jueves, 29 de octubre de 2026

Para aprender…


La mayoría escribe para enseñar. Yo escribo para aprender.

Lamento defraudarlos.

Si tuviera las certezas, si lo supiera todo, si a la duda la tuviera arrinconada o aniquilada, difícilmente me sentaría a escribir.

Escribo para desenredarme, desatarme y liberarme.

Curarme de mí mismo, como muy bien lo vengo haciendo. Con el propósito de quedar lo más sanito posible.

Una pinturita.

Escribir es preguntarse, andar explorando vericuetos, zambullirse en inquietudes y dar con vestigios y aproximaciones más o menos razonables que con cierta fuerza de convicción digan de algún modo, es por acá.

Ajá.

O algo así.

Por eso escribo en verdad, porque al escribir uno va como corriendo las cortinas de lo que quisiera ver y aún no alcanza a ver. Intuyendo que hay algo interesante del otro lado y que más vale que siga avanzando porque si no corre debidamente las cortinas no va a ver un carajo.

Y va a quedarse de algún modo con los ojos vendados.

Lo cual sería un despropósito para sobrellevar la vida, más con todas las exigencias y desafíos que la vida impone.

Así que si debo confesarme, en verdad escribo para aprender, para entender un poco más de lo que me inquieta. 

Y aunque lo que encuentre no sea un descubrimiento unívoco y definitivo, esos destellos de supuestas verdades prometedoras, debo decir que no me salvan.

Pero me avivan bastante.


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