sábado, 14 de marzo de 2026

¿Conviene luchar?


Siempre creo que la palabra más acertada es depende.

Depende.

Repito.

Primero y esencialmente, depende de cada uno. Si alguien es tranquilo, prefiere evitar problemas, se siente más cómodo agachando la cabeza, amoldarse a la injusticia o el despropósito que fuera, puede estar mejor, quizás, en el extremo de evitar luchar o recambiar directamente a esa alternativa.

Sufriendo por supuesto las consecuencias de quien no lucha. Lo pasan por arriba o le imponen vaya a saber qué cosas.

Pero evitar la lucha es una posibilidad, nadie puede negar que en el extremo de la cobardía puede residir el ser pusilánime.

Y que esa postura es lícita y asumida por un montón de personas dispuestas a dejar el mundo como está sin asumir ningún ánimo combativo ni ponerse siquiera en guardia en defensa de sus propios intereses.

Por otro lado, y en el otro extremo, está el ser combativo. Bravucón y pendenciero.

Ojito con ese.

Apenas lo mirás es capaz de darte un castañazo.

Sin motivo, muchas veces.

Así que ese es bravucón, está siempre en guardia y combate cada día.

Lucha cuando conviene luchar y lucha cuando no hay motivo razonable ni aparente para luchar.

Y entre ambos extremos aparece el ser que podríamos definir como criterioso.

No vive en el extremo de los pusilánimes y acomodaticios que no luchan ni siquiera por ellos mismos. Ni está en el extremo de los pendencieros que viven para combatir con causa o sin causa.

Luchan cuando vale la pena luchar, porque advierten muchas veces que el mundo no puede quedar como está.

Se hacen cargo de su incidencia para defender o transformar positivamente la realidad.

Y luchan cuando hay que luchar.


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sábado, 7 de marzo de 2026

¿Es natural la justicia?


Las creencias son vividas como tan ciertas que las asumimos como verdades.


Grave error.


Sobre todo en ciertos casos, cuando uno persiste en guiarse por estas verdades que la realidad desmiente.


Lo sé por propia experiencia.


Puntualmente por el tema de la evolución y la justicia.


¿Qué tienen que ver?


Nada, solo por el tema de desentrañar esta cuestión de las creencias.


Pero lo de la evolución con los años, que no siempre es evolución, lo dejaré para otro escrito.


Vamos por partes…


De chico pensaba que la justicia era lo natural. Que si se producía alguna injusticia era un desbarajuste ocasional que se corregía indefectiblemente.


Tarde o temprano.


Lo natural era la justicia y lo desajustado y erróneo la injusticia, algo que seguramente se reparaba.


Error.


Con los años lo vi con total elocuencia. Creer que lo natural es la justicia es una creencia que no suele corresponderse con la realidad.


No es así.


Es más, casi que uno podría pensar que lo natural es la injusticia, pero no quiero irme para el otro extremo.


Basta con aceptar que puede darse tanto la justicia como la injusticia. Y que presuponer que la justicia tarde o temprano llega es muchas veces una equivocación.


Porque no, no llega.


Muchas veces no llega temprano, no llega tarde.


Y no llega nunca.


Hay que aceptar.


Lo digo por experiencia, porque los años pasan y vi esta variable de la película desde que nací.


Hablo porque he sido un indagador exigente y preciso.


Lo observé todo desde hace años.


Y de esta nueva creencia, que muy bien podría estar equivocada, en lo personal no tengo la más mínima de las dudas.


Es así.


Aunque podría ser de otra manera.


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lunes, 2 de marzo de 2026

Las agachadas


Nada me parece más nefasto y grotesco que las agachadas.


Son situaciones de gente mediocre que se cree viva y obra con la destreza de la viveza criolla.


Le suele salir bien.


Desde su perspectiva, por supuesto.


Porque esto solo puede resultar un acierto para quien se centra en el logro despreciando los fines.


Que le importan un bledo.


Porque lo único valioso para esa perspectiva es salirse con la suya.


A cualquier precio.


Así que es frecuente encontrarse con personas que apelan a la agachada como lógica para lograr lo que fuera.


Y las hay de todo tipo.


Pero en general se caracterizan por ocultar información relevante, omitirla muy a sabiendas o transfigurar verdades.


Es decir, todas prácticas mediocres propias de personas muy poco desarrolladas.


Como cada tanto uno se encuentra con las agachadas, no puede dejar de observarlas.


Y, a lo sumo, escribe para revelarlas.



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domingo, 1 de marzo de 2026

¿Y si nos dedicamos a vivir?



No sé ustedes, pero en cada uno de nosotros presumiblemente estemos todos nosotros.

Mirá vos.

Es que en lo esencial somos todos iguales. Nazcamos donde nazcamos. Vivamos donde vivamos.

Todos nacemos, vivimos y morimos.

Es ahí, justo en ese intersticio donde se abre la extraordinaria arbitrariedad que nos permite resolver con decisiones y acción la vida que vivimos.

Es también ahí, justo en ese intersticio, donde resolvemos si queremos pasarla muy bien, más o menos bien, mal.

O muy mal.

Y es justo ahí donde parecería conveniente estar alertas y atentos.

Estamos para ser felices, me dijo un amigo cierta vez, despreocupado por generar ingresos y abocado al espíritu dionisíaco con predisposición descocada.

Hay que pagar el alquiler, le recordé.

Pero no importaba, su vida estaba clavada en la fiesta y en los tragos que lo esperaban en el boliche a la noche. Donde entusiastamente correteaba a las doncellas.

Con habilidad inusitada.

Luego con el paso del tiempo, como ocurre con los hippies viejos, el capitalismo los maltrata hasta encausarlos y descubren que plata de algún modo van a tener que generar.

Porque no pueden pasarla tan bien sin pasarla tan mal.

Hay que trabajar.

¿En qué estábamos?

Ah sí, en inquietudes que parecen trascendentales para definir nuestras vidas.

Es bueno detenerse en ellas porque cada día nos define por nuestras propias decisiones y cada día es una posibilidad que tomamos o dejamos pasar.

En el otro extremo del hipismo está el que nunca se conforma con nada. Quien no llega nunca a la instancia que le dice que es suficiente.

Que ya está bien.

Que siga, pero más tranquilo.

Un día de mala sangre es un día perdido.

Y muchos días de mala sangre son muchos días perdidos.

Hay gente que ha vivido tan penosamente por mentalidad y convicción propia, que no solo ha perdido días.

Ha perdido meses y años.

Y hasta gran parte de sus vidas.

Por eso hay que saber administrar las presiones y los problemas que nos generamos para lograr los objetivos que fueran.

Lograr lo que fuera hay que lograr, por supuesto. Pero los problemas y la consecuente mala sangre parecería conveniente que los mantengamos a raya.

Primero hoy y siempre vivamos.

Porque la vida de repente se termina.

Y si para algo estamos es para vivir.

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viernes, 20 de febrero de 2026

¿Cómo vivir correctamente?


Si alguien sabe, responda por favor.

Pero lo cierto es que a preguntas pretenciosas, respuestas diversas. Por eso lo máximo que podemos aspirar es a inquietarnos un poco y dilucidar pistas más o menos efectivas.

La verdad con las dos manos no la vamos a agarrar.

¿Cómo vivir correctamente?

Lo primero y más trillado que se me ocurre es algo que creo esencial y que no falla.

¿Qué?

Ser quien uno en verdad es.

Y hago una salvedad. Ser quien es en verdad, lo cual implica una aclaración necesaria. Porque supone que uno puede ser en verdad quien no es.

Veamos.

A veces ni uno sabe quién es. Y para descubrirlo requiere observarse con atención y responderse con sinceridad.

¿Está contento acá o allá? ¿Siente que se debe quedar en este entorno o que no ve la hora de huir? ¿Tiende a hacer eso porque el deseo le indica que es por ahí o es llevado de las narices por el ego?

Porque si uno es en verdad quien es, puede estar tranquilo.

Vive la vida correcta.

Pero si ejerce de quien en verdad no es, entonces es víctima de su propia pantomima.

Se desdobla por voluntad propia.

Y se extravía en sí mismo.

Por eso vivir correctamente debe tener que ver primero y principal con esta cuestión.

Luego, o mejor dicho a la vez, con alinearse con el deseo auténtico.

No es fácil, pero sí es posible.

Se requiere sinceridad, claridad, valentía y coraje.

La expectativa ajena puede indicar que es para un lado, pero el deseo indica que es para el otro. 

Es la disputa entre acomodarse a la comodidad o pagar los precios de la incertidumbre y la incomodidad.

La controversia interna está siempre latente y la decisión es personal. La persona resuelve si va a ser a medias o será con todas las letras.

A veces gana el coraje, otras la cobardía.

El deseo habla siempre desde el silencio, como si susurrara. Pero en verdad no balbucea, grita.

El verdadero desafío es escucharlo y hacerse cargo de él.

No quiero imponer ni determinar por supuesto nada. Pero estas supuestas directrices definen un camino correcto y delimitan muy bien un sendero que puede hacernos dignos de nuestra propia existencia.

Y sí, es por ahí.


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martes, 10 de febrero de 2026

¿Cómo conocer al otro?


No crean que es algo tan fácil y sencillo.

Rescatar la apariencia es una cosa, develar la verdad de su alma es otra.

Neruda.

Decía que desentrañar al otro no es una cuestión fácil. En la superficie se puede dilucidar un poco, pero en las profundidades del ser es más difícil elucidarlo.

¿Por qué?

Primero porque somos todos seres en aparición.

Es decir…

Nadie está determinado. Con lo cual no puede decirse, es así.

Qué le vamos a hacer.

Ese “es así” es más mentiroso que cierto justamente por esta característica irrenunciable que revela que el ser humano siempre está siendo y nunca es.

Su historicidad puede ser un marco de referencia para conocerlo, pero la verdadera definición de su persona no se resuelve por su pasado sino por su presente.

La persona es en su accionar presente.

Quedémonos pensando un poquito esto.

Nos va a liberar de pretensiones y expectativas sobre el otro y nos va a acercar más a la verdad de la condición humana.

Porque muchas veces no sufrimos por lo que el otro es, sino por lo que esperamos que sea.

El pasado predice pero no define. Por eso, si bien hay una tendencia a lo esperable, también hay una clara imprecisión.

Aceptando esta perspectiva podemos descubrir mejor a quienes participan de nuestra existencia y a quienes se cruzan por nuestro camino.

Y no nos embaucaremos tanto queriendo definir a alguien que nunca podremos definir.

Por lo menos así, hoy, lo estaría viendo yo.

Aunque mañana, creo que también.


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