¿Qué hacer con la plata?
Todos estamos participando en un juego que tiene sus reglas y posibilita organizar la sociedad de una manera efectiva.
Nos guste o no.
Porque uno podría decir: che, che…
Esperá un poquito. Pará…
¿Dijiste efectiva?
¿A vos te parece…?
Siempre hay alguien que pone un “pero” antes de que uno despliegue el concepto. No alcanza uno ni a balbucear que ya hay que andar explicando lo que ni siquiera se dijo.
Sigamos…
Efectiva porque funciona. Todos trabajan, o casi todos trabajan. Hay productos y servicios en circulación.
Uno va al peluquero, muestra papelitos o hace un clic, o pone tarjeta de aproximación.
Y peluquero y clientes contentos, sin nada que discutir.
Porque el convenio se produjo sin inconvenientes entre las partes.
Después, se va a tomar un helado, y se repite más o menos la situación.
Y así sigue y sigue: junta papelitos, da papelitos.
Junta papelitos, da papelitos.
Salvo que sea uno pijotero. Entonces, en ese caso, la ecuación es también clara.
Junta papelitos, guarda papelitos.
Junta papelitos, guarda papelitos.
No hay peor negocio que el del pijotero, no solo reduce su mundo de posibilidades, sino que se autoflagela con lo económico y lo peor es que, muchas veces, ni lo advierte.
Disculpen el desliz.
La plata está para usarla, no para acobacharla.
Si se quiere jugar el juego de la plata, entonces se puede juntar más plata para hacer más plata.
¿Para qué?
Bueno, cada uno sabrá. Sería pretencioso dictar una verdad definitiva.
Cada uno se puede preguntar y responder para qué quiere más plata.
La plata puede dar mucha más libertad, pero depende de cómo se relacione cada uno con ella. Porque mucha gente que hace más plata también construye mayor esclavitud.
Es un tema de precisión, de habilidad personal, decidir desde dónde relacionarse con el dinero. Que define, en realidad, el criterio propio más conveniente que cada uno elige tomar.
Hay gente que gasta la vida detrás del dinero, y otra que lo domina a voluntad.
Hay que saber calibrar.
Y esas instancias son peligrosas porque, en vez de que la persona use el dinero, suele observarse que el dinero usa a la persona.
Le genera atención, la tiene de aquí para allá. La domina, le exige.
Y, cuando menos lo sospecha, es su súbdito en vez de ser su amo.
Porque termina robándole su libertad y su tiempo.
Por eso hay que saber maniobrar, calibrar. Decir: hasta acá.
Suficiente.
Ojo entonces con la posibilidad de hacernos millonarios.
Si es que queremos ser amos, y no esclavos.
¿Elegimos?
Leer Más...








