martes, 12 de enero de 2010

Absuelto


Muchas veces me hablo a mí mismo en este papel que calla. Me digo lo que debería escuchar, me cuestiono, me provoco…

Me pregunto por qué para acá. Por qué para allá. Y encima ahora, justo ahora, pensar en dar vueltas en círculo.

A veces frunzo el seño y me miro fijo. Me apunto con el dedo y me reto.

El comportamiento no es tan malo como para propinarme una buena paliza. Pero de vez en cuando un retito se vuelve merecido y justiciero. Es encauzador de la conducta.

Así que me autoflagelo. Con una suerte diría de pellizcones menores que se hacen notar molestos. No más que eso.

Pero sí, me desdoblo en dos. Uno que acusa y otro que resiste la acusación.

En el medio el enjuiciamiento. Una instancia de negociación que resuelve siempre el mismo veredicto.

Absuelto.

Necesito escucharlo de nuevo.

Absuelto Juan Manuel.

Bien. Siento la tentación de salir corriendo e insinúo un círculo a modo de festejo.

Pero me voy caminando mientras pienso quién dice que hay que andar derechito.
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lunes, 11 de enero de 2010

Hoja en Blanco


A veces no tengo ganas de escribir nada. Pero vengo, abro la computadora y empiezo a escribir palabras. Espero que la hoja en blanco segundos más tarde me mire y me diga algo.

Y en verdad se porta bien porque termina hablándome. Aunque con frecuencia me mira fijo, resiste la provocación y no dice nada.

Pero yo, paciente, espero. Sé que tarde o temprano, segundos más o segundos menos me hablará.

El acuerdo es muy sencillo. No le exijo que me diga nada en particular. Ni siquiera pretendo que me hable de un tema específico.

Nada de nada.

Sólo que hable, entregue una palabra o relate a voluntad.

Yo espero como niño que pretende un cuento. Con la diferencia que no tiro de la pollera a mi madre ni me lanzo a llorar desenfrenado, por predecir la ineficacia de la treta.

No tengo claro el propósito del anhelado dicho que muchas veces resiste. Sólo la certeza de la ansiada palabra. Condición suficiente para predisponerme a la escucha y mantener la saludable expectativa.

Así que espero a que me diga algo. Es una actitud que sostengo unos breves minutos.

Hasta el punto final.
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sábado, 9 de enero de 2010

Tardes de Nubarrones y Sol


Yo no sé cómo está el tiempo, pero son nubarrones o sol.

Increíblemente todo el cielo está despejado. La vida no puede ser más linda. Y las circunstancias más perfectas.

El sol, el aire…

Un respiro profundo y una sonrisa eterna.

La vida juega a mi favor. Los planetas apuntan. Las flores no pueden ser más perfectas. El futuro es una bendición.

Cómo puede ser que de golpe aquella nubecita. Aquella chiquitita que está allá lejos, empieza a agigantarse despacito pero sin pausa.

Viene en busca de un destino que parece previsible y caprichoso.

Me miro, y parece que me mira. Pero doy vuelta la cabeza como diciendo que acá no pasa nada. Que no estoy, que me fui.

Se agranda, se agranda…

Camino, troto, corro...

Maldigo el chaparrón.
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viernes, 8 de enero de 2010

La Escritura


La escritura no te salva.

Uno piensa que lo salva, que lo libera. Que por fin basta con ponerse a escribir para liberar esa tención que perturbaba y que volará por los aires párrafo tras párrafo.

Así que le da la mano a las palabras y empieza a ordenarlas. Sabe que tiempo después se escindirá de las perturbaciones para alcanzar una nueva instancia.

Pero no, no te salva.

Apenas si toma las tensiones que inquietan y las exhibe como un desahogo del alma. Para descubrir luego que la realidad permanece imperturbable. Te mira y te dice.

- Qué te pensás chiquito.

Y vos escribís como si no hubieras escuchado nada.
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jueves, 7 de enero de 2010

El Silencio


Es raro que hace un buen tiempo procure experimentar el silencio. Es como que no espero mucho de las palabras, así que cruzo los brazos y aguardo con la expectativa de que de repente el significado venga a buscarme.

Que me diga de una vez lo que tiene para decirme.

Sé que anda por ahí algo inquieto y debería pronunciarse. Pero a pesar de que facilito la disposición al silencio y la atención expectante, sigue sin pasar nada.

Ni una palabra.

Así que saco pecho y aguardo. Me ofrezco estoico ante la verdad que por fin vendría a buscarme. Para puntualizar lo que aún no ha sido anunciado.

Con paciencia espero la palabra, que en verdad es una síntesis esquiva que debería entregarme la respuesta. Única razón por la cual se justifica la espera y el ser se entrega al silencio.

Debo decir que no aparece mucho y uno se siente defraudado. Pero permanece con el oído atento a un decir que no se expresa. Que inquieta desde una extraña ausencia que parece querer manifestarse.

Abro aún más los oídos…

Nada.

El silencio en realidad cobra forma en ruidos de palabras y conceptos. Imágenes que vienen a buscarte. Voces que llegan, aparecen, se van…

Vuelven a venir, se vuelven a ir.

Con los labios cerrados el silencio se presenta y te habla. Sabe que estás ahí y vos sabés que él también está ahí.

Entonces lo escuchás sin que se exprese. Y bien sabés lo que tiene para decirte.
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domingo, 3 de enero de 2010

Nervios


Lo que me preocupa no es que vengan a buscarme. Lo que me preocupa es que logren atraparme.

Muchas veces las situaciones objetivas son de tranquilidad. El mundo está en paz y las circunstancias transcurren sin alteraciones.

Pero una suerte de energía movilizadora e intensa comienza a presentarse. Ingresa sin permiso con cierta timidez hasta que por fin logra tomarme.

Parece que se asienta con cierta placidez a pesar de ser descubierta.

Procuro enfrentarla con la decisión de la simplificación. No me predispongo al combate, pero en silencio se sostiene la disputa.

Me resigno al pensar que siempre pelea quien quiere pelear.

Alzo los puños entonces. A más pensamientos perturbadores, replico con simplificación. Las piñas vienen más que van y el truco que parece tan interesante se reconoce inefectivo.

- Pum. Ahí tiene, por distraído.

Los nervios se ven descubiertos, sus pensamientos han sido denunciados. Se ríen entonces, como diciéndome que no les de tanta jerarquía. Que merecían protagonismo pero no era como para hacer una confesión.

Me miran, me cachetean una vez más…

Y se van.
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