jueves, 10 de agosto de 2023

La viveza



Pocas cosas me enojan más que la picardia que tiene como propósito lograr objetivos insanos en perjuicio de los demás.


Cuanto más flojo de valores está una persona, más propensa está a obrar bajo los dictámenes de la viveza, que en definitiva reporta beneficios personales en perjuicio de los demás.


Ejemplos sobran, cada uno verá.


Pero si tengo que ponerme en modo viejo cascarrabias arrancaría con todo gusto por el tema perros y seguiría sin chistar a toda velocidad con el tema parlantes bullangueros.


Para proseguir con temas delicados como el exceso de velocidad de los descerebrados que obran de manera propicia para dañar y matar.


Entre otras cuestiones.


Obviemos los detalles sobre pisar caca de perro en veredas o los ruidos que impone el tarambana de turno impidiendo que conversemos, leamos, escuchemos con auriculares lo que queramos o simplemente disfrutemos el silencio.


El problema en el trasfondo es siempre el mismo, la educación.


Y más precisamente la desconsideración del prójimo bajo un supuesto lema que indica, yo hago lo que se me antoja.


Y todo me chupa un huevo.


No importa que al otro lo perjudique, le fume en la cara, lo aturda, lo atropelle asesinamente…


Hago lo que se me antoja porque así de tonto soy. 


No registro al otro, no me importa el otro.


Me cago en el otro.


Lo que importa es hacer lo que se me antoja a cualquier precio.


Total yo recibo el beneficio y el otro paga el costo.


El otro que se arregle.


Lo trampeo, lo engaño, lo estafo, lo jodo.


Jaa, qué vivo que soy.


Típica filosofía de los que se creen vivos y no advierten que son idiotas.


Ojalá que este escrito sirva para avisarles.





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viernes, 28 de julio de 2023

A ver si nos entendemos…

A ver si nos entendemos. A ver…


Acá Juancito hay que saber jugar las cartas, entendés. Podés pavear, consumirte en el trabajo, hacer equilibrio entre los mundos o hacer lo que se te antoja, pero no te olvides Juancito que hay que saber jugar las cartas.


Y todos estamos en el mismo juego.


No te distraigas Juancito, no te distraigas. Yo sé por qué te lo digo.


¿Sabés por qué te lo digo?, Juancito.


Simple y al pie, Juancito. Yo te digo y sé por qué te lo digo, así clarito, sencillo, sin volteretas. Te lo digo con elocuencia, Juancito, sin camuflajes y quizás con crueldad, pero es por tu bien Juancito, uno tiene que hacerse fuerte y ser capaz de mirar la verdad de frente.


Es así, Juancito. No la complejicemos.


La vida es un suspiro, es un abrir y cerrar de ojos. Cuando menos lo esperás te fuiste por el fuore.


¿Qué fuore?


Siamo fuore.


No sé Juancito, te fuiste. Pum, ya está, terminó. Así nomás te lo digo Juancito a ver si te avivás, a ver si te despertás.


Despabílate de una vez.


Por el Fuore, sanseacabó, hermanito. 


Finish.


Game over, listo. Punto. Terminó.


Fin.


Por eso te digo, a ver si nos entendemos. A ver...


Y ojo Juancito que no niego la fe pero te hablo de lo terrenal. Ese es otro capítulo y acá me quedo, no me voy a entrometer en esos delicados vericuetos. Solo decir que el hombre de fe asume una posición inteligente, en el sentido de que en la instancia crucial tiene de qué agarrarse gracias al optimismo. Además tener fe es una bendición porque reconforta el espíritu.


Pero no iba por ahí, Juancito. Solo quería ir al grano, decirte la posta sin enredos.


No es que me la sepa todas, Juancito, pero la verdad aunque nos hagamos los distraídos se ve con elocuencia.


Solo la mentira requiere la patraña del escondite, la verdad siempre está ahí.


Frente a nuestros ojos.


Por eso te digo Juancito, acá hay un tiempo para prepararte para vivir y otro para prepararse para morir. Se entremezclan, claro, pero hay que avanzar en las dos perspectivas viviendo. No vaya a ser que te pierdas la vida en pos del entendimiento.


No es por ahí Juancito.


Un poco avivarse está bien y es muy necesario, pero excederse es mal negocio, porque la vida se atrapa viviendo, no explicándola. 


Un poquito o algo más, digo Juancito. De la abstracción te hablo, esa elucidación que te permite clarificar, proyectar y ver más allá de lo evidente para resolver vericuetos de la existencia. elegir la evolución del ser y construir la vida.


Ahí nomás, Juancito. No caigas en la trampa.


Andá a jugar a la pelota de una buena vez.


La profundidad está en la existencia no en la abstracción. Vivir es atrapar la existencia y eso se hace en la experiencia, no en la elucubración. 


A ver si me explico, uno nace de repente, crece de inmediato, deja de ser niño, adolescente y amaga para ser adulto.


De repente le nacen los bigotes y perfila para ser un señor.


Luego se te viene encima la vejez, la enfermedad y la muerte, Juancito.


Disculpame que te lo diga sin medias tintas, pero es así. Si todo va bien, porque también cuajquier cosa se puede precipitar.


La suerte esencial de la existencia está hechada para todos, qué le vas a hacer, Juancito. Podés salir a correr para lucharla un poco como los cuarentones, pero las piernas años más años menos empiezan a ceder. 


Te miento si querés pero mejor es mirar la verdad de frente.


Hacete hombre, Juancito.


Acá te digo, y no la hago mas larga Juancito, acá se trata de vivir y llegar a ser para contribuir a dignificar la existencia.


No importa la notoriedad y mucho menos la fama, importa ser y desplegarse. De eso se trata Juancito.


No estanos para respirar, estamos para ser y darlo todo. Para jugarnos por quienes somos.


Y te digo algo más Juancito, hay que vivir mucho para atrapar la vida, porque como te digo Juancito, como te digo porque que no vengo a aguarte la fiesta. 


Vengo a hablarte como un hombre. Hacete macho de una vez querido.


La vejez, la enfermedad y la muerte siempre están al acecho y en cuajquier momento nos pueden venir a buscar. 


Hagamos nuestra parte Juancito para favorecer la posibilidad de mantenernos a salvo, y demorar la decadencia pero acá Juancito la cosa se trata de vivir antes de que se termine el tiempo.


Por eso Juancito viví cada día. Cada minuto.


Y cada segundo.





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miércoles, 19 de julio de 2023

Darlo todo


Hoy traigo para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero un mensaje sano y positivo que incita cursos de acción convenientes para la persona y para los demás.


A veces me inquieto por cierta disposición a una suerte de prédica, y me alerto antes de iniciarla para quedarme recluido en la filosofía de la inspiración que posibilita la escritura y no dar un paso de más iniciándome como pastor.


Aunque el riesgo siempre está al acecho.


Pero predicar no es lo mío.


Y por ese motivo estoy atento, como soltando con sigilo las riendas de un caballo que quiere salir disparado y solo debo permitirle trotar.


Trotar por el buen sendero, que es desde la perspectiva asumida, el que habilita la reflexión ajena sin señalar indicaciones.


Con lo cual el despabilamiento definitivo o cualquier atisbo del mismo, si lo hubiera, es pura responsabilidad del lector.


🤔


Algo así digo, como para confesar algo genuino, auténtico, cruelmente verdadero.


Darlo todo es una posibilidad cercana que no toda la gente asume.


Y si bien acá nadie va a decir lo que hay que hacer, solo vamos a problematizar el asunto para incentivar la propia decisión y que cada persona resuelva su ser y su destino.


En las antípodas de darlo todo está el ser pijotero, esas personas que eligen ser mezquinas hasta lo miserable, y creen obtener beneficio cuanto menos dan, y si fuera posible, no dando absolutamente nada.


Convencidos erróneamente de que el dinero tiene más valor de lo que el dinero puede comprar.


Esto en el plano material, que claramente no es el más importante pero sin dudas es muy relevante.


Y bastante importante.


No tanto cómo esta cuestión observada en el plano humano, por decirle de algún modo.


Que es más importante.


Mucho más importante.


Se trata de las personas que en vez de darlo todo van a medias, eligiendo consciente o inconscientemente la mediocridad y brindando culto de ella en su accionar cotidiano.


Pasa muy a menudo y se lo percibe con bastante facilidad.


De esa filosofía son los empleados quejosos que en vez de asumir un desempeño destacable dándolo todo, obran con dejadez o toda la ineficiencia posible, creyendo que en esa actitud nefasta hacen un buen negocio estafando a quien les pega el sueldo y a los clientes que sufren su accionar.


Ese tipo de perdedores por elección están por todas partes, sobre todo en la Argentina, porque el contexto normativo favorece esos comportamientos en vez de erradicarlos de raíz como sucede en los países desarrollados.


Pero no me interesaba adentrarme en ese ejemplo.


Otro mucho peor es el de las personas que quedaron embaucadas en esas lógicas que son la antítesis de darlo todo y terminan sobrellevando vidas pequeñas e intrascendentes.


Totalmente olvidables.


Eligen ir a menos en vez de ir a más, y con esa filosofía denigran sus posibilidades y mezquinan su contribución al mundo.


Yo siempre aliento y admiro a los que van a más, y no en el sentido material, que no es de ninguna manera el más importante.


Si no en el sentido del ser.


Quienes van siempre a más, son los que están comprometidos a darlo todo, y se despliegan en las más disímiles de las circunstancias dignificando la vida.


Representando las virtudes del ser humano.


No importa en qué rol se desempeñen porque todas las funciones son un relevantes. Y lo que cuenta es que con esa actitud se destacan, dignifican el ser y honran la existencia.


En síntesis, hacen que el mundo sea mejor.





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jueves, 6 de julio de 2023

La vida que se termina…

Puede ser que uno se deje tentar por cierto bajón que lo invita al pesimismo. Y puede ser también que esa línea lejos de ser negativa habilite la reflexión inteligente para sacarle más provecho al tiempo y la vida.

Todo puede ser en la viña del señor.

Entonces, si la vida se termina nadie sabe cuándo, debido a que fracasan los intentos razonables y plausibles de derrotar la muerte y el envejecimiento, ¿qué hacemos?

La pregunta ilumina tal vez cursos de acción que cada uno deberá desentrañar para encausar su vida.

Decir por ejemplo, es para allá, sería una intromisión abusiva e inconveniente, porque para alguien puede ser para allá y para otra persona puede ser para el otro lado.

A pesar de que quizás el público masivo puede sentir la tentación de exigir una respuesta precisa y certera que indique sin mayores trámites para dónde carajo es.

Pero nadie esencialmente lo sabe, esa es la verdad última de la milanesa.

Que no lo sabe ni siquiera el que cree que lo sabe.

A uno le pueden hacer sentir que es para tal lado y uno puede creérselo por la fuerza de la convicción o persuasión del parlanchín de turno, que puede señalar con el mejor de los espíritus y voluntades.

Pero detrás de esa convicción no hay una certeza infalible que valide la indicación.

Hay en el mejor de los casos una buena intención de alguien auténticamente honesto que está convencido de cuál es el camino.

Así que por más entidad que tenga el susodicho, la responsabilidad última y cierta de saber para dónde es recae en cada una de las personas y es propia de la singularidad que la constituye.

Digo que cada uno debe darse cuenta y decidir.

Puede escuchar a todos, fijarse para dónde va uno u otro, preguntar sobre la fundamentación que guía los cursos de vida ajenos, etc.

Pero para dónde hay que ir, solo puede descubrirlo interiormente cada uno, en su motivación intima y en la validación o desacreditación de las decisiones y acciones que tome, estando atento a las respuestas que la realidad en su accionar le ofrece.

Diciendo de alguna manera, siga por ahí que va bien, o fíjese que por ahí no es.

Doble a la izquierda o a la derecha.

No insista, por ahí no.

¿No ve que no?

En fin, en lo personal creo que hay que ir para el lado del despliegue del ser, participando de las circunstancias que le permitan desenvolverse o creándolas si no las encuentra.

Y pienso también que ese despliegue debe ser siempre guiado por la voluntad de contribución, para dignificar nuestra existencia y hacer que valga la pena haber vivido.

Para mí es por ahí.

Para vos, ¿por dónde es?






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viernes, 30 de junio de 2023

Parlanchineando…


Hace tiempo que no me siento suelto en un fluir desinhibido y abusivamente auténtico, que lleve a un despliegue tan sistemático como impúdico quizás de la escritura.

Tal vez exagere, pero ese fluir desbordado de las palabras que saltan a borbotones y salen disparadas para cualquier lado a decir vaya a saber qué cosas.

A eso me refiero.

A cierto ejercicio despreocupado, natural y espontáneo del acto de decir sin condicionamiento alguno, impulsado de manera frenética por cualquier tipo de espontaneidad que quiera emerger y manifestarse.

¿Qué decir?

Algo de eso por un lado, ¿y por el otro?

No sé, por ejemplo lo del sistema de representación de los burócratas.

Digo, de nuestros flamantes representantes.

No quiero entrometerme en las vicisitudes políticas porque temo bajar a las profundidades de la bajeza, pero si existen las elecciones Paso como instancia donde la ciudadanía elige a sus representantes por qué carajo hay partidos que la burlan de ella con listas únicas elegidas en roscas burdas o a voluntad de los dedos que cortan el bacalao.

Si cada partido tuviera lista única, ¿para qué carajo un país empobrecido desbordado de necesidades gasta negligentemente fortunas en las Paso? ¿Para burlar la facultad de la ciudadanía de elegir a sus representantes? ¿O para ejercer una suerte de despropósito impúdico de gasto que parecería malversación de fondos?

No dije nada.

Se me escapó.

O sí lo dije, ¿quizás quería decir eso? No sé, tal vez, puede ser. Quien sabe.

Quizás la perorata era para darles en verdad un coscorrón a los supuestos vivillos que se burlan de las instituciones o las transfiguran al ritmo de sus caprichos.

Aunque a veces la verdad la negligencia de sus actos es tan elocuente que hasta puede sospecharse que ni saben lo que hacen o quedan embaucados por el propio trajín de la realidad que los devora.

Antes de que la sociedad se los coma crudos.

Uno la verdad que a veces no sabe para qué escribe, aunque sospecha que pateando en hormiguero o zampando sopapos simbólicos colabora para encauzar benevolentemente a la realidad.

O por lo menos no convalida mansamente la voluntad de los peores alumnos del colegio que muchas veces se salen con la suya contribuyendo a acentuar la decadencia en la que estamos metidos y que muy bien saben fomentar.

En el fondo quizás está operando la indignación de sentir que a los ciudadanos nos tratan como pelotudos.

Solo queda preguntarnos si el pueblo hará tronar el escarmiento.





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sábado, 24 de junio de 2023

La decisión correcta


La vida consiste en parte en la capacidad de darse cuenta de tomar las decisiones correctas.

A mayores aciertos, mejores resultados.

Paremos acá.

El tema sería preguntarnos, ¿qué es acertar?

Bueno, en síntesis sería lograr más bienestar, más felicidad.

El objetivo macro.

Lo más importante de todo.

Entonces, si la decisión nos arrima a ese puerto, es acertada. Si nos aleja o desvía es errada.

Así de fácil, clarito. Clarito.

Sin necesidad de voleteras o complejidades que exceden la verdad que procuramos.

¿La acción correcta se advierte entonces después?

Puede ser, en varias casos. En otros es tan evidente antes que ni siquiera es necesario preguntarse.

Sabemos que es para allá, y es para allá. 

Sin dudas.

El problema se da en las disyuntivas existenciales que nos ponen de alguna manera frente a la niebla que obstruye ver el después de la decisión.

Por eso no es tan sencillo.

Uno puede pensar que es para allá, pero no lo sabe. No puede llegar a ver. 

Puede suponer, proyectar, creer que es por ahí, pero el resultado definitivo, la realidad que finalmente se expresa, no la puede asegurar antes.

Entonces debe decidir, con niebla, con viento. Con escasa visión.

Que le vas a hacer.

El riesgo siempre está y la niebla no siempre se disipa rápido. A veces hay que atravesarla.

Tal vez con cuidado, con atención. No a lo loco.

Pero hay que atravesarla, porque de lo contrario la alternativa es quedarse preguntado si es por acá o es por allá.

Quejándose de que no se ve un carajo.

Para permanecer siempre en el mismo lugar.





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