La propia esclavitud
Uno lucha de algún modo por liberarse de una vez y para siempre, pero no advierte las triquiñuelas que están siempre al acecho y de alguna manera lo atrapan, lo maniatan, lo dejan enredado en sí mismo.
Encima por voluntad propia.
Es como que cae como un chorlito en las redes de la propia esclavitud que lo sujetan con gusto, sin darse cuenta muchas veces.
Debo decir que sospecho primero y luego, muy excepcionalmente, viene cierto vestigio de avivamiento.
No es lo más frecuente, pero cada tanto aparece. Es debido a la intención de comprender, de descubrir, de saber de qué va la cosa.
Así que no se debe a un espíritu esencialmente torcido y desconfiado que busca el pelo en la sopa. Se debe a la intención de arribar a ciertas elucidaciones convenientes, que hagan la vida más interesante, más provechosa.
Mejor.
Y hoy pareciera que cierta sospecha estaría derivando en algún avivamiento, con esto de la propia esclavitud que parece ponerse de frente.
Me pasa hace tiempo que mi presente se ve vulnerado por exigencias del mundo ajeno que se entromete sin pedir permiso y exige mi atención.
Malditas notificaciones.
Mi vida viene rumbeando de alguna manera al compás de esas intromisiones que, viéndolas de cerca, sospecho que son más problema que solución. Y que en vez de enaltecer mi vida, fomentar mi tranquilidad, reasegurar mi presente, lo perturban de manera caprichosa, maliciosa e insana.
¿Por qué tengo que estar atendiendo en directo la vulneración de mi presente?
¿Por qué lo hacemos?
Hace dos días apagué las notificaciones en honor de preservar el presente y honrarlo con la atención debida.
Me siento un poco inquieto porque no es una vida conocida, y pienso que el mundo podría estar desmoronándose.
Pero sé que me miento. Porque el mundo no se desmoronará sin mí. Soy una sutil intrascendencia de falsas relevancias, que se presentan como importantes en la propia vida.
Pero sacarme las notificaciones del presente me ha liberado bastante, sobre todo de personajes intrincados, bulliciosos y problemáticos, que requieren una atención indebida.
Así que de momento silencio las notificaciones. Aunque voy con demasiado breve plazo a ver si el mundo requiere mi intervención.
Pero confío en que esos lapsos donde chequeo voy a lograr ampliarlos, hasta llegar a una evolución más respetable, que libere por fin mi presente de las intromisiones.
De momento procuro preservar el presente y asistir al mundo externo que reclama atención en diferido.
Creo que advertí el estrés y la inconveniencia insana de la intromisión.
Basta de notificaciones.
Me cansé de ser esclavo de mí mismo.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Podés dejar tu comentario como usuario de Blogger, con tu nombre o en forma anónima. Seleccioná abajo.