¿Para qué quieren tanto dinero?
No voy a hacer una apología del pobrísimo porque representa esencialmente por elección la debilidad y el fracaso en algún sentido.
De quien lo elige.
Voy a inmiscuirme en los acaudalados mal entendidos, los que quieren siempre más hasta el último día de su vida, buscando acumular papelitos o pertenencias.
Las que fueran.
No entiendo bien esa lógica y no me interesa en lo más mínimo. Debe ser porque veo a gente de sesenta, setenta o más años entrampadas en lógicas que los apresan.
Y nada es más valioso que la libertad.
Escaparse de lo indeseado y lo que obliga, para dejarse llevar por los vientos del auténtico deseo.
Neruda.
Cuando observo a esos susodichos embrollados en circunstancias y problemáticas que les imponen sus propias ambiciones inacabables me pregunto qué quieren, o qué pretenden, o a dónde quieren llegar?
O a quién le quieren ganar?
Son todas preguntas que están en el trasfondo de esa mirada, que observa a esos seres empeñados en conseguir cosas, negocios, dinero.
Más dinero.
Siempre más.
Dinero.
¿No sabrán que se van a morir? ¿Estarán escapando de la muerte? ¿Tienen la virtud del inconformismo o la maldición del inconformismo insondable?
¿Estarán embolados de su propia realidad?
¿Tienen miedo?
¿Qué carajo les pasa a los que se embarullan con el tema de tener más y más dinero de manera enfermiza? ¿No tienen límites?
¿Tendrán el pene pequeño?
No tengo las respuestas y no sé si tengo muchas más preguntas.
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