viernes, 20 de febrero de 2026

¿Cómo vivir correctamente?


Si alguien sabe, responda por favor.

Pero lo cierto es que a preguntas pretenciosas, respuestas diversas. Por eso lo máximo que podemos aspirar es a inquietarnos un poco y dilucidar pistas más o menos efectivas.

La verdad con las dos manos no la vamos a agarrar.

¿Cómo vivir correctamente?

Lo primero y más trillado que se me ocurre es algo que creo esencial y que no falla.

¿Qué?

Ser quien uno en verdad es.

Y hago una salvedad. Ser quien es en verdad, lo cual implica una aclaración necesaria. Porque supone que uno puede ser en verdad quien no es.

Veamos.

A veces ni uno sabe quién es. Y para descubrirlo requiere observarse con atención y responderse con sinceridad.

¿Está contento acá o allá? ¿Siente que se debe quedar en este entorno o que no ve la hora de huir? ¿Tiende a hacer eso porque el deseo le indica que es por ahí o es llevado de las narices por el ego?

Porque si uno es en verdad quien es, puede estar tranquilo.

Vive la vida correcta.

Pero si ejerce de quien en verdad no es, entonces es víctima de su propia pantomima.

Se desdobla por voluntad propia.

Y se extravía en sí mismo.

Por eso vivir correctamente debe tener que ver primero y principal con esta cuestión.

Luego, o mejor dicho a la vez, con alinearse con el deseo auténtico.

No es fácil, pero sí es posible.

Se requiere sinceridad, claridad, valentía y coraje.

La expectativa ajena puede indicar que es para un lado, pero el deseo indica que es para el otro. 

Es la disputa entre acomodarse a la comodidad o pagar los precios de la incertidumbre y la incomodidad.

La controversia interna está siempre latente y la decisión es personal. La persona resuelve si va a ser a medias o será con todas las letras.

A veces gana el coraje, otras la cobardía.

El deseo habla siempre desde el silencio, como si susurrara. Pero en verdad no balbucea, grita.

El verdadero desafío es escucharlo y hacerse cargo de él.

No quiero imponer ni determinar por supuesto nada. Pero estas supuestas directrices definen un camino correcto y delimitan muy bien un sendero que puede hacernos dignos de nuestra propia existencia.

Y sí, es por ahí.


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