La realidad que no vemos
Nada es tal vez más interesante que la posibilidad de hacer emerger en la vida la realidad que no vemos. Una facultad que tenemos todos y que cada uno puede desplegar.
Sobre esta cuestión es menester tomar una posición estratégica. Porque uno puede aferrarse a lo dado y embaucarse con el cuento de que las cosas son así.
Qué le vamos a hacer.
O aventurarse a hacerse cargo del asunto, expandirse y lanzarse a edificar la realidad que no vemos pero que decidimos construir.
Y veremos.
Entre las dos posiciones están los matices y la disposición de cada uno a inclinarse hacia los extremos.
No se puede hacer nada. Se puede hacer todo.
Considerar esta cuestión y estar alertas a nosotros mismos pareciera una decisión conveniente, porque puede llevarnos a elegir quedarnos con los brazos cruzados o arremeter hacia adelante atravesando las circunstancias que fueran.
Hay premio.
También hay problemas y dolores de cabeza.
Nada es fácil en la Viña del Señor.
Y la pretención de lograr cosas sin esfuerzo, trabajo ni dolores de cabeza, solo existe en la fallida y fracasada filosofía de los vagos.
Que esencialmente confirma a la corta o a la larga que por ese camino no se pudo.
Obviamente si las cosas salen bien hay resultados. Si no, hay aprendizaje en caso de que cualquier susodicho se disponga a reflexionar sobre la aventura que emprendió y no llegó a final feliz.
Y en el medio obviamente también hay vida, porque el trayecto que implica construir la realidad que no vemos impone transitar innumerables circunstancias que de otra manera no existirían.
Uno se construye en cada una de sus vivencias y en general se enaltece al transitar desafíos.
De lo contrario puede quedarse recluido en lo que es en vez de hacerse cargo de lo que puede ser.
Obviamente tiene que prepararse, medir sus fuerzas, desarrollar habilidades, aptitudes y destrezas.
La idea pasiva de que el universo se encargara del asunto y la realidad que no vemos vendrá a nosotros a tocarnos la puerta, puede fallar.
Y falla.
No es por ahí.
Más bien uno tiene que abrir la puerta y salir a buscarla. No es por ahí.
Hacerse cargo.
En síntesis, si queremos sacarle más provecho a la vida, sería conveniente reflexionar sobre esta cuestión. No caer tan fácilmente en los cuentos de la comodidad que persuaden a la inacción y poner manos a la obra para construir la realidad que no vemos.
Abracadabra.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Podés dejar tu comentario como usuario de Blogger, con tu nombre o en forma anónima. Seleccioná abajo.