domingo, 10 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
Uno Avanza

Hoy vengo hasta aquí para decir que uno avanza.
Para adelante, para el costado, hacia arriba…
Es claro, uno avanza irremediablemente. Se observa con claridad. Es fácil advertirlo.
Cómo negarlo. No?
Parece una obviedad, una simpleza. Algo que podríamos decretar irrefutable. Bien cierto.
Certero.
Aunque parezca una nimiedad. Es muy cierto. Podemos advertirlo con sencillez, con naturalidad.
Quizás por eso he venido a atestiguarlo.
A ponerlo de alguna manera en foco para observarlo. Detenerlo un instante frente a los ojos. Precisarlo tal vez con mayor pretensión.
Aunque parezca una pavada. Una insignificancia.
No hay que confundirse detrás de esa insinuación. Esos vestigios que pueden de alguna manera distraernos. Llevarnos a pensar que son cuestiones menores. Improcedentes.
Que la noticia pasa por otro lado.
No.
De ninguna manera. Hay una notable relevancia en esto que hoy vemos. Que de alguna forma nos constituye. Nos revela como sujetos que transitamos por la vida.
A pesar de que uno se enoje porque vislumbra que alguien fue para allá. Y por qué fue para allá. Si tenía que ir para el otro lado. Dar la vuelta en la esquina sólo unos pasos. Quedarse quieto al menos un momento.
Eternizado.
Pero no. Fue para allá. Sabiendo que no tenía que ir para allá. Fue.
Ahora nos lamentamos. Siempre tarde.
En cambio el otro hizo bien. Dobló donde tenía que doblar. Se frenó a tiempo. Ahora habrá que ver qué es lo que hace.
Seguro que va a decidir sin preguntar.
Así que ahí andamos. Transitando.
Mientras la vida nos pasa.
O, a veces, nos acontece.
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martes, 28 de junio de 2011
Emocionalidad Negativa

El malestar surgió de repente. Por algo será, diré ahora. Me quedaré pensando. Mascullando.
Fue claro. Llegó un momento. Un instante.
Donde de repente la emocionalidad se impuso.
Sin que haga nada.
De modo que la verdad es la realidad. Y la emocionalidad se impuso, le guste a quien le guste y le pese a quién le pese.
Maniatado, resistía.
Sabía, claro. No sólo suponía.
Sabía.
De dónde provenían las causas que fundamentaban el malestar.
Aunque es posible que no las visualizara con precisión, en detalle. Que no pudiera puntualizarlas en orden de jerarquía. Para determinar cuál de las distintas causalidades tenían mayor preponderancia en la gestación y posterior instalación de la emocionalidad.
De modo que resistí.
Repasé el pasado. El presente. El futuro.
Observando, resistí.
Bajo protesta, me sostuve. Sin sonrisas, con carencias, pero sobrellevando.
Construí explicaciones benevolentes para la salvación definitiva.
Di dos o tres vueltas en la almohada.
Y me dormí.
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domingo, 26 de junio de 2011
La Agresión

La agresión no vive en mí. Sólo que a veces viene a buscarme y se expresa.
No es agresión física. Claro que no.
Es discursiva.
Palabras que irrumpen de repente y que revoleo como cachetadas.
No van dirigidas a nadie en especial. A una persona con nombre y apellido.
Vienen, las tomo y las lanzo.
Sobre el rostro del otro.
Aunque en verdad no son palabras. Son ideas, que se expresan en palabras, oraciones y párrafos.
Que en determinado momento se cuelan en uno de mis escritos, hasta que pueden visualizarse. Porque revelan su elocuencia aunque uno siga leyendo otra cosa.
Si se observa con atención tarde o temprano puede advertirlo. Caso contrario pasa uno desprevenido sin haber advertido nada. Salvo una pequeña incomodidad que de repente molestó como esa piedrita que nunca se encontró en el zapato.
Me pregunto de dónde vendrán esos atisbos de violencia que de alguna manera trascienden.
No le voy a echar la culpa a los malos que se cruzan por la vida. Y sin querer los observo.
Pero sus comportamientos indebidos y dañinos deben tener que ver con mi afección. Son incidentes para provocar esas dos o tres palabras de guapo, que a veces aparecen. Vienen a buscarme.
Y yo las escribo.
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viernes, 17 de junio de 2011
La Mujer de al Lado

La mujer hablaba por demás y yo la escuchaba por de menos. Aunque no sé si se puede decir por de menos. Igual permítanme esta transgresión. Merecida trasgresión que describe la situación en la que me encontraba inmerso en forma involuntaria.
Porque la mujer se apresuró a sentarse a mi lado. En verdad se desparramó sobre la silla exhausta. Revoleando la cartera en la butaca de al lado. Como liberándose de un peso que en verdad la excedía.
Mientras yo miraba como un testigo obligado a participar en la circunstancia. Que sólo advertía la situación espontánea que la realidad presentaba.
Porque en verdad sólo había ido a un café filosófico. Para ver qué se habla en esas circunstancias. Si me despabilo un poco para procurar entendimiento.
Porque siempre estoy dispuesto a participar de espacios de avivamiento.
Pero ya saben cómo me recibió la realidad. Con esta mujer que se instaló y empezó a abrumarme.
Yo no quería escuchar pero escuchaba. Yo no quería hablar pero hablaba. Maldita educación que me tiene alienado frente al deseo que me invitaba a liberarme.
A escaparme de alguna manera de esa mujer decidida a apresarme. Que sabía cómo eran las cosas. Podía ponerle punto y coma a la realidad. Juzgar la calidad del espacio sin haberlo transitado. Imponer las verdades definitivas.
Irrevocables.
Todo ocurrió hasta que la charla por fin comenzó.
Luego…
El alivio de participar en un ámbito de intercambio.
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jueves, 16 de junio de 2011
Ensayo de la Mala Discusión

La cosa se está poniendo pesada. Pienso y me permito escribir.
Es que unos se enojan con el pensamiento del otro. Cuando piensa distinto.
Ahí empieza el tormento.
Una vocación entusiasta por endiablarlo primero y aniquilarlo después.
Las palabras van, vienen y vuelven en la misma dirección. Directo al que piensa distinto.
El blanco.
No importa lo que dice, que esté desapegado a un armamento que le sirva como escudo. Que no pueda defenderse ni un poquito ante la calamidad. El despropósito de quienes le pegan al que tiene anteojos. A quien no le permiten defenderse.
Feo. Inmoral.
Protesto.
Pero así empiezan los dichos y entre dichos, las tergiversaciones bien fundadas. Con la intención de persuadir que la persona es diabólica, está repleta de maleficios y constituye un serio riesgo para el bienestar de los argentinos.
Las trompadas verbales van y vienen hasta que dejan de golpear. Mientras la mayoría observamos en silencio. Como testigos enmudecidos de una realidad que se presenta.
No cambia mucho después de la escena. Porque el otro. El otro, para mí…
Sigue pensando distinto.
Y nosotros no somos tan ingenuos.
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