrarse en lo importante con ánimo de avanzar con toda la determinación del mundo y lograr por fin abrir cierta ilusión.

Ilusión que podría prometernos primero vivir doscientos años.

Y luego, vivir tanto como queramos. Jóvenes, lúcidos y fuertes.

Por supuesto, acá nadie está proponiendo que seamos viejitos con achaques imposibilitados de hacer deporte, andar en bicicleta, practicar el salto del tigre o discursear lo que fuera con cierta razonabilidad para que el espíritu crítico quizás mal intencionado, escuche o lea, y luego diga.

Miren las pavadas que dice ese viejo gagá.

Nada de eso, lo que necesitamos y debemos construir es la posibilidad de vivir primero muchísimos más años y luego eternamente.

Hagan ustedes lo que puedan, pero hagan algo.

Yo prometo no aburrirme ningún domingo, sea lluvioso o soleado.



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