sábado, 17 de julio de 2021

Todo va para peor


Todo va para peor. No se puede esperar nada bueno.

Los tontos avanzan de manera indeclinable y la realidad se transforma zonzamente.

Todis.

Nada bueno se puede esperar de la idiotez, solo el despropósito y los elocuentes resultados que entrega la zoncera.

Todo va para peor.

Manejan sin frenar en las equinas. Cruzan la calle de espaldas a los autos. Hacen cagar a los perros en las veredas y parques, y se van dejando los soretes con cara de pelotudos.

Sigue...

No hace falta enumerar las cuestiones que fundamentan la decadencia y el declinante proceder de muchos semejantes.

Cada uno puede hacer su lista y en caso de que le resulte pequeña, vea un poco las noticias o salga a caminar y amplíela hasta que tenga ganas.

Y si espera un final feliz de este humilde escrito que revela lo esencial del hombre negativo, está equivocado.

El galán esta vez no se va con la doncella. El mundo no se arregla al final, termina igual o peor de destruido.

Queda lamentablemente usted con las manos vacías. No espere nada.

Ni siquiera un premio consuelo.





Leer Más...

miércoles, 14 de julio de 2021

Lo mismo


Creo que Sabato afirmaba que los escritores decían lo mismo una y otra vez. Aunque a decir verdad no estoy seguro que fuera Sabato quien lo decía. O quién lo decía.

Creo que muchos.

Pero tal vez o muy posiblemente le atribuya algo que no corresponde. Me retracto si es una equivocación.

Aunque siempre sospecho que el mundo simbólico está repleto de esas equivocaciones y desaciertos. Lo he comprobado con cierta recurrencia al advertir por ejemplo que una frase se le adjudica a un pensador o a otro. 

Y es la misma frase.

Pero no iba por ahí, doblo…

Los acomodaticios es el tema. Por qué, dirán. Bueno, es que hace tiempo no me encargo de ellos. Y las palabras están para inquietar, provocar e incidir en la realidad con la expectativa de transformarla de manera positiva.

Y ya saben, los acomodaticios no contribuyen en nada.

Por el contrario, validan hasta lo peor para que lo peor se asiente o permanezca.

Por eso los combato.

Alzo la guardia, aviso, insto y procedo.

No es que quiera persuadirlos de su actitud, aunque no pierdo la esperanza. Cualquiera puede cambiar y recobrar la dignidad, que es más saludable que la degradación que cualquier ser humano puede tolerar para honrar la pletesía, la condescendencia y la filosofía burda e insana del chumamedismo.

Por llamarlo de alguna manera.

Así que no hay que perder las esperanzas de que cierta provocación a espíritus acomodaticios surta efecto. Quizás esos seres imbuidos en esa filosofía degradante, se empiezan a inquietar y por fin se rebelan.

Renaciendo como personas ante la existencia, para alistarse a cambiar el mundo.

Un poco hay que incidir sobre esa cultura para que la realidad mejore porque de lo contrario nos vamos al bombo y vamos a terminar siendo como esos países fracasados, donde los jerarcas viven en la riqueza mientras que todo el pueblo vive en la pobreza.

Por eso, quizás, combato.

Tengo la ilusión de incidir, persuadir y movilizar. Al menos en el espacio personal e íntimo de quien lee atento y tiene la apertura para preguntarse quién es, si está bueno seguir así, o es mejor hacer historia y cambiar.

Dejar de estar de rodillas. Ponerse de PIE.

Y alistarse fuera del equipo de los acomodaticios, para asumir la incomodidad cada vez que la existencia lo reclame, y actuar con la dignidad de quienes detestan la mediocridad propia de los espíritus pusilánimes y se encargan de transformar positivamente el mundo.





Leer Más...

sábado, 10 de julio de 2021

Ensalada rusa


¿Por qué los escritos tienen que ser ordenados, desplegarse con cierta simplicidad y desarrollar conceptos con la mayor claridad posible?

Para que se entiendan, puede pensarse. Quizás esa es la intención. Que el otro que lee, entienda. Y que quien escribe no lo haga perder tiempo, enredándolo en ideas escabrosas con pasajes trabajosos de difícil entendimiento.

Ese truco solo es el válido para quien quiere estar en el pedestal de la intelectualidad y transmitir de algún modo que está viviendo en otro mundo. En las alturas del pensamiento donde la abstracción sofisticada es propia de espíritus elevados.

Como el de él.

Pero esa farsa dura poco y ya todos se avivaron, aunque siempre queda algún incauto.

Ohhh.

Qué dice este hombre, puede preguntarse alguno que lee esos textos escabrosos, enmarañados, difusos e inentendibles. 

No importa, porque no iba a eso y estoy traicionando la intención de este escrito que era de algún modo entreverarme para salir de lo simple, lo claro y lo entendible.

Y ensaladarme.

Por qué todo tiene que ser claro, previsible, entendible. Impecable en el desarrollo.

Comienzo. Desenlace. Final.

Hay que enmarañarse quizás cada tanto y dejarse empaquetar por lo difuso, lo desordenado, el caos y el desentendimiento.

Hace frío. 

Pero la puta, como puede ser que tanta gante se vaya de nuestro querido y hermoso país. Es que lo están destruyendo, ¿sin querer queriendo?

La boca se te haga a un lado, Juan. Diría mi abuela.

No te busques enemigos Juancito, me digo. Me recuerdo. Me imploro.

Es que creo en la incidencia positiva. En la asunción de la incomodidad para favorecer el buen rumbo que lleve a la construcción de la realidad positiva.

Pero quién carajo te crees que sos vos, pelagato.

Ah, no. Pelagatos no. Pero es que la gente se está yendo del país…

Callate Juancito.

Es que el rumbo es equivocado, ¿quién vota comunismo en Argentina? Es menos del 4 %, con lo cual la ciudadanía no quiere saber nada con los regímenes de fracaso, con los dictadores, con la destrucción de la república. Solo si un político quiere fracasar o es persuadido para que fracase debería ir por ahí y sacar chapa de eso. No conozco a nadie que haya votado al presidente que quiera que seamos Venezuela.

Callate.

Es que yo quiero que al presidente le vaya bien. Que nuestro querido país progrese y no sea un espanto para quienes quieren trabajar, producir y progresar. 

Hay que generar las condiciones para emprender, para vivir mejor, para nivelar para arriba.

No para abajo.

Callate Juancito. 

Es que yo quería… 

Cállate.





Leer Más...

domingo, 13 de junio de 2021

¿Por qué les gusta que les mientan?

Ultimamente me despacho con los fanáticos quizás por propia prescripción médica.

Apunto y disparo porque no puedo creer que obren de manera tan indolente, engañando a los demás y engañándose a ellos mismos.

No puedo creer que haya gente grande que oficie de tan tonta que niegue las evidencias.

Por eso me enojo con razón.

Porque el cuento, el relato, la historia, llega siempre hasta donde empieza la realidad. 

Ni un paso más.

¿Entonces?

Entonces hijo, lo que es mentira es mentira. No te esfuerces en defenderla. 

Aceptá que es mentira. Un fraude. Un atropello. Un burdo engaño quizás de algún vivillo o vivillos que lo único que persiguen es su beneficio personal. 

Vivir en una quinta o viajar gratis, por precisar burdos anhelos de la mediocridad imperante.

Disfrutar las supuestas mieles del poder que cualquier persona evolucionada sabe que no llevan a nada. Pero no son pocos los entusiastas perseguidores de los privilegios que se puedan obtener a costa de explotar a todos bajo el pretexto, por supuesto, de que están para salvarnos.

Así de naboletis son.

Debe ser por eso que los repetidores de la farsa deberían rebelarse y dejarse de joder con ser cómplices del desropósito.

Es sencillo.

Lo que está mal, está mal.

Para lo único que sirve defender lo indefendible es para quedar como un papanatas.

Que encima por ser cómplice acomodaticio, no contribuye en nada a transformar positivamente la realidad.

Basta de ser repetidores de una farsa que lo arruina todo.

Rebelarse y despertad!





Leer Más...

domingo, 6 de junio de 2021

Lo que está mal no está bien


Y viceversa.

Estamos en tiempo de confusión donde prepondera el despropósito.

Lo que está mal, no está bien. Está mal.

Y lo que está bien, está bien.

Es sencillo.

El problema es que la degradación de valores y el derrumbe educativo son la tierra fértil para la equivocación. Y cualquiera puede meterse en el fango de la zoncera para colaborar con el desentendimiento.

Es decir, con la interpretación fallida o maliciosa que procura indicar que está mal lo que está bien.

O viceversa.

Cada día cuesta más explicar porque se instala el despropósito que se despliega con el beneplácito de las fieras.

Es decir, los resentidos.

Son las fieras que reclaman sangre y exigen pleitesía. Y luego un coro de mediocres cacareantes les ofrece lo que demandan.

No está mal que los políticos mayores o quienes sean se vacunen en Miami o en otro país si lo hacen por decisión propia sin joder a nadie y con sus propios recursos.

¿Cuál es el problema?

¿Deberían quedarse esperando un turno que no les llega para acentuar la posibilidad de contagiarse y ofrecer la imposibilidad a la zoncera?

Es más confiable un político que resuelve los problemas que otro que lo cuestiona para recibir el beneplácito de los resentidos que buscan cualquier excusa para caer sobre los exitosos.

No se trata de defender a nadie en particular porque ante la falta de vacunas en el país muy bien harían en irse a vacunar al exterior los políticos de los espacios que fueran y los ciudadanos que puedan.

Queda una vacuna más en el país para alguien que la necesite.

Pero ya saben estamos en tiempos de confusión con degradación educativa. Y oportunistas al salto.

Imagínense que todavía hay políticos que admiran a países comunistas fracasados aunque al viajar eligen siempre los países desarrollados.

La farsa es elocuente, son parlanchines de ocasión que buscan alegrar a las fieras. Detestando el éxito ajeno y diciéndoles a las resentidos que está muy bien nivelar para abajo. Y autoflagelarse negando las posibilidades que pueden resguardar sus propias vidas.

Déjense de joder.





Leer Más...

sábado, 29 de mayo de 2021

Las palabras que construyen

Hace tiempo tomé la decisión de no discutir con fanáticos. 

Esencialmente lo resolví para eficientizar el tiempo y no malgastarlo en discusiones improductivas que lo único que pueden lograr es erosionar los vínculos.

Así que me retiré de cualquier posibilidad de controversia en el diálogo que pueda ofrecerme cualquier fanático. Aunque obviamente los escucho con atención, con intención de reconsiderar cualquier punto de vista que pueda tener para reformularlo o superarlo si las argumentaciones aportadas así lo sugieren.

La practicidad de evadir discusiones con testarudos me salva de esos menesteres, y el otro queda tranquilo pensando como piensa sin tener que molestarse por lidiar con evidencias que le muestran con elocuencia que defiende muchas veces lo indefendible.

De modo que se evita el malestar propio y el malestar ajeno.

Uno no pierde tiempo aportándole al otro información que podría ser relevante para construir su perspectiva, enriquecerla o modificarla cuando sea conveniente, si así lo indica la inteligencia.

El otro tampoco pierde tiempo porque no tiene que renegar con evidencias que no quiere ver ni escuchar. Y puede permanecer tranquilo y contento con los ojos cerrados, vendados, o los oídos tapados.

Queda feliz preservando su identidad y negando la posibilidad de repensar, cambiar de opinión o redefinirse.

Situación muy desafiante porque lo llevaría a ceder la identidad que ha defendido vaya a saber hace cuanto con uñas y dientes, con razón y sin razón. 

Todo por la revolución.

Dicho esto, continuamos…

Que el otro quede tranquilo y pasemos a otra cuestión que desentiende el fanatismo. 

Démoslo al fanático por perdido, no sirve discutir con quien no está dispuesto a evolucionar en su pensamiento. Y lo único que pretende es explicarle al otro que está equivocado, aunque no tenga información que sustente esa pretensión y muchas veces se base en cacareos infundados.

Y si alguien ve todo lo que está mal como si estuviera bien, es un hombre perdido. Un ser extraviado en su propio cuento, que reniega de la realidad y detesta la evidencia.

Pero sigamos…

La palabra sirve, y sirve de mucho porque incide en la percepción de la realidad, la posibilidad de abordarla y la consecuente incidencia para transformarla.

La palabra genera las condiciones propicias para transformar positivamente o negativamente la realidad.

Por eso es preocupante cuando las palabras están alentadas por la negatividad, la maldad o el resentimiento. Porque consecuentemente inciden para provocar una realidad consecuente con esa perspectiva.

Ya no se procura construir, sino destruir. 

Y así como no hay nada bueno en la maldad, tampoco hay nada bueno en la intención de destruir en vez de construir.

No conozco a nadie exitoso o inteligente que quiera vivir en un país como es tristemente hoy Venezuela. Solo alguien extraviado, masoquista, puede aspirar a la desgracia, a las penurias y a la pobreza. Y a las restricciones de sus derechos.

Nuestro país merece un destino mejor, un destino guiado por la bondad, la perspectiva positiva y la intención constructiva, no destructiva.

Hay que nivelar para arriba, nunca para abajo.

Si la circunstancial dirigencia está extraviada en filosofías perdedoras, decadentes y fracasadas, como a todas luces la historia revela en sistemas comunistas liderados por dos o tres vivillos incompetentes de turno, el pueblo en las próximas elecciones la va a despabilar. Porque la inmensa mayoría queremos vivir en un país mejor, no peor.

No sé a quién van a votar, pero salvo los resentidos y los acomodaticios de ocasión, seguro que nadie votará para que se siga el camino de Venezuela.

Los argentinos van a construir un destino muchísimo mejor.





Leer Más...