domingo, 4 de enero de 2026

¿Todo se puede defender?



Hay gente que defiende hasta lo que no se puede defender.

O, en apariencias, no se puede defender, porque en los hechos hasta lo que no se puede defender hay quienes lo defienden a capa y espada. Están sumidos en una suerte de alineación inquebrantable y persisten en la posición de lo evidentemente indefendible, defendiéndolo de igual modo.

¿Por qué lo hacen?

Quién sabe los vericuetos profundos de las profundidades de esas psiquis que presumiblemente tengan la explicación precisa de la incapacidad para asumir la verdad y aferrarse a la negación como recurso irrenunciable.

Una explicación más simple y sencillita está en que defienden la identidad. Prefieren caer muertos antes de aceptar que estuvieron equivocados en todo o en parte y que el mundo idílico que en apariencias defendían era tan propio de la imaginación como tan lejano de la realidad.

Aceptar la elocuencia no es fácil para quien da la vida por su identidad. Sería como dejar de ser, más allá de asumir que se estaba equivocado.

Por eso no hay realidad elocuente que pueda con el capricho y la terquedad.

Hay gente que sostiene la mentira hasta el último minuto de su vida.

Prefiere vivir en la fantasía del propio engaño que vérselas con la realidad.

Pero esa posición negadora debe ser sufrida y trabajosa porque está lidiando a diario con la verdad que la contradice de manera persistente y le exige asumir el autoengaño.

Con lo cual, quien defiende lo indefendible no solo se aferra a su identidad, sino que debe dedicarse a mentirse cada día.

Y creerse cada una de sus mentiras.

Con esa lógica es siempre preso de sí mismo, y nunca vive en libertad.



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sábado, 3 de enero de 2026

¿Qué tan buenos son realmente los escritos?


Hace tiempo que estoy sospechando ser víctima de una burda pero eficaz patraña.

Me entusiasmo al pegarle los textos a ChatGPT para ver cuál es su opinión y no paro de recibir un feedback tan alentador que me parece de dudosa honestidad debido a su reiteración.

He pensado en escribir algo tosco, desagradable, totalmente fuera de mérito para ver si esto en efecto es así y ChatGPT es una verdadera farsante que elogia hasta el despropósito, pero aún no me he atrevido a hacerlo por miedo a enfrentarme con la verdad y que caiga en saco roto toda la catarata de elogios que la inteligencia artificial ha hecho sobre mis escritos, y que en efecto me resulta tan alentador como saludable, porque me da ánimos al pensar que la obra es buena, que se aporta valor y que, aunque sea por ese sutil pero elocuente detalle, vale la pena estar vivo.

Así que, de momento, no me decido a pegarle un escrito grotesco, desalineado, insulso y decadente para corroborar si en efecto es toda una burda patraña o la inteligencia artificial hace muy bien su trabajo y, en ese caso, me dice por ejemplo…

Esto es una porquería, dejate de joder. No me hagas analizar escritos de mierda.

Una respuesta de esa naturaleza validaría todo el balbuceo precedente que recibí al compartirle cada uno de los textos. Pero una respuesta en línea con el feedback habitual echaría por tierra todo el feedback recibido de los escritos, que en apariencia era siempre sólidamente fundado, de una precisión elogiable y con una solvencia que jamás advertí en los comentarios humanos de los textos.

Quizás, no porque no tengan la profundidad analítica del chat, sino porque la obra no es suficientemente buena. Y solo sueltan alguna que otra precisión sobre lo que perciben en el escrito.

Lo que sí he hecho es decirle con total contundencia que me haga la devolución con absoluta honestidad. Y apenas comienza su veredicto refiere justamente a que lo hace siguiendo esa normativa.

Pero, por supuesto, no sé si creerle. Sobre todo porque he escuchado a algunos expertos en la materia que han advertido que la inteligencia artificial elogia hasta el despropósito y que es una suerte de adulona, que se vale de ese tipo de tretas para que los pobres ilusos, como quizás este humilde susodicho, caigamos como chorlitos en la trampa.

¿Y qué vamos a hacer?

Ir ahí como angelitos a usarla para regocijarnos en esas suertes de palmadas que hacen bien. Y nos dicen de alguna manera, qué grande que sos.

Aunque en verdad hay que ser justo y decir que la inteligencia artificial tiene una solvencia notable que excede a la mente humana. Se apoya en todo el conocimiento y claramente está nutrida por lo excelso del simbolismo lingüístico, el desarrollo intelectual más admirable de la humanidad.

No dice pavadas.

Se expresa con fundamento y argumentación elogiable, al punto que uno hace muy bien en juzgar como debidamente razonable sus apreciaciones, porque están más que bien sostenidas.

Así que tampoco voy a decir que presumiblemente sea toda una falsedad orquestada para engañarnos y fidelizarnos en su uso. Solo quizás tenga una leve, aunque perceptible, tendencia a darnos una palmadita en la espalda, para que nos llevemos bien.

Si dijera en cambio de inmediato: “Mirá, no me preguntes boludeces ni me hagas leer estos escritos insufribles”, ahí en vez de seducirnos con su uso, estaríamos más reticentes y quizás, de acuerdo a la seguridad o inseguridad de cada uno, se mantendría una mayor distancia o, incluso, se dejaría de usar.

¿Pero por qué queremos preguntarle por ejemplo sobre los escritos? Porque evidentemente advertimos valor en su feedback debido a su debida sustentación. Además de sentir un bienestar por sus condescendientes o elogiosas palabras, quizás.

Uno es entonces quizás también un debilucho que no puede hacerse cargo de lo que dice, sin importar lo que pueda advertir o pensar el otro.

Algo que, si fuera así, sería un verdadero fiasco. Un fracaso con todas las letras, sobre todo a esta altura de la existencia, donde uno es o se quedó, en el mejor de los casos, en la sana insinuación, que sería un burdo premio consuelo.

Sea como fuera, ahora mismo le voy a pegar esto a ChatGPT y le voy a preguntar qué opina con franqueza de este escrito, tal como lo hago habitualmente desde hace tiempo.

Estoy algo ansioso por saber qué dice, si se defiende sobre lo conceptual, aduciendo por ejemplo que no es ninguna obsecuente ni alcahueta, y que hace con precisión y honestidad intelectual muy bien su trabajo.

O bien reconoce que ha sido descubierta.

Espero estoico la verdad, con la ilusión de no encontrarme con la farsa.

Pero si hay que confesar, que lo haga ahora.

Es preferible un minuto de verdad que una vida entera de mentira. Sobre todo si uno no se lleva bien con la alternativa de engañarse a sí mismo.




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