domingo, 4 de octubre de 2026

Con todas las letras


La autenticidad de pura cepa implica el ejercicio de la palabra sin condicionante alguno y su elocuencia con todas las letras.

Sin rodeos y mucho menos medias tintas.

Siempre celebro cuando alguien, en vez de reprimirse y contenerse de algún modo, lo dice todo.

Como si en ese acto irreversible y decidido no tuviera nada que ocultar, mostrase todas las cartas y ascendiera así quizás a uno de los mayores peldaños que alguien pudiera alcanzar en el desarrollo personal.

La decisión de hacerse cargo de sí mismo.

Como diciendo, esto soy. Esto pienso. Entonces, esto digo.

Guste o no.

Buenas noches.

O buenas tardes.

Qué sé yo.

Claro que hay que problematizarlo todo y embarcarse en ciertas disquisiciones enroscadas para poner peros a las síntesis decididas y sacar verdades en claro para determinar si la cosa es así o asá.

O más o menos así, o más o menos asá.

Pero que los Quijotes se hagan cargo de su pensamiento y lo vomiten todo de manera incontinente por lo menos genera inquietud y hace pensar en la autenticidad, en el valor de la espontaneidad, en la voluntad de no transfigurarse y hacerse cargo de sí mismo.

Y en un mundo de tantas simulaciones y tantas máscaras, ver fielmente al ser humano sin el más mínimo maquillaje ni la intención de simularse, obviamente, va a hacer que se perciba como grotesco presenciar el desnudo.

Porque no estamos acostumbrados a ver de frente lo esencialmente humano.



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