martes, 24 de marzo de 2026

El conventillo



De alguna manera cada tanto me encuentro siendo testigo de una suerte de conventillo que se autogenera a partir de los parroquianos de turno. Puede emerger desde cuestiones insignificantes hasta hechos realmente significativos.

Muchas veces solo observo. Y si me intereso en el asunto, azuzo. Me gusta encender la mecha o aventar la brasa para que se genere fuego o trasunte en la explosión.

Lo inesperado es quizás una búsqueda para saber que de alguna manera estamos vivos. Que no todo es previsible. 

Que mañana no será igual que ayer.

Por eso ante la inminencia del conventillo me mantengo atento y expectante. O bien fogoneo para que se produzca de una buena vez y con brutal elocuencia.

Me ha pasado, debo reconocer, que algunos parroquianos merodean algún tema espinoso y lo hacen con un sutil cuidado. Propio de quien no quiere entrometerse en problemas ni azuzar a las fieras.

Cuando advierto esa delicadeza y la presunción de no pisar ninguna mina para que explote, tomo el toro por las astas y arrincono al susodicho. Para que en vez de resguardarse detrás de lo que insinúa y no dice, se manifieste con todas las letras.

Es como que lo insto a pasar al frente y decir a viva voz lo que presumiblemente decía pero no podía determinarse con claridad. Abriendo la posibilidad de que lo que se entendió era algo sugerido que no fue claramente explicitado.

Así que si alguien quiere decir algo, no celebro los rodeos ni me acomodo al decir no dicho, lo insto a que hable con voz grave y salga del modo precautorio, que se sintetiza en quien no quiere pagar el precio de hacerse cargo de lo que quiere decir.

Así que cuando advierto una insinuación de alguien que dice lo que sugiere decir, pero no lo dice como si fuera una persona madura, responsable, que es capaz de hacerse cargo de sus palabras, ahí yo le digo que diga lo que quiere decir.

Porque no celebro los rodeos ni me acomodo al decir no dicho. Lo insto a que hable y se haga cargo.

Y si no se anima, mejor entonces que se quede callado.

Porque si vamos a vivir que sea con elocuencia. Con determinación y protagonismo.

Es preferible un buen conventillo que residir en falsos buenos modales.



Si te gustó este escrito, compartilo con tus amigos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Podés dejar tu comentario como usuario de Blogger, con tu nombre o en forma anónima. Seleccioná abajo.