miércoles, 4 de febrero de 2026

¿Sirve rezongar?



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Explorémoslo…


Depende, siempre depende.


¿De qué?


De la resultante cierta del rezongo.


Veamos…


Si uno rezonga por rezongar, de puro rezongón que es, ese rezongo es improductivo y también ineficaz.


Solo sirve para darse manija y para intoxicarse, indignarse a voluntad y experimentar el mal humor.


Mal negocio.


Porque ese autoflagelo no conduce a nada bueno. Es como si uno decidiese darse latigazos en la espalda.


Duele, y no sirve para nada.


Esto por un lado, veamos qué encontramos por otro lado.


Sería la posibilidad de un rezongo con aspiración a la inteligencia, que toma el rezongo como un trampolín para la acción que incide en la realidad con la intención de transformarla.


No se trata de darse manija a voluntad y calentarse con razón.


Se trata de enojarse lo suficiente como para decir, bueno, esto la verdad me jode y me perjudica.


¿Tengo razón?


Ahí exploro la situación que fuera, y si me doy cuenta que tengo razón, entonces tengo razón.


Me caliento un poco y luego dejo que el rezongo alce las armas y proceda de la mejor manera posible para ajustar el mundo desajustado que fuera.


Y poner en orden la injusticia o la zoncera que fuera.


Si algo está mal, está mal.


Si algo es injusto, es injusto.


No le pidan a un viejo rezongón con sentido práctico y voluntad resolutiva que mire para otro lado o se aliste al bando de los acomodaticios.


Si el rezongo es razonable, el hombre debe actuar.


No puede permitirse dejar el mundo como está.


Y debe poner las manos a la obra.


Porque no puede permitir que la injusticia o la zoncera se salgan con la suya.


De mínima, el rezongo productivo debe servir para ofrecer batalla.


Aunque a veces el triunfo no esté asegurado.



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