¿Vivir para siempre?
Hace mucho escribí algo sobre el tema en Infobae. Ahora vuelvo con la inquietud.
No es que vuelva caprichosamente sobre temas que ya debería haber sintetizado y haberme sacado de encima mediante conclusiones convincentes. Es que hay temas que merecen problematizarse quizás eternamente porque esas conclusiones pueden ser tan esquivas como cambiantes.
Y no está mal si uno advierte que el tema es relevante o significativo, como este.
¿Vivir para siempre?
Estaba en un asado con un grupo de nuevos amigos que valoro y aprecio. En cierto momento no sé por qué surgió algo que me hizo abrir la boca.
Y como es de esperar, la abrí con la elocuencia de quien quiere decir lo que quiere decir, sin rodeos, sin insinuaciones, sin sutilezas.
Con todas las letras.
Dije que era muy posible que en unos años se pudiera vivir para siempre.
Comenté que hacía tiempo se había publicado un libro llamado La muerte de la muerte y que se estaba avanzando mucho en esa dirección.
Y dejé en claro que si algún día morir fuera una elección, yo elegiría seguir viviendo.
Fue ahí cuando los comensales de alguna manera se inquietaron y según mi percepción en algún punto se enojaron.
¿Por qué?
Porque creo que ninguno quería vivir para siempre. Era para ellos un desatino, una posibilidad presumiblemente fantasiosa y una inconveniencia a todas luces.
¿Por qué?
Por ejemplo Darío decía que sería un embole, que si uno viviera eternamente dejaría todo para después.
Obviamente lo escuchaba con atención. Y por supuesto respetaba su postura convencida e innegociable, sin el menor interés en modificarla.
Solo balbuceé que en mi caso eso no me pasaría, porque podría transitar innumerables vidas, ser esto y lo otro. Vivir acá o allá, practicar quién sabe qué deporte que ni siquiera conozco.
Y seguir disfrutando la vida.
Todos escuchaban con atención junto a la parrilla en el patio de la casa y se percibían decididas reticencias.
Andrew por ejemplo presentó sus reparos con bastante convicción, al igual que Ezequiel, a quien la posibilidad de la eternidad pareció suscitarle un repentino enojo. Maxi, mientras tanto, parecía reflexionar en silencio ante las discrepancias.
Todos parecían concordar con la idea de que era un verdadero despropósito vivir para siempre. Y que era mejor morirse al fin y al cabo.
No pude estar más en desacuerdo y me quedó cierta incomprensión sobre el tema.
¿Morirse? ¿Para qué?, pensaba.
En mi caso prefería vivir, porque siempre me queda algo por hacer y ciertas realidades estimulantes para generar.
Además, otro reparo que se presentó entre los apreciados parroquianos era que no disfrutarían para nada de vivir con los achaques de la vejez.
Sobre eso sí intervine y dije que la idea no es vivir avejentado, con dolores y achaques. La intención es vivir como si fuéramos jóvenes toda la vida, con salud.
Y comenté que había empresas de multimillonarios que estaban logrando avances considerables para revertir el envejecimiento y generar la posibilidad de vivir eternamente.
Fueron lindos intercambios que precedieron a un memorable partido de truco, donde Sergio y Gustavo mostraron en mi opinión la destreza de jugadores destacados.
Era imposible dilucidar si estaban mintiendo o diciendo la verdad.
A las dos de la mañana emprendí el regreso a casa. Y a los pocos días Santiago mandó al grupo un video donde se mostraban los avances científicos sobre ese tema que había ocupado un pasaje de la agradable velada.
Fue ahí cuando puse:
—☝️ Muy bien Santiago, eso demuestra que debieran escucharme con mayor atención. 😁
Todos nos reímos, y presumiblemente todos quedamos pensando en el tema.
Lo cierto es que respuestas en general no tengo, apenas ciertas provocaciones para pensar que pueden ser más o menos efectivas.
Y convenientes.
Porque si uno advierte presuntas verdades puede decidir su destino.
¿Y si en verdad son nuestros hijos los que tienen la alternativa y nosotros no?
Puede ser. Difícil de precisar.
Tan difícil como precisar por qué alguien quisiera morirse si en ciertos casos incluso no cree en nada y está convencido de que morimos y no pasa nada.
Nada de nada.
Una verdadera desgracia, pienso. Aunque no lo sé.
Nunca lo sé.
¿Vivir para siempre?
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