jueves, 17 de diciembre de 2009

La Demora


Me descubro haciendo uso de la demora, como una posibilidad que adopto casi sin darme cuenta.

Aparece uno de los tantos temas que no me gustan. O bien, me inquietan o tal vez no me despiertan mayor interés.

El tema es que esa acción, esa tarea, ese capricho de la impostura exige mi atención.

Muy bien. Lo veo, lo observo. Hago una suerte de aproximación. Y me voy.

Sabiendo que debo volver a encontrarlo, a afrontarlo y superarlo.

No me sale gratis irme y dejarlo.

Una suerte de energía perturbadora y silenciosa parecería operar desde la subjetividad gritando por su reclamo.

Exigiendo atención.

No importa que juegue al fútbol, que lea, camine, salte, de charlas o baile.

El reclamo persiste a pesar de la indiferencia.

A veces susurra, a veces grita. A veces está y por momentos parece que se va.

Por fin, un día decido liberarme del agobio.

- Qué pasa acá. Me digo, me pregunto, me interrogo.

Voy a su encuentro. Y digo…

Basta.

Basta ya.
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martes, 8 de diciembre de 2009

Discusión Corporal




El otro día cometí la osadía de estar a las siete en el gimnasio.

Sí, a las siete.

De repente estaba corriendo en la cinta feliz como un niño. Con programas periodísticos en el oído, moviendo una pierna para adelante y la otra para atrás, rítmicamente.

Un, dos…

El pecho en alto, la respiración prominente.

Tres, cuatro…

La osadía se reveló desde el primer momento. Mi cuerpo no entendía nada. Era claro, una queja persistente de fastidio me hablaba en silencio.

- Qué hacés acá. Qué te pasa, estás loquito.

Cinco, seis…

Seguí moviendo las piernas siempre con cierto malestar. Me hacía el tonto, como que no escuchaba. Pero el reclamo se manifestaba a cada paso.

Siete…

Recordé que no hay peor voz que la que se expresa desde el silencio. Entonces escuché lo único que tenía que escuchar.

- Qué hacés acá.

Miré para el otro lado.

- Che, qué hacés acá.

Nada, me dije. Estaba probando. Pasa que ayer me fui a correr 10 kilómetros y decidí avanzar para llegar a los quince. Ya sabés, arrancamos con cuatro, siete, diez, y siguiendo los consejos de Rodolfo llegaremos a los 20 sin problemas.

- Qué hacés acá. Tendría que estar durmiendo, o en su defecto escuchando la radio con el diario en la cama.

Nos vamos, dije para no ser menos y que quede claro quién manda. Terminamos esto ya, anuncié sin titubeos.

Sigiloso apagué la cinta a los 30 minutos. Y volví a la rutina como si no hubiera pasado nada.




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jueves, 3 de diciembre de 2009

La fallida técnica de los eternos duelos



No tengo nada de violencia.

Lamentablemente, creo.

Porque acentuar la emocionalidad, ascender hacia el enojo y liberar la ira debe ser una buena técnica de salud mental.

Desprenderse a veces de cierta rabia que pugna por manifestarse. Arrojarla en la cara de los demás y marcharse.

Chau.

Lamento en verdad no poder asumir los duelos. La pérdida se expresa, yo la miro. Nos alejamos y se va.

O me voy. O se va. O en verdad se queda. No sé.

Pero los duelos están ahí, latentes. Sin su certificado de defunción. Por la negación de la pérdida que asumo frente a un capricho de cierta imperfección de la naturaleza humana.

Va a llegar el día que voy a mirar los duelos de frente.

Les grite en la cara. Aunque no los golpee.

Los abrace…

Y los deje ir.




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viernes, 13 de noviembre de 2009

Ser Distinto



No se trata de andar con un bonete por la calle o subirse a una mesa para bailar desnudo.

Eso no es ser distinto, eso es ser tonto.

- Epa.

Ser distinto es hacerse cargo de la singularidad íntima que solo puede llegar a reconocer la propia persona.

Creo que la vida se divide en dos clases de personas. Los que hacen la vida que deben y los que hacen la vida que quieren.

Vamos a un ejemplo…

Si a alguien le gusta pintar o bailar ballet le dirán que no. Que no por ahí, que doble en la otra esquina, siga tres cuadras, cruce el puente y doble a la derecha.

La persona escuchará a uno, a otro. A otro más.

Tanto ruido perturbador atentará contra su propio camino.

-A dónde iba?

-A bailar ballet.

Ahh…

Alguien dirá que si sigue su camino, le irá bien, siempre le irá bien. Porque bailará en el Colón, será famoso y ganará mucho dinero.

Será famoso? Ganará mucho dinero?

Otra vez voces que procuran distorsionar la esencia.

- Qué quería?
- Bailar ballet, pintar cuadros…

Entonces?

Será exitoso si la vida lo encuentra bailando ballet o pintando un cuadro.



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No se trata de andar con un bonete por la calle o subirse a una mesa para bailar desnudo.

Eso no es ser distinto, eso es ser tonto.

- Epa.

Ser distinto es hacerse cargo de la singularidad íntima que solo puede llegar a reconocer la propia persona.

Creo que la vida se divide en dos clases de personas. Los que hacen la vida que deben y los que hacen la vida que quieren.

Vamos a un ejemplo…

Si a alguien le gusta pintar o bailar ballet le dirán que no. Que no por ahí, que doble en la otra esquina, siga tres cuadras, cruce el puente y doble a la derecha.

La persona escuchará a uno, a otro. A otro más.

Tanto ruido perturbador atentará contra su propio camino.

-A dónde iba?

-A bailar ballet.

Ahh…

Alguien dirá que si sigue su camino, le irá bien, siempre le irá bien. Porque bailará en el Colón, será famoso y ganará mucho dinero.

Será famoso? Ganará mucho dinero?

Otra vez voces que procuran distorsionar la esencia.

- Qué quería?

- Bailar ballet, pintar cuadros…

Entonces?

Será exitoso si la vida lo encuentra bailando ballet o pintando un cuadro.





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jueves, 5 de noviembre de 2009

Lo Diré...



Lo he dicho tantas veces…

Pero hoy lo diré con voz grave, infinita, eterna.

Subiré al escenario, sacaré pecho, los miraré de frente una vez más.

Tomaré un respiro en un interminable silencio. Resistiré un instante la atención sublime, la curiosidad perfecta de esa expectativa que saldaré con cada una de mis palabras.

Lo diré.

Convencido que es una instancia necesaria para resolver la insignificancia del ser.

Primero tienen que emerger las palabras, que construyan el concepto de posibilidad en el pensamiento para que se exprese finalmente en una nueva realidad.

Siempre fue así. Por eso no me he cansado de pensar que la realidad es siempre una manifestación de nuestras creencias.

Pero no quiero distraerme por otros caminos. El objetivo es claro, decirlo todo.

Y hoy lo diré.

En unos años, diez, cien, mil, diez mil…

Sucederá.

La posibilidad de no morir.

Sucederá.

Será una elección arbitraria que pondrá a cada ser humano frente a esta alternativa.

Uyy, alguien levanta la mano. Esperen…

- Juan, para qué querés vivir eternamente si a veces no sabés que hacer un domingo lluvioso.

Bien, le anotamos un punto al joven.

- Ya hablamos de que la escucha efectiva requiere no interrumpir. Sigamos…

Por aquellos años las generaciones se van a agarrar la cabeza.

- Qué?

Que se van a agarrar la cabeza cuando piensen como la gente de antes se moría sin mayor trámite. Se dejaban llevar por una corriente del tiempo que actuaba como una marea que terminaba arrasándolos de la vida.

- Se morían?
- Si, sí. Todos.
- Qué loco, no? Nadie hacía nada.

En aquellos años no podremos defendernos. Pero conversaciones de ese tipo tendrían algún fundamento.

No es cierto que no se hacía nada. Era claro que la expectativa de vida aumentaba cada año y se lograba extenderla. Había un avance. Unos añitos más, para resistir la muerte.

Lo que no se hacía era asumir el problema para poder generar las condiciones que permitan trascenderlo.

- Problema?

Otra mano levantada. No, no. Esta vez no…

La gente andaba en patineta, veía tv, tomaba mates, levantaba barriletes, iba al jardín, colegio….

De acá para allá. De allá para acá.

Eternas circunstancias cotidianas distractivas que evitaban afrontar la insignificancia del ser.

La muerte.

Nadie trabajaba en el traje indestructible para los automovilistas.

Nadie desarrolló la unidad de resurrección que recomponía en diez minutos al fallecido.

Nadie consideró cada una de las miles ideas que estaban latentes en la sociedad pero que no encontraban espacio para emerger y revelarse.
Nada de eso ni siquiera era posible, porque las palabras estaban tan distraídas como las circunstancias. Había congresos de biología, comunicación, sociología, matemáticas, filosofía…

Ninguno sobre la muerte.

Ni uno. Nada.

Y menos sobre la muerte con vocación de trascenderla.

Había que ir a pagar la luz, visitar a la tía y jugar a la pelota.

Con las palabras y energías enfocadas en otras circunstancias, la muerte avanzaba reduciendo los tiempos. Impidiendo así que las palabras permitan generar primero creencias de posibilidad para luego facilitar de una vez por todas trascenderla.

La única forma de construir posibilidad es generar condiciones para que emerjan las palabras que construyan creencias sobre la eternidad. Que operen con la misma convicción con la que hoy se sostiene la subjetividad del escepticismo.

Pero a juzgar por la cantidad de congresos que hay sobre innumerables materias, la sociedad parecería no tener tiempo para éso.

Necesitamos hablar primero, creer después y finalmente manifestar la nueva realidad.

Yo siempre quiero poder elegir.

Dicho está.
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