¿Todo se puede defender?
Hay gente que defiende hasta lo que no se puede defender.
O, en apariencias, no se puede defender, porque en los hechos hasta lo que no se puede defender hay quienes lo defienden a capa y espada. Están sumidos en una suerte de alineación inquebrantable y persisten en la posición de lo evidentemente indefendible, defendiéndolo de igual modo.
¿Por qué lo hacen?
Quién sabe los vericuetos profundos de las profundidades de esas psiquis que presumiblemente tengan la explicación precisa de la incapacidad para asumir la verdad y aferrarse a la negación como recurso irrenunciable.
Una explicación más simple y sencillita está en que defienden la identidad. Prefieren caer muertos antes de aceptar que estuvieron equivocados en todo o en parte y que el mundo idílico que en apariencias defendían era tan propio de la imaginación como tan lejano de la realidad.
Aceptar la elocuencia no es fácil para quien da la vida por su identidad. Sería como dejar de ser, más allá de asumir que se estaba equivocado.
Por eso no hay realidad elocuente que pueda con el capricho y la terquedad.
Hay gente que sostiene la mentira hasta el último minuto de su vida.
Prefiere vivir en la fantasía del propio engaño que vérselas con la realidad.
Pero esa posición negadora debe ser sufrida y trabajosa porque está lidiando a diario con la verdad que la contradice de manera persistente y le exige asumir el autoengaño.
Con lo cual, quien defiende lo indefendible no solo se aferra a su identidad, sino que debe dedicarse a mentirse cada día.
Y creerse cada una de sus mentiras.
Con esa lógica es siempre preso de sí mismo, y nunca vive en libertad.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Podés dejar tu comentario como usuario de Blogger, con tu nombre o en forma anónima. Seleccioná abajo.