sábado, 23 de abril de 2016

Decir


Un poco me inquieto con algunos temas y me sale la opinión con la intención de poder incidir en la realidad y favorecerla. 

Es esa una ilusión que me impulsa a abrir la boca o a tirar palabras. Sin esa ilusión, carecería de la motivación que le da ánimo al sujeto para que abra la puerta el mundo, se haga presente y manifieste su punto de vista.

En última o primera instancia el sujeto que dice lo que piensa creo que es un sujeto inconformista. Por eso asume la incómoda actitud de manifestarse tanto en los acuerdos como en los desacuerdos con los demás. 

¿Por qué lo hace?

Creo que en muchos casos lo hace por convicción propia. Para salvar su dignidad y evadirse de la comodidad que ofrece la posibilidad de no jugarse nunca por nada, honrando así la actitud pusilánime del ser cobarde y especulativo.

Cuando alguien opina desde sus entrañas se hace cargo de la incomodidad de enfrentar al mundo. De poder relacionarse con él para transformarlo. Para alinearlo en sus mejores posibilidades.

Esa gente que puede hacerse cargo de su auténtico pensamiento y rehuye a la posibilidad de silenciarlo para evitar problemas, hace una contribución notable a la realidad.

Son ellos quienes con sus palabras favorecen la evolución de la realidad. 

Quienes con su actitud honran la dignidad del ser humano.

Y, si parece excesivo lo que digo, sabrán disculpar.

Es que sospecho que predominan los acomodaticios, y nada mejor que inquietarlos.

Si algún día se rebelan, la realidad evolucionará más rápido.


2 comentarios:

  1. Interesante reflexión. A veces decir lo que uno piensa no cae bien pero eso tiene que ver con el que escucha. El que escucha reacciona según su parecer, su carácter o su interés de dar respuesta. Y creo que tiene que ver con el coraje y decisión de expresarse en lo posible respetuosamente.

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