domingo, 1 de marzo de 2026

¿Y si nos dedicamos a vivir?



No sé ustedes, pero en cada uno de nosotros presumiblemente estemos todos nosotros.

Mirá vos.

Es que en lo esencial somos todos iguales. Nazcamos donde nazcamos. Vivamos donde vivamos.

Todos nacemos, vivimos y morimos.

Es ahí, justo en ese intersticio donde se abre la extraordinaria arbitrariedad que nos permite resolver con decisiones y acción la vida que vivimos.

Es también ahí, justo en ese intersticio, donde resolvemos si queremos pasarla muy bien, más o menos bien, mal.

O muy mal.

Y es justo ahí donde parecería conveniente estar alertas y atentos.

Estamos para ser felices, me dijo un amigo cierta vez, despreocupado por generar ingresos y abocado al espíritu dionisíaco con predisposición descocada.

Hay que pagar el alquiler, le recordé.

Pero no importaba, su vida estaba clavada en la fiesta y en los tragos que lo esperaban en el boliche a la noche. Donde entusiastamente correteaba a las doncellas.

Con habilidad inusitada.

Luego con el paso del tiempo, como ocurre con los hippies viejos, el capitalismo los maltrata hasta encausarlos y descubren que plata de algún modo van a tener que generar.

Porque no pueden pasarla tan bien sin pasarla tan mal.

Hay que trabajar.

¿En qué estábamos?

Ah sí, en inquietudes que parecen trascendentales para definir nuestras vidas.

Es bueno detenerse en ellas porque cada día nos define por nuestras propias decisiones y cada día es una posibilidad que tomamos o dejamos pasar.

En el otro extremo del hipismo está el que nunca se conforma con nada. Quien no llega nunca a la instancia que le dice que es suficiente.

Que ya está bien.

Que siga, pero más tranquilo.

Un día de mala sangre es un día perdido.

Y muchos días de mala sangre son muchos días perdidos.

Hay gente que ha vivido tan penosamente por mentalidad y convicción propia, que no solo ha perdido días.

Ha perdido meses y años.

Y hasta gran parte de sus vidas.

Por eso hay que saber administrar las presiones y los problemas que nos generamos para lograr los objetivos que fueran.

Lograr lo que fuera hay que lograr, por supuesto. Pero los problemas y la consecuente mala sangre parecería conveniente que los mantengamos a raya.

Primero hoy y siempre vivamos.

Porque la vida de repente se termina.

Y si para algo estamos es para vivir.

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