¿Cuál es la verdad de la milanesa?
Señores, señoras, señoritas. Solteros y casados. Treintones, cuarentones, cincuentones, sexagenarios…
Veamos por favor esta cuestión.
Todos de alguna manera somos partícipes de ella y de algún modo sufrimos o nos beneficiamos de las consecuencias.
A saber…
El susodicho que elabora un relato con la artimaña de beneficiarse toma de la realidad cierta parcialidad y la estira, la fragua, la amolda, y la hace hablar de manera tal que lo beneficie esencialmente.
Produce entonces un cuento alineado con su interés más mezquino para salirse de algún modo con la suya.
Lo cual no quiere decir que no sea un buen hombre o una buena mujer.
Quiere decir lo que quiere decir. No traduzcamos.
Se hace un cuento alineado con el propio interés. Lo cual es lo más esperable y razonable.
Ahora bien…
El tema es que ese cuento no solo incumbe al susodicho o a la susodicha, sino que incumbe a un otro, que podríamos ser nosotros por ejemplo.
De modo tal que el relato inicial puede afectarnos, produciendo vaya a saber uno qué consecuencias.
Por este motivo creo que lo que deberíamos hacer es estar atentos a los cuentos que se producen y que de forma directa o tangencial pueden afectarnos, beneficiarnos o perjudicarnos.
Pocas cosas son más indignantes que observar la habilidad de parlanchines que adquieren la destreza de la simulación y orquestan narraciones en apariencia consistentes y verdaderas, pero en esencia falsas y mentirosas.
Indignan esos sujetos que toman una pizca de verdad para orquestar una realidad inexistente que puede muy bien embaucar a quien lo escucha.
Porque esos cuentos que se apoyan a veces en un ápice de verdad pueden ser cruciales en la realidad mental de quien asume el relato que sea.
Y como es imposible estar siempre participando en la realidad a la luz de los hechos, cualquier persona está sujeta a escuchar lo que fuera y quedar de alguna forma bien embaucada.
Sin siquiera advertir que ha sido víctima de triquiñuelas que no se ajustan con precisión a las verdades que fueran, si no que la tergiversan y manipulan por beneficio propio.
Por eso estemos atentos, muchos cuentos terminan siendo ficciones convincentes que suplantan muy bien a la verdad.
Y no hay peor mentira que la que parece cierta.
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