¿Sirve rezongar?
Explorémoslo…
Depende, siempre depende.
¿De qué?
De la resultante cierta del rezongo.
Veamos…
Si uno rezonga por rezongar, de puro rezongón que es, ese rezongo es improductivo y también ineficaz.
Solo sirve para darse manija y para intoxicarse, indignarse a voluntad y experimentar el mal humor.
Mal negocio.
Porque ese autoflagelo no conduce a nada bueno. Es como si uno decidiese darse latigazos en la espalda.
Duele, y no sirve para nada.
Esto por un lado, veamos qué encontramos por otro lado.
Sería la posibilidad de un rezongo con aspiración a la inteligencia, que toma el rezongo como un trampolín para la acción que incide en la realidad con la intención de transformarla.
No se trata de darse manija a voluntad y calentarse con razón.
Se trata de enojarse lo suficiente como para decir, bueno, esto la verdad me jode y me perjudica.
¿Tengo razón?
Ahí exploro la situación que fuera, y si me doy cuenta que tengo razón, entonces tengo razón.
Me caliento un poco y luego dejo que el rezongo alce las armas y proceda de la mejor manera posible para ajustar el mundo desajustado que fuera.
Y poner en orden la injusticia o la zoncera que fuera.
Si algo está mal, está mal.
Si algo es injusto, es injusto.
No le pidan a un viejo rezongón con sentido práctico y voluntad resolutiva que mire para otro lado o se aliste al bando de los acomodaticios.
Si el rezongo es razonable, el hombre debe actuar.
No puede permitirse dejar el mundo como está.
Y debe poner las manos a la obra.
Porque no puede permitir que la injusticia o la zoncera se salgan con la suya.
De mínima, el rezongo productivo debe servir para ofrecer batalla.
Aunque a veces el triunfo no esté asegurado.




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